Miami.— La guerra que el presidente estadounidense, , lanzó contra Irán ha sido un fracaso estratégico; no sólo no ha conseguido la rendición iraní, sino que el país persa mantiene su capacidad de provocar bajas, mientras que Estados Unidos se queda con sus arsenales en niveles mínimos. “El presidente Trump proclama una victoria sobre Irán que los hechos no sostienen. Estados Unidos ha consumido en semanas una gran cantidad de armamento que tardará años en reponerse y con esto ha perdido el país también capacidad para afrontar otro frente de guerra”, dice a el especialista en seguridad nacional Jaime Ortiz.

Durante los cuatro primeros días, EU y sus aliados utilizaron aproximadamente mil 738 municiones antiaéreas para responder a 565 misiles balísticos y 57 misiles de crucero . Hasta el 8 de abril se habían utilizado por lo menos mil 60 interceptores Patriot y 190 del sistema de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal, conocido en inglés como Terminal High Altitude Area Defense (THAAD).

Menos de mil interceptores

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) calcula que el inventario Patriot ha caído por debajo de mil interceptores y que quedan alrededor de 250 unidades de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal.

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Otras fuentes familiarizadas con el informe más reciente del Pentágono sostienen que el consumo de este último sistema podría rondar 80% de las existencias anteriores a la guerra. Las cantidades exactas están clasificadas. El cálculo público más prudente indica que EU ha gastado aproximadamente la mitad de sus Patriot, sus interceptores de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal y sus Misiles de Ataque de Precisión; esas estimaciones colocan la reducción del Patriot en cerca de dos terceras partes.

“Trump ha hecho el ridículo frente a todo el mundo. ¿Cómo se le ocurre ir a la guerra contra un país como Irán, que lleva décadas preparándose, sin analizar las consecuencias? El nivel de ineptitud es histórico”, cuestionó Larry Johnson, exanalista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y antiguo funcionario de contraterrorismo del Departamento de Estado, en declaraciones al medio de comunicación Gato.

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“Cualquiera sabía que Estados Unidos tenía un número muy limitado de misiles. ¿A alguien se le ocurrió preguntar qué pasaría si la guerra seguía y se acababan? Por lo visto, no”, añadió.

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El secretario de Guerra, Pete Hegseth, reconoció durante una audiencia ante el Comité de Servicios Armados del Senado que reconstruir por completo las reservas de defensa de EU requerirá de “meses y años” de inversión y producción.

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La preocupación estadounidense crece porque Irán conserva capacidad para continuar combatiendo. Una evaluación confidencial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entregada a la Casa Blanca en mayo, calculó que Teherán mantenía cerca de 70% de sus misiles balísticos y 75% de sus lanzadores móviles anteriores a la guerra.

La capacidad residual de Irán permite atacar durante meses sin disputar directamente el control del aire o del mar.

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Vulnerabilidad ante el enemigo

Más allá de Irán, ¿qué pasaría si otro enemigo de EU abriera en este momento un segundo frente de guerra?

“Washington tendría que dividir unas reservas de misiles ya severamente reducidas y retirar todavía más defensas de alguna región para enviarlas a otra”, explica Ortiz. “El Pentágono se vería obligado a escoger qué bases protege, qué aliados abastece y qué amenazas deja parcial o totalmente expuestas”, añade.

La fuerza estadounidense conservaría capacidad para responder, aunque lo haría con menos interceptores, menor margen para sostener una campaña prolongada y mayor riesgo de sufrir ataques que antes podía contener.

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El riesgo estratégico principal se encuentra en el Pacífico. Stacie Pettyjohn y Philip Sheers, investigadores del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense (CNAS), escribieron que “China posee una fuerza de misiles mucho mayor, más dispersa y sofisticada que la iraní. Podría atacar Guam, bases estadounidenses en Japón, pistas, radares, puertos, depósitos de combustible, aeronaves cisterna y centros de mando”.

El consumo en Irán reduce el tiempo durante el cual esas instalaciones podrían ser defendidas. También obligaría a los destructores a reservar más celdas de lanzamiento para interceptores y menos para armas ofensivas. “Si se abriera otro frente de guerra —contra EU— muy probablemente tendrían que involucrarse sus aliados o de lo contrario, sería una guerra perdida” concluye Ortiz.

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