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Tras más de una década en el poder, gobernando con mano dura, por la vía del miedo, la represión y la ilegalidad, Nicolás Maduro fue capturado por Estados Unidos en una operación militar realizada la madrugada de este 3 de enero.
La operación es un golpe al corazón del chavismo, pero marca el principio de un futuro lleno de incertidumbre para Venezuela.
¿Quién es Maduro, el líder que ahora enfrentará en Estados Unidos cargos por narcoterrorismo?
Nació el 23 de noviembre de 1962, su madre fue Teresa de Jesús Moros de Maduro, de nacionalidad colombiana, y su padre el dirigente sindical Nicolás Maduro García.
Su inclinación a la política inició en la secundaria cuando se integró y se convirtió en presidente de las asociaciones de estudiantes de su colegio a los 15 años. En esa época, fue expulsado, por organizar una movilización estudiantil.
Desde joven, asegura, sintió el "espíritu revolucionario".
Posteriormente, continuó sus estudios y varias bibliografías indican que en Cuba se formó desde adolescente en los ideales comunistas.
Se desempeñó como conductor de bus del metro de Caracas. En 1983, trabajó como guardaespaldas del candidato presidencial José Vicente Rangel. Cinco años después, en 1988, contrajo matrimonio con Adriana Guerra Angulo -de quien se separó posteriormente- y en 1990 nació su único hijo, Nicolás Maduro Guerra, conocido actualmente como político venezolano y apodado como 'Nicolasito'.
Para inicios de siglo, Maduro ejerció como diputado a la Asamblea Nacional. Luego, pasó a ser ministro de relaciones exteriores del país entre 2006 y 2012, un cargo que lo llevó a viajar por el mundo y a establecer relaciones con personajes como el presidente ruso, Vladimir Putin.
Durante la presidencia de Hugo Chávez y en medio de su enfermedad, Maduro fue declarado vicepresidente y en el 2013 fue juramentado como presidente interino de Venezuela tras la muerte de Chávez, quien antes de morir, en una transmisión de televisión lo nombró su sucesor.
"Nicolás Maduro no solo en esa situación debe concluir como manda la constitución el periodo sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente", dijo Chávez en diciembre de 2012, antes de partir a un viaje a Cuba para tratar su enfermedad.
Esto desenvolvió una polémica donde personalidades nacionales e internacionales denunciaron que Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional en ese entonces, debió haber sido el que asumiera el cargo.
A pesar de esto, el 8 de marzo de 2013, Maduro fue juramentado como presidente encargado por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, y proclamado presidente de la Republica Bolivariana tras las elecciones del 14 de abril de 2013. Las cuales ganó de manera muy discutida contra del opositor Henrique Capriles.
La primera reelección, entre una presidencia paralela y la crisis económica
Nicolás Maduro intentó vender una vida humilde y comienzos duros. A través de libros, películas y series de televisión recreó su vida en la que cuenta que estuvo preso y "sufrió persecución política" junto a su segunda esposa Cilia Flores.
Ambos habían estado en una relación romántica desde la década de 1990, cuando Flores era la abogada de Chávez tras los intentos de golpe de Estado venezolano de 1992 , y se casaron en julio de 2013, meses después de que Maduro asumió la presidencia.
También cuenta que, estando Chávez en la cárcel, él y Flores visitaban al 'Comandante' y aprendían de su proyecto político al tiempo que juraban lealtad.
Para las elecciones presidenciales de 2018, los cuestionamientos sobre su legitimidad ganaron eco dentro y fuera del país.
Nicolás Maduro buscó la reelección en un proceso adelantado y sin condiciones equitativas, enfrentándose principalmente a Henri Falcón, exgobernador y dirigente opositor que decidió competir pese al llamado al boicot de gran parte de la oposición, y al pastor evangélico Javier Bertucci.
Sin embargo, varios de los líderes opositores más relevantes estaban inhabilitados, exiliados o presos, y los partidos con mayor peso fueron impedidos de participar.
Asimismo, la campaña estuvo atravesada por denuncias de ventaja oficialista, uso político del “Carnet de la Patria”-una tarjeta que el chavismo entrega a sus ciudadanos y en la que deposita dinero- irregularidades en el registro electoral y una observación internacional limitada. Para muchos analistas, aquello convirtió los comicios en un proceso no libre ni competitivo, que terminó profundizando el aislamiento internacional y consolidando el carácter autoritario del liderazgo de Maduro.
