El elefante en la sala se llama Rubén Rocha Moya y, salvo un giro de último momento, no estará este domingo en el Congreso Nacional de Morena. Su presencia alteraría el sentido mismo del encuentro, desplazaría cualquier otra discusión y colocaría al partido frente a una definición incómoda sobre un caso que ya rebasó la política local y se instaló en la relación con Estados Unidos.

En Morena lo saben. La sola imagen de respaldo colectivo a un gobernador bajo señalamientos de autoridades estadounidenses tendría costos para la marca del partido y para el gobierno federal. También abriría una fractura interna difícil de contener. No todos están dispuestos a salir en su defensa y menos un grupo de gobernadores donde algunos enfrentan sus propios riesgos, desde cuestionamientos hasta restricciones migratorias tras haber perdido su visa. La decisión habría sido de la propia presidenta Claudia Sheinbaum.

Con ese telón de fondo, Morena llega a su Congreso Nacional este domingo en uno de sus peores momentos: con una crisis reputacional y de confianza en varios estados del país, además de una reorganización interna complicada, la cual ha generado más fricciones de las que se quieren reconocer públicamente. Se trata del primer ajuste de fondo del partido en el primer cuarto del gobierno de Claudia Sheinbaum y la antesala de las definiciones rumbo a 2027. Lo que ahí se resuelva marcará la distribución del poder interno y la forma en que el movimiento enfrentará un entorno más adverso.

La cita reunirá a cerca de 300 consejeros nacionales, además de gobernadores, legisladores y miembros del gabinete. El arranque será con un desayuno privado entre mandatarios estatales y la dirigencia. En ese espacio se procesarán las discusiones más acaloradas y las crisis. El caso Rocha Moya estará presente aunque no se mencione de forma abierta. Se sabrá entonces quién lo respalda, quién guarda silencio y quién toma distancia.

Después vendrá la instalación formal del Congreso y la renovación de la dirigencia. Todo apunta a que Ariadna Montiel será electa presidenta nacional sin competencia real. Su perfil es conocido: operadora territorial, cercana a Sheinbaum y a López Obrador y con experiencia en la administración de programas sociales. Su llegada busca ordenar al partido y fortalecer el vínculo con el gobierno. Representa el ala institucional, la que privilegia control y disciplina, pero también lo ideológico del movimiento.

Sin embargo, el poder real dentro de Morena no se concentrará únicamente en esa presidencia. Andrés Manuel López Beltrán será ratificado como secretario de Organización, el cargo con mayor peso operativo. Desde ahí se controla la estructura territorial, la movilización y buena parte de la operación electoral. Su primera prueba será Durango, en junio, un escenario complejo donde se medirá, otra vez, su capacidad para operar elecciones.

Aunque el movimiento más relevante ocurre en un plano menos visible. Citlalli Hernández fue nombrada presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, quien será ratificada en un cargo que antes no existía. El Congreso tendrá que ajustar los estatutos para formalizar un esquema donde ella articule la estrategia electoral rumbo a 2027. En términos prácticos, será la figura con mayor capacidad de decisión sobre quién compite y quién no, por encima incluso de la presidencia formal y de la operación territorial.

Ese ajuste confirma que Morena transita hacia una estructura más centralizada en la toma de decisiones. Un triángulo de poder que combina dirigencia formal, operación en territorio y control estratégico de candidaturas, todos alineados con el proyecto presidencial. Por lo menos así se planeó.

El caso Rocha Moya introduce un elemento inédito. Es un conflicto que involucra a autoridades estadounidenses y que puede escalar hacia escenarios legales y diplomáticos complejos. Morena no había enfrentado una situación en la que uno de sus gobernadores en funciones quedara bajo ese nivel de escrutinio externo.

El Congreso del domingo buscará proyectar unidad y control. Habrá mensajes de cohesión, de respaldo al proyecto de gobierno y de organización rumbo a 2027. Pero el fondo es otro: la crisis en la que está inmerso el gobierno federal y, por ende, Morena.

El Congreso de este domingo será una fotografía de ese momento de crisis.

