Camila, Ernesto y Javier, forman parte de los 50 niños y niñas que buscan activamente a sus en Sinaloa. Además de participar en marchas anuales para exigir la localización con vida de sus familiares, también lo hacen para visibilizar los casos de desapariciones de infancias y adolescencias en y hasta aprenden a identificar restos óseos humanos de los de animales.

“Ellos son los que cuestionan, los que preguntan, los que piden, los que suplican que regresen familiares. Da tristeza porque su niñez se vio cortada, les quitaron sus sueños de que su padre, su hermano, su tío estén al lado de ellos. Tienen que madurar más rápido de lo que les corresponde, muchas veces dejan el juego por irse a la búsqueda”, relata María Isabel Cruz.

La madre buscadora y fundadora de la asociación Sabuesos Guerreras en Culiacán explica que las hijas e hijos de personas desaparecidas prefieren realizar una protesta en la fiscalía del estado en vez de celebrar el Día del Niño, pues pueden mostrar las fichas de búsqueda y enfrentar a las autoridades ante la inacción de encontrar a sus seres queridos.

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“Estamos acostumbradas a hacerles un pequeño convivio, pero como han vivido esa parte de la desaparición de sus familiares, empezaron a decirnos: ‘Nosotros queremos ir y gritar como ustedes lo hacen a la fiscalía’. Y decidimos hacer esas mini marchas, empezamos yo creo que con unos 25 niños, a veces son 30, a veces son 50”, cuenta la buscadora.

Desde hace siete años, las infancias de entre 3 a 12 años comenzaron a movilizarse y a participar en búsquedas en campo, siempre con la visión de volver a ver a sus padres y madres. Con el paso del tiempo, muchos se volvieron adolescentes activistas y defensores de derechos humanos, pues cuestionan la violencia de Sinaloa y la crisis de 132 mil personas desaparecidas a nivel nacional.

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“Cuando recién empezamos había niños muy chiquitos y ahorita ya son adolescentes que buscaron a sus papás, hermanos que no han aparecido y cuestionan fuerte a la fiscalía, a los servidores públicos les dicen: ‘cuando tenía 5 años vine aquí y usted no hizo nada ya tengo 13 y usted me lo prometió’. También hay algunos que llevan fichas de otros niños que están desaparecidos.

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“Cuando van a las búsquedas lo ven con toda la seriedad del mundo, saben que esto no es un juego. Saben que andan buscando personas y si ellos encuentran, nos ha tocado que les ponemos huesitos de animales y ellos analizan que ese no podría ser, ¿no? Y empezamos a enseñarles cómo pueden distinguir que sí es y que no es, aprenden a identificar restos óseos”, agrega.

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A la fecha, ni la Secretaría de Gobernación, ni la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) o el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) cuentan con datos de cuántas infancias buscan a sus tutores desaparecidos.

Ante el vacío de información, la red Tejiendo Redes Infancia en América Latina y El Caribe estima un escenario de 165 mil hijas e hijos “potencialmente vinculados” a los 103 mil registros de personas entre 15 y 49 años desaparecidas en el país. Sin embargo, el cálculo no ofrece un desglose por edad y se desconoce si son adolescentes o adultos, por ejemplo.

Culiacán, Sinaloa.- El colectivo Sabuesos Guerreras encendió más de cinco mil veladoras en la explanada de Palacio de Gobierno como acto de protesta silenciosa ante la crisis de desapariciones forzadas. Foto: José Betanzos Zárate / CUARTOSCURO
Culiacán, Sinaloa.- El colectivo Sabuesos Guerreras encendió más de cinco mil veladoras en la explanada de Palacio de Gobierno como acto de protesta silenciosa ante la crisis de desapariciones forzadas. Foto: José Betanzos Zárate / CUARTOSCURO

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“La cifra importa porque la invisibilidad tiene consecuencias. Sin edad, vínculo, persona cuidadora, situación escolar, desplazamiento, riesgos, reconocimiento como víctima indirecta y apoyos recibidos, las instituciones no pueden saber a quién atender, presupuestar servicios ni evaluar resultados”, señaló.

El informe temático “Hijas e hijos de personas desaparecidas en México” publicado el jueves pasado, menciona que la estimación de 165 mil casos se generó con ayuda de la Encuesta Nacional de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (ENAID), que estableció en 2023 una tasa de 1.60 hijos en promedio por cada mujer.