Para 2019, el opositor Juan Guaidó se proclamó presidente interino de Venezuela y con el apoyo de Estados Unidos y la oposición venezolana, aproximadamente 51 países, incluido Colombia, así como la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE), el Grupo de Lima y el Grupo de los 7 (G7) lo reconocieron como el presidente de Venezuela, antes que a Maduro.
No obstante, la medida terminó siendo más simbólica que efectiva y, Maduro terminó arrastrando al país hacia una inédita crisis económica con hiperinflación, devaluación y salarios precarios que detonó el mayor éxodo de migrantes en la historia del país: más de 8 millones de venezolanos.
Segunda reelección: fraude electoral y represión
Bajo la presidencia de Maduro, la persecución, amenazas y encarcelamiento de opositores y disidentes llegó a niveles críticos en Venezuela.
El punto más crítico se vivió en julio de 2024 cuando se reportaron 2 mil 500 presos políticos.
El 28 de julio de ese año, Maduro se adjudicó el triunfo, pese a que el exdiplomático Edmundo González Urrutia, delfín de la inhabilitada opositora María Corina Machado, demostró con el 80 por ciento de las actas recabadas por testigos electorales su triunfo.
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Desde entonces, la represión se intensificó, González se tuvo que exiliar en España y Machado terminó en la clandestinidad desde donde el pasado 10 de diciembre recibió el premio Nobel de Paz.
Además, la Corte Penal Internacional abrió una investigación contra al Estado venezolano por la comisión de crímenes de lesa humanidad.
Caída del poder
La relación de Nicolás Maduro con Estados Unidos vivió uno se sus puntos de mayor confrontación, justamente, durante la primera presidencia de Donald Trump, marcada por un endurecimiento sin precedentes: Washington desconoció su mandato, impuso sanciones económicas y petroleras cada vez más severas, respaldó a Juan Guaidó como presidente interino en 2019 y presionó activamente por su salida del poder.
Sin embargo, el entonces presidente venezolano se mantuvo a flote por cuenta del respaldo de potencias como Rusia, Irán y China.
Con la llegada de Joe Biden (2021-2025), el tono se volvió menos estridente, pero también no menos firme.
Pero, el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025 marcó un viraje brusco en la política exterior estadounidense.
Desde el primer mes, su administración impulsó una agenda de “máxima presión” hacia gobiernos considerados adversarios, priorizando demostraciones de fuerza y reposicionamiento estratégico.
En América Latina, el foco volvió a centrarse en Venezuela, donde Washington denunció un “vacío institucional” y “amenazas a la seguridad hemisférica” bajo la presión del secretario de Estado, Marco Rubio.
Trump retomó un discurso confrontativo, renovó -aunque bajo otro nombre- los acuerdos de operación petrolera y reactivó canales de presión diplomática y económica centrados en su lucha contra el narcotráfico, al declarar que Maduro liberaba el Cartel de lo Soles, organización que fue denominada como terrorista por Estados Unidos desde el pasado noviembre.
En ese contexto, el gobierno de Trump ordenó un despliegue militar “preventivo” en el Caribe y en zonas estratégicas del Atlántico, descrito por el Pentágono como el mayor movimiento naval en la región en décadas.
Aunque presentado como una operación para combatir redes criminales transnacionales y asegurar corredores marítimos, el gesto fue percibido por múltiples gobiernos como una presión directa sobre Venezuela y un intento de reposicionar a Estados Unidos como actor dominante en la región.
La presencia de portaaviones, aviones de vigilancia avanzada y unidades de respuesta rápida generó preocupación sobre una escalada accidental, mientras organismos multilaterales pidieron moderación y transparencia.
En todo caso, el movimiento reconfiguró el tablero geopolítico latinoamericano y dejó al país de Maduro bajo una presión militar, diplomática y simbólica de niveles no vistos en años que terminó con su salida del poder.
*El Grupo de Diarios América (GDA), al cual pertenece EL UNIVERSAL, es una red de medios líderes fundada en 1991, que promueve los valores democráticos, la prensa independiente y la libertad de expresión en América Latina a través del periodismo de calidad para nuestras audiencias.
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