Aspirantes rechazados del primer examen en línea de admisión a la carrera de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) contaron a EL UNIVERSAL las irregularidades y deficiencias que detectaron durante su aplicación y pidieron a las autoridades universitarias reforzar las medidas de seguridad para los próximos exámenes.
Consideraron que los mecanismos de Inteligencia Artificial (IA) adoptados por la Máxima Casa de Estudios con el fin de vigilar y supervisar a los participantes de dicha prueba fueron insuficientes, anómalos y laxos, porque podían ser burlados con el uso de dispositivos móviles simultáneamente, así como con la manipulación de los puntos ciegos de la cámara, cuya instalación fue solicitada para monitorear el desempeño de los participantes, mediante los cuales se podía consultar el teléfono y hacer trampa.
Por ello, demandaron a la Universidad que, en caso de continuar con la aplicación de exámenes virtuales a gran escala, refuercen los mecanismos de seguridad que garanticen la integridad y la transparencia de los resultados obtenidos en las evaluaciones con la finalidad de evitar suspicacias tecnológicas.

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En entrevista con El Gran Diario de México, Alejandro narró que esta fue la primera ocasión en la cual presentó el examen de admisión para la carrera de Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, pero fue rechazado después de haber obtenido 90 aciertos de los 118 pedidos.
Contó que durante las tres horas de la evaluación se enfrentó a distintas eventualidades tecnológicas que no había previsto en los simuladores, pues en materias como matemáticas o español, donde requería realizar operaciones o lecturas, el sistema de vigilancia arrojó diversas alertas.
“Yo veía la operación, por ejemplo, la quería resolver y en el programa constantemente me estaba apareciendo que viera a la cámara, pero tenía que contestar el examen. Entonces me daba un poco de pendiente y tenía miedo de que me fueran a cancelar el examen”, dijo.
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Como consecuencia de las numerosas anomalías y fallas presentadas, concluyó la prueba en el límite del tiempo asignado, cuando en los simuladores pudo terminarlo hasta 30 minutos antes, “lo que sí me afectó, porque al final tuve que que responder lo más rápido posible, porque ya me estaba quedando sin tiempo”.
Para presentar el examen, se ubicó en la sala de su casa junto al módem de internet con la intención de evitar intermitencias de la señal, y aquel día su familia procuró tener el mayor cuidado posible al llevar a cabo sus actividades para mantener el espacio en silencio y que Alejandro no tuviera distracciones ni inconvenientes durante la prueba.
En su opinión, los mecanismos de vigilancia que adoptó la UNAM fueron insuficientes y, a su parecer, regidos por una clase de “suerte”, “porque aunque si te llegaba a mandar la alerta para que voltearas hacia arriba, me llegaron a contar algunos compañeros que si hacías otra cosa o te movías mucho no te decía nada y a otros por cualquier movimientos les advertía”.
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Inclusive, confesó que conoció a alguien entre los aspirantes que realizó su examen con el objetivo de probar el sistema de vigilancia utilizado durante la prueba, “porque él hizo prácticamente todo lo posible para que le cancelaran el examen, como estar enseñando el teléfono descaradamente y jamás le llegó la advertencia. Al final sacó 120 aciertos y se quedó en una ingeniería”.
Con base en su experiencia, Alejandro reconoció que, a pesar de que había diferentes formar de cometer prácticas fraudulentas a raíz del la laxitud y la deficiencia de los sistemas de vigilancia, como el uso de dispositivos móviles simultáneamente y la manipulación de los puntos ciegos de la cámara para consultar el teléfono celular y hacer trampa, “yo traté de estar todo el tiempo siguiendo las reglas”.
Para él, haber sido rechazado en su examen de ingreso a la licenciatura representó un choque emocional que lo llevó a enfrentar períodos de depresión, “porque sentí que había decepcionado a mi familia, porque prácticamente estuve matándome estudiando y esperaban bastante de mí”.
“Estuve demasiado deprimido, ni siquiera quería comer, porque estaba pensando ‘y si la página no se me hubiera trabado, si hubiera respondido el examen más rápido tal vez me hubiera quedado’”, recordó.
Por ello, consideró que implementar un examen en línea y adoptar mecanismos de supervisión basados en inteligencia artificial y no en humanos fue una decisión negativa por parte de la UNAM, “porque por lo menos en presencial hay una persona real viéndote, no una inteligencia, alguien te está viendo cómo estás haciendo el examen”.
Eduardo es otro aspirante rechazado que hizo por segunda vez el examen de ingreso a la licenciatura. Su objetivo era alcanzar un lugar en la Facultad de Contaduría de la UNAM, pero se quedó a 11 aciertos de lograrlo, debido a que sólo obtuvo 93 de los 104 requeridos.
Para él la prueba en línea se llevó a cabo con normalidad y no sintió miedo de que su examen fuera cancelado, “porque me sentía tranquilo, me sentía bien, tal vez un poco presionado, pero es normal, es parte del examen”. Contó que no presentó mayores inconvenientes, salvo uno, que el sistema de vigilancia de la UNAM le pidió que mostrara su habitación.
“Al final, cuando estaba por terminar el examen, el programa me mandó una alerta y me pidió que mostrara los alrededores de mi cuarto y lo tuve que enseñar. Ese día no había nadie en mi casa y lo mostré porque no tenía nada que esconder”, rememoró.
No obstante, afirmó que durante las tres horas de la evaluación no recibió ninguna otra alerta, por lo que cuestionó la funcionalidad de los mecanismos de vigilancia, “porque en los puntos ciegos de la cámara podía haber alguien ayudándote o utilizar tu celular para buscar las respuestas”.
Ante ello, opinó que la Universidad Nacional Autónoma de México debe reforzar los sistemas de vigilancia en exámenes en línea para dar certidumbre y claridad a los aspirantes en futuras convocatorias o, en su defecto, retornar a los exámenes en modalidad presencial.
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