Bruselas.— Europa ya no puede confiar plenamente en las garantías de seguridad de Estados Unidos como consecuencia de la erosión del sentimiento de unidad transatlántica.
La era en que Europa podía permitirse una actitud de complacencia estratégica ha llegado a su fin. Debe tener la capacidad de proteger sus intereses mediante capacidades ofensivas, defensivas y de disuasión creíbles, y es necesario avanzar en la puesta en común. “Aunque el diagnóstico sobre Europa goza de un consenso cada vez mayor, llevarlo a la práctica resultará difícil. La fragmentación política dentro de la UE no es una anomalía, sino una condición estructural, casi fisiológica. Los países tienen percepciones diferentes de las amenazas e intereses industriales distintos, lo que complica los esfuerzos por establecer prioridades comunes”, dice en un análisis Grégoire Roos, director de los Programas para Europa, Rusia y Eurasia del Instituto Real de Asuntos Internacionales de Londres, Chatham House.
Estas limitantes se amplifican con la falta de inversión, la fragmentación de los mercados de capitales y una regulación que no siempre va en sintonía con el desarrollo de capacidad industrial.
“Abordar estas limitaciones requiere disciplina y decisión política, más que sermones. El gasto en defensa debe tratarse como un catalizador de la innovación y un motor de crecimiento. La política de competencia debe interpretarse desde una perspectiva estratégica centrada en la capacidad industrial y menos en los precios al consumo. Y la cooperación sostenida entre el sector público y el privado debe basarse en una demanda creíble. [Para] hacer realidad lo que es posible”, dice.
El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos estimó en 2025 que a la UE le llevaría 25 años alcanzar la autonomía frente a EU y un billón de dólares. “No hay soluciones milagrosas. Incluso con voluntad política y un aumento del gasto, los expertos coinciden en que alcanzar una verdadera autosuficiencia militar llevará años, si no décadas. Muchos expertos creen que Europa puede desarrollar una capacidad de disuasión creíble frente a Rusia en un plazo de cinco años”, señala Mila Tanghe, del Center for European Policy Analysis, en un análisis del año pasado, aunque algunos altos mandos, como el secretario General de la OTAN, Mark Rutte, han señalado que podría producirse un enfrentamiento directo con Rusia dentro de ese plazo de cinco años.

Es en el contexto de Rusia y la guerra que emprendió contra Ucrania, en el que debe verse el rearme europeo en curso, con Alemania y Polonia a la vanguardia.
El gasto en defensa de los países de la UE aumentó a partir de la agresión armada rusa; 30% creció entre 2021 y 2024; en este último año sumó 343 mil millones de euros, equivalente a 1.9% del PIB de la UE. En 2025 habría ascendido a 381 mil millones de euros, 2.1% del PIB colectivo. Estos incrementos han colocado a Europa como la región receptora más importante de armas convencionales. Después de Ucrania, Polonia destaca como el mayor importador de Europa en los últimos cinco años, concentrando 17% de las compras convencionales realizadas por los países europeos miembros de la OTAN entre 2021-2025, equivalente a 3.6% del total global.
El tercer mayor importador es el Reino Unido, con 10% o 1.8% global, respectivamente, seguido por Holanda con 9% y 1.8%, de acuerdo con el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). En total, los europeos han triplicado sus importaciones de armas entre los periodos 2016–2020 y 2021–2025. EU suministró 58% de estas importaciones entre 2021–2025 por los miembros europeos de la OTAN. Las transferencias estadounidenses a Europa crecieron 217%.
“Aunque empresas europeas han incrementado producción de armas y el nuevo apoyo a la inversión de la UE para las industrias armamentísticas de Estados miembros ha dado lugar a serie de pedidos dentro de la UE, Estados europeos siguieron importando armas estadounidenses en 2021-2025, especialmente aviones de combate y sistemas de defensa aérea de largo alcance”, dice Katarina Djokic, investigadora del Programa de Transferencias de Armas del SIPRI.
La reactivación de la industria armamentista y el proceso de rearme han estado acompañados de acciones a escala, como el plan de movilidad militar, que consiste en el desarrollo de la infraestructura que permita un desplazamiento transfronterizo rápido de tropas. Se suman iniciativas para impulsar la defensa de la UE, como el Plan ReArmar Europa y el libro blanco Preparación 2030. Los objetivos para 2030 son precisos: alcanzar al menos 40% de contrataciones conjuntas, un comercio interno de defensa de 35% y que los productos hechos en Europa cubran 50% de las adquisiciones.
Marco Centrone y Jérome Saulnier, del Servicio de Investigación del Parlamento Europeo, dicen que el alza del gasto a nivel nacional es sólo una parte. “Aunque el aumento del gasto en los últimos años ha sido demandado y acogido con satisfacción, hay un consenso general de que el incremento del gasto nacional en defensa no se traduce automáticamente en una mayor capacidad de defensa y una disuasión eficaz si la falta de coordinación, la burocracia o cuellos de botella en las infraestructuras obstaculizan la capacidad de las fuerzas armadas para actuar y participar en operaciones y ejercicios reales, multinacionales y a gran escala”.
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