Con corte al 27 de agosto de este año, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) refiere que hay 82 mil 758 hombres y 20 mil 249 mujeres desaparecidas de entre 15 a 49 años, sin embargo, la edad registrada no informa cuánto tiempo ha transcurrido ni la edad actual de posibles hijas e hijos.

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“Una desaparición ocurrida hace quince años puede involucrar descendencia hoy adulta; otra reciente puede alterar el cuidado de niñas y niños pequeños. Dos personas desaparecidas pueden pertenecer a una misma familia. El escenario mezcla generaciones y momentos porque los archivos públicos no permiten separarlos”, dice Tejiendo Redes Infancia.

A esta problemática se suma que madres, abuelas, hermanas, parejas e hijas suelen absorber la búsqueda, la crianza, el ingreso y la gestión institucional. Para niñas y adolescentes puede significar trabajo doméstico intensificado, interrupciones escolares o responsabilidades adultas anticipadas; para niños y adolescentes varones, mandatos de silencio, autosuficiencia o sustitución del proveedor.

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El informe también advierte que el Estado Mexicano expresa la decisión de proteger de forma general a familias buscadoras, pero no identifica a hijas e hijos como población diferenciada ni desarrolla garantías adaptadas a la edad. Por su parte, el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM) lamentó que las infancias se han visto obligadas a asumir roles de búsqueda.

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“Existen dentro de algunos colectivos infancias buscadoras; niñas, niños y adolescentes cuyas edades oscilan entre los 8 y 17 años de edad, que se han sumado a los diversos colectivos en el país para buscar a sus madres, padres, tíos y/o hermanos, incluso hay infancias que buscan a más de dos familiares desaparecidos”, documentó.

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En el “Diagnóstico sobre seguridad para colectivos de familias de personas desaparecidas en México”, explicó que dejan atrás la infancia para asumir responsabilidades que no les corresponden, enfrentando riesgos y traumas significativos.

“Estas niñas y niños están expuestos a peligros similares a los de las personas adultas buscadoras, incluyendo amenazas, violencia y represalias por parte de personas no identificadas, grupos criminales y/o autoridades. La carga emocional de buscar a un ser querido desaparecido puede ser devastadora, afectando su desarrollo y bienestar mental, rara vez estos niños y adolescentes reciben el apoyo necesario por parte del Estado”, expresó.

Culiacán, Sinaloa.- El colectivo Sabuesos Guerreras encendió más de cinco mil veladoras en la explanada de Palacio de Gobierno como acto de protesta silenciosa ante la crisis de desapariciones forzadas. Foto: José Betanzos Zárate / CUARTOSCURO
Culiacán, Sinaloa.- El colectivo Sabuesos Guerreras encendió más de cinco mil veladoras en la explanada de Palacio de Gobierno como acto de protesta silenciosa ante la crisis de desapariciones forzadas. Foto: José Betanzos Zárate / CUARTOSCURO

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Mientras que el informe especial “Hijas e hijos de personas desaparecidas” de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Nuevo León (CEDH) subrayó que la niñez que sufre violencia extrema, como la desaparición de un familiar, está en riesgo de desarrollar trastornos de estrés postraumático.

Así como afectaciones en su desarrollo socioemocional y en su proyecto de vida, por lo que requiere atención psicológica continua para manejar emociones complejas. Además, pueden experimentar temores de que algo les ocurra a ellos o al resto de su familia, así como pérdida de confianza general en las autoridades y en su propio entorno. Y cuando sus vidas se ven alteradas —al desplazarse, cambiar de escuela o asumir nuevas responsabilidades en casa—, su derecho al desarrollo integral se ve comprometido.

La buscadora María Isabel Cruz refiere que la niñez que participa en las actividades del colectivo está “muy despierta” y lamentablemente varios de ellos presenciaron cuando integrantes del crimen organizado se llevaron a sus papás. Por otro lado, si desconocen lo que les pasó a sus tutores y no se les explica, piensan que fueron abandonados. Otros más sufren bullying y encuentran refugio solo con otros niños que pasan situaciones similares.

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Las buscadoras procuran que las infancias cuiden su salud mental a través de terapia y talleres psicosociales, lo que también son exigencias hacia las autoridades: que se preocupen por la niñez en materia de salud, educativa y económica, además de fortalecer la comisión estatal de búsqueda y la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas del Estado de Sinaloa (CEAIV).

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dft

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