Posdata 1

Hablando de Morena, la salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional ha desatado una serie de versiones dentro y fuera del movimiento. En los últimos días circularon interpretaciones que van desde diferencias con los aliados del Partido Verde y el PT, hasta supuestos conflictos personales o actitudes que habrían complicado la conducción interna del partido. Se deslizó también la idea de que su relación con el diputado y vocero Arturo Ávila influyó en decisiones operativas.

La información que surge desde el entorno más cercano a la toma de decisiones del movimiento apunta a que lo que se configuró fue un movimiento previsto con antelación, que parte de una lógica de desgaste natural en una fuerza política que gobierna y que enfrenta, al mismo tiempo, procesos electorales complejos. Encabezar Morena en esta etapa implica costos políticos acumulados que, en Palacio Nacional, ya se tenían identificados.

Bajo esa lectura, la salida de Alcalde responde más a un ajuste estratégico. La presidenta Claudia Sheinbaum habría optado por preservarla dentro de su círculo cercano, donde sigue siendo vista como un activo político con proyección en el corto plazo.

En el caso de Arturo Ávila, su participación ha estado más vinculada a la construcción de narrativa y posicionamiento que a la operación política del partido. Tanto él como Alcalde se ubican entre los perfiles con mayor alcance en redes y medio. Su reto será mantenerlo y, en todo caso, capitalizarlo.

Posdata 2

Tal cual lo adelanté en este espacio hace dos semanas, en la Secretaría de Economía se concretó un ajuste relevante en el equipo de Marcelo Ebrard. La salida de Vidal Llerenas de la Subsecretaría de Industria y Comercio se da en medio de presiones internas por acelerar resultados, y abre paso a la llegada de Ximena Escobar, quien hasta ahora encabezaba la Unidad de Inversiones.

Llerenas fue uno de los perfiles técnicos más visibles en la política industrial de la dependencia, pero hacia dentro se acumulaban cuestionamientos sobre la velocidad de ejecución y la interlocución con el sector privado. Escobar, en cambio, llega con un perfil más orientado a destrabar proyectos y aterrizar inversiones, una prioridad que hoy domina la agenda económica del gobierno.

El relevo ocurre en una coyuntura en la que la economía mexicana arrastra un arranque débil en 2026, con señales claras de desaceleración y un entorno internacional adverso. A esto se suma la presión por capitalizar el nearshoring y avanzar en la revisión del T-MEC, dos frentes donde el margen de error es cada vez más reducido.

En ese contexto, dentro de Economía se reconoce que el ajuste responde a la necesidad de fortalecer la ejecución y mejorar la relación con inversionistas. Vidal Llerenas sustituirá a Santiago Nieto al frente del IMPI, quien buscará la candidatura de Morena a la gubernatura de Querétaro.

Posdata 3

El dato oportuno del PIB al primer trimestre de 2026 confirmó lo que ya se venía anticipando en distintos indicadores adelantados. La economía mexicana se contrajo 0.8% trimestral, una caída que además sorprendió por su amplitud y por el deterioro simultáneo en todos los sectores productivos.

El campo, la industria y los servicios registraron retrocesos, algo que no ocurría desde finales de 2024. Las actividades primarias cayeron 1.4%, las secundarias 1.1% y las terciarias 0.6%, reflejando un enfriamiento extendido de la actividad económica. El dato más preocupante es que el sector industrial tuvo su peor arranque de año desde 2009, mientras que los servicios —motor del crecimiento reciente— también mostraron debilidad.

Detrás de estas cifras hay un factor central, que es la pérdida de dinamismo interno. La economía está operando por debajo de su potencial, con una inversión privada frenada por la incertidumbre comercial y una inversión pública que no logra compensar ese rezago.

El arranque de 2026, que hace apenas semanas se perfilaba positivo con datos mensuales al alza, terminó por confirmar un cambio de tendencia. El reto para el gobierno será revertir este debilitamiento sin margen fiscal amplio y en medio de presiones externas, particularmente por la revisión del T-MEC y el entorno global. Por ahora, el dato del PIB deja claro que la economía mexicana entró al año con el freno puesto.

@MarioMal

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