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“Divulgar ciencia en redes sociales también es resistir”

Morra Científica inspira a mujeres con su estilo ágil y profesional de compartir información en internet, donde se enfrenta al desprestigio y la violencia

Foto: Especial
15/02/2026 |01:36
Israel Rivera
Editor de Tech Bit y Generación UniversitariaVer perfil

Divulgar a través de internet conlleva el desafío de explicar conceptos difíciles de manera sencilla. Sin embargo, para muchas también implica resistir comentarios que minimizan su trabajo, cuestionan su preparación o se enfocan en su apariencia antes que en sus ideas. Sara Gallegos Buenrostro, física, divulgadora e influencer, conocida en redes sociales como Morra Científica, lo sabe muy bien.





En las plataformas ha aprendido que hablar de ciencia siendo una mujer joven todavía incomoda, no sólo al público general, sino también a ciertos sectores académicos que siguen viendo la divulgación como algo menor. En este contexto, su proyecto no sólo comunica conocimiento de forma ágil, profesional y divertida: también pone sobre la mesa una discusión urgente sobre género, poder y legitimidad dentro de la ciencia.

Cuestionamientos

Sara distingue dos tipos de críticas: las que vienen de los usuarios y las que surgen desde el ámbito académico. En redes sociales, aunque reconoce que no recibe demasiados comentarios de odio, sí enfrenta señalamientos constantes que no tienen que ver con el contenido que produce.

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“El hecho de aparecer en un video siendo mujer sí afecta mucho, porque las personas se toman la libertad de comentar sobre tu apariencia o sobre cómo te ves”, explica. A diferencia de sus colegas hombres, ella y otras divulgadoras reciben opiniones de su cabello, ropa o su físico. “Nosotras simplemente estamos aquí para compartir el conocimiento y no estamos dando apertura a estas cosas”.

A esto se suman los comentarios conspiranoicos o terraplanistas que son parte del ruido cotidiano en plataformas como TikTok o Instagram. Aunque dice que estos mensajes no se los toma de forma personal, sí le preocupa el fenómeno social que reflejan.

El cuestionamiento a su legitimidad también aparece con frecuencia: “¿ella qué estudió?, ¿ella qué sabe?, ella no es científica”. Sara subraya que la mayoría de quienes divulgan ciencia sí tienen formación académica o están en ese camino, pero aun así deben justificar constantemente su lugar.

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Críticas vienen desde la academia

La crítica más dura, admite, viene muchas veces desde dentro de la propia comunidad científica. Para algunos sectores, divulgar es visto como algo superficial o como una salida para quienes “no lograron” hacer ciencia.

“Ven a la divulgación como algo muy fácil, como algo que no requiere tantas habilidades”, dice. Para ella, esta idea ignora todo el trabajo que implica comunicar bien: preparación, teoría, conocimiento profundo del tema y la capacidad de conectar con públicos que no necesariamente tienen una formación científica.

Ese desprestigio se hizo evidente cuando decidió estudiar la maestría en Estudios Científicos en Aarhus University, en Dinamarca, un programa en inglés con enfoque multidisciplinario y en comunicación de la ciencia.

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“Me mandó un mensaje una persona de la universidad preguntándome cómo había desperdiciado mi oportunidad de estudiar una maestría y enfocarme en comunicar la ciencia”, recuerda.

También ha escuchado la idea de que quien divulga es porque “no la armó” en la investigación académica. Sara rechaza esa narrativa: no se trata de un plan B, sino de una elección consciente. “No nos pueden ver como personas que elegimos dedicarnos a esto y vemos la importancia, el valor y el trabajo de la divulgación”.

El género y lo social

Para Sara, parte del problema es creer que la ciencia está separada de lo social. "Desde el momento en que somos estudiantes y estamos en un aula recibiendo información, eso ya es un acto social”, afirma, pues la investigación científica implica trabajar en grupo, convivir, debatir y compartir espacios atravesados por sesgos, emociones y desigualdades.

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La ausencia histórica de mujeres en la ciencia no sólo ha afectado carreras individuales, también ha tenido consecuencias en el conocimiento mismo.

Sara recuerda casos en los que investigaciones se hicieron únicamente en hombres, como ocurrió durante años con estudios sobre autismo, o padecimientos cuya investigación se ignoró por presentarse sólo en mujeres, como sucedió con la endometriosis.

“Imagínate cuántas mujeres hicieron su vida sin ser diagnosticadas”, señala. Para ella, la presencia de mujeres en la ciencia aporta perspectivas distintas, más preguntas y nuevas formas de mirar los problemas.

Foto: Especial

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Además, destaca que los grupos de investigación liderados por mujeres suelen dar mayor importancia a la dimensión humana y emocional del trabajo científico, lo que impacta directamente en la calidad de la investigación.

¿Juventudes lejos de la ciencia?

Para Sara, la violencia simbólica y el desprestigio hacia la divulgación no están desconectados de un problema más amplio: el alejamiento de niñas, niños y jóvenes de las ciencias. Desde su experiencia, el problema se origina en la falta de información y en los prejuicios que se construyen alrededor del conocimiento científico. “La desinformación y los sesgos producen muchos miedos”, explica.

Desde edades tempranas, dice, se instala la idea de que las ciencias son sólo para personas “superbrillantes”. A eso se suma una enseñanza rígida y poco atractiva. “Las matemáticas son una cosa tan bonita, tan increíble, pero las enseñan de una forma bien cuadrada, muy tediosa y aburrida”.

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Ese enfoque genera rechazo antes incluso de que exista una verdadera oportunidad de explorar en el conocimiento científico.

Para Sara, divulgar ciencia desde las redes sociales abre una puerta distinta: hablar el mismo lenguaje, usar referencias culturales, humor y cercanía.

No se trata de simplificar en exceso, sino de quitar el miedo y devolverle a la ciencia su dimensión lúdica y humana.

Apoyo familiar

Aunque en su familia no hubo científicos de formación, el apoyo fue fundamental. Su papá, economista y el primero en obtener una licenciatura en su familia, y su mamá, administradora de empresas, nunca le cerraron la puerta a la curiosidad. “Siempre estuvieron muy abiertos a que yo explorara muchas cosas”, recuerda.

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Desde niña, los cursos de verano científicos marcaron su camino. “Desde el primer día que salí de ese curso de verano yo les decía que iba a ser científica”, cuenta.

Más adelante, cuando llegó el momento de elegir carrera, ese respaldo se volvió todavía más importante frente a las dudas externas y propias.

Incluso cuando su mamá le preguntó con honestidad qué hacía una física, Sara decidió explicarlo con una presentación. Investigó campos laborales, planes de estudio y posibilidades. No para convencerlos, sino para compartirles su decisión.

“Yo sabía que contaba con su apoyo, pero también quería que supieran qué iba a hacer”.

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A ese acompañamiento se sumaron amistades y profesores que le reiteraron algo clave: que sí podía. Ese respaldo colectivo fue, como ella misma menciona, un logro en conjunto.

Hoy, desde Morra Científica, Sara Gallegos sigue divulgando ciencia aun cuando sabe que no siempre será cómodo. Persistir implica enfrentar violencias, deslegitimaciones y resistencias, pero también abrir caminos para quienes vienen detrás.

Para ella, divulgar no es un acto menor ni una renuncia a la investigación académica, sino una forma distinta de hacer y vivir la ciencia.

En un contexto donde muchas juventudes se alejan del conocimiento por temor, prejuicios o falta de orientación vocacional, su trabajo apuesta por lo contrario. Sara quiere acercar y demostrar que la ciencia también puede ser un espacio habitable.

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