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La caída en los niveles del almacenamiento en las presas del Sistema Cutzamala registrada durante enero y los primeros días de febrero de 2026 no es una señal de alarma, sino parte del comportamiento esperado del sistema al iniciar el estiaje, aún después de que 2025 fue uno de los años más lluviosos de las últimas décadas y permitió una recuperación importante del almacenamiento.
Según expertos en temas hídricos y de sustentabilidad, cada inicio de año, conforme termina la temporada de lluvias y disminuye de manera drástica la precipitación, el Cutzamala ajusta sus niveles por la extracción constante necesaria para abastecer a la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), descenso que suele extenderse hasta mayo cuando se restablecen las lluvias y el sistema comienza a recargarse nuevamente.
La magnitud de la baja, sin embargo, depende del volumen con el que el sistema arranca el año, explican. En 2026, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Cutzamala inició con niveles superiores al 90% de su capacidad, punto de partida que, dicen los expertos, no se observaba desde hace más de 5 años y que explica por qué el descenso actual ocurre sobre un colchón hídrico amplio, distinto al escenario de vulnerabilidad registrado recientemente.
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Nahum Orocio, coordinador universitario para la Sustentabilidad en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, explica en entrevista que la disminución de niveles durante los primeros meses del año responde a un comportamiento normal del sistema, ligado a la reducción de lluvias desde finales del otoño.
El especialista asegura que el volumen con el que arrancó el Cutzamala en 2026 permite proyectar disponibilidad hídrica suficiente para cubrir el abasto durante el año, siempre que el manejo del recurso se mantenga dentro de los esquemas actuales. Añade que las lluvias de 2025 generaron un “colchón”, es decir, una reserva, que no se observaba desde hace varios años.
No obstante, advierte que estos niveles no deben interpretarse como una recuperación estructural pues la seguridad hídrica de largo plazo, señala, sigue condicionada por la falta de inversión histórica, las fugas en la red y la incertidumbre asociada al cambio climático.
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“La disminución que se observa a inicios de año es un comportamiento normal del sistema, asociado al estiaje y a la reducción de lluvias. El volumen con el que arrancó el Cutzamala en 2026 permite cubrir el abasto bajo las condiciones actuales, aunque no debe interpretarse como una recuperación estructural, porque la seguridad hídrica de largo plazo sigue enfrentando retos”, dice Nahum Orocio.
Una revisión de EL UNIVERSAL a los reportes de almacenamiento en presas del Sistema Cutzamala indica que el sistema pasó de 91.08% a 87.48% de almacenamiento durante enero de 2026, caída cercana a 3.6 puntos porcentuales, en un mes marcado por precipitaciones mínimas.
Al respecto, los entrevistados indican que, aunque el descenso es mayor al observado en años previos, ocurre desde un nivel alto y no coloca al sistema en una situación de riesgo inmediato.
La diferencia se aprecia al comparar con años recientes pues, en enero de 2025, el Cutzamala inició el mes con 64.07% de almacenamiento y cerró con 62.73%, mientras que en enero de 2024 operaba en uno de sus momentos más críticos, al pasar de 41.22% a 39.53%, tras una sequía prolongada.
La comparación de tres años consecutivos confirma que la baja invernal es un patrón recurrente del sistema, pero con implicaciones distintas según el volumen disponible, indican especialistas.
En 2024 y 2025, el descenso ocurrió en un contexto de márgenes reducidos y alta vulnerabilidad hídrica. En 2026, en cambio, el ajuste se presenta en un escenario de recuperación.
Por su parte, Agustín Breña Naranjo, investigador del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que el comportamiento del Cutzamala debe analizarse con una visión estacional y multianual, debido a que el sistema aporta entre una quinta y una cuarta parte del agua que consume la Zona Metropolitana del Valle de México.
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Breña destaca que las lluvias intensas de 2025 permitieron recuperar el almacenamiento de las presas y generar condiciones más favorables para enfrentar el estiaje de 2026. En ese contexto, considera que la baja observada en enero forma parte de un ajuste esperado tras el cierre de la temporada de lluvias.
El investigador agrega en una charla con este medio que la operación del sistema depende del mantenimiento, la inversión y la incorporación de herramientas de monitoreo que permitan anticipar escenarios de escasez. Advierte que, aunque el panorama de 2026 es distinto al de años críticos, el reto de fondo sigue siendo fortalecer la gestión del agua frente a la variabilidad climática.
“Las lluvias intensas de 2025 permitieron recuperar el almacenamiento y enfrentar el estiaje de 2026 en mejores condiciones, pero su operación sigue dependiendo del mantenimiento, la inversión y de una gestión que permita anticipar escenarios de escasez frente a la variabilidad climática”, comenta Agustín Breña Naranjo.
Los reportes de Conagua muestran además que las presas El Bosque y Villa Victoria suelen resentir primero el descenso, al formar parte del esquema de regulación que prioriza el envío de agua hacia Valle de Bravo y el Valle de México y, durante enero de este año, la precipitación fue prácticamente nula en las tres presas del sistema.
Así, aunque los niveles del Cutzamala continuarán disminuyendo conforme avance el estiaje, los datos disponibles indican que en 2026 el sistema enfrenta el año con mayor disponibilidad hídrica que en 2024 y 2025, sin que la baja registrada hasta ahora represente un fenómeno extraordinario ni un escenario inmediato de desabasto.
De forma paralela a los datos disponibles, los especialistas coinciden en que el comportamiento del sistema durante los primeros meses del año debe leerse en clave estacional y no como una señal anticipada de crisis al señalar que el descenso gradual forma parte de la operación normal del Cutzamala en el periodo de estiaje y que la diferencia en 2026 radica en el volumen acumulado tras las lluvias de 2025, lo que permite enfrentar el año con mayor margen que en ciclos recientes.
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