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Los hermanos David y Ariel Cunio, argentinos israelíes, narraron a EL UNIVERSAL lo que vivieron durante el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, cuando empezó la pesadilla de su vida. Durante una visita a México, explican lo que pasaron durante el secuestro cuando estuvieron separados y cómo viven ahora tras el cautiverio de más de 2 años en Gaza.
Tras el ataque en Israel, Hamas secuestró a 251 personas y mató a mil 200 personas. Luego inició la guerra en Gaza, que dejó más de 67 mil muertos; el año pasado se llegó a un acuerdo por fases que anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Por el pacto se entregaron a 20 rehenes vivos y los cuerpos de otros 27 cautivos.
Entre los liberados están David y Ariel. David estuvo en los túneles, "el infierno", dice, donde llegó a ver a la mexicana Ilana Gritzewsky, mientras que Ariel estuvo en casas, donde "estaba solo", porque aunque estaban sus captores, no podía hablar con ellos, porque "no les importaba".
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Ocho integrantes de la familia Cunio fueron tomados como rehenes por Hamas del kibutz Nir Oz y todos regresaron con vida.
David, quien tenía 34 años cuando fue secuestrado y electricista de profesión, fue tomado rehén junto con su esposa Sharon y sus hijas, las gemelas Yuli y Emma.
Ariel, de 26 y técnico programador, estaba con su novia, Arbel, al momento del ataque, estuvo unas horas con ella tras ser secuestrados, pero ahora todos están libres.
Las mujeres y las bebés fueron liberados antes. Hoy, todos buscan seguir con sus vidas, retomar el control que perdieron en el cautiverio. Van con especialistas, hablan sobre lo vivido e incluso tienen bromas de humor negro sobre el cautiverio que les ayudan a seguir adelante. Buscan "seguir con la vida, con los problemas nuevos", y confían en que el tiempo cura todo. Además, que, declaran, "estamos bien".
Por último agradecen a la comunidad judía que salió a pedir por ellos, a su ejército y a los gobiernos que los apoyaron para poder salir del cautiverio.
P: ¿Qué recuerdan de ese día?
David: Recuerdo cada minuto de ese día, cada segundo. Empezó a las 6:29. Yo estaba en mi casa durmiendo con mi cuñada, mi sobrina, mis dos hijas y mi mujer: Sharon. Escuchamos la alarma, entonces todos corrimos al cuarto seguro y de ahí empezó la alarma y no paró.
No para y sigue y sigue, y yo empiezo a entender que algo un poco más grave ocurre y ahí empezamos a recibir mensajes de la gente que está en el kibutz -Nir Oz- que hay terroristas adentro y en algún momento mis padres me mandan un mensaje, que entraron a su casa, pero no lograron abrir la puerta del cuarto seguro e hicieron pelota todo el lugar.
Y recibo un mensaje también de Eitán, mi hermano gemelo, en el que dice: 'por favor, auxilio'. Me dice: 'Auxilio, que me están quemando la casa y nos estamos ahogando adentro del cuarto seguro y no puedo salir'. Y eso es lo último que escuché de mi hermano Eitán.

En mi casa, en el cuarto seguro, había tres chicas, dos mujeres y yo, gritaban y lloraban del miedo; yo agarraba la puerta porque sabía que no se puede cerrar de adentro.
Entonces, sostenía la puerta, la manija. Y cuando Eitán me dice que le están quemando la casa, después de un tiempo muy corto, entran a mi casa y escuché que entran a los tiros, entran y rompen todo afuera; escuché explosivos todo el tiempo.
Llegan a la puerta de mi cuarto, del cuarto seguro, intentan abrir la puerta y yo sostenía la puerta, y lucho con ellos unos minutos muy largos y al final ellos dejaron la puerta, pero quemaron la casa.
Entonces empiezo a sentir el fuego y siento el calor en la manija, no puedo ya sostenerla, y hay una foto en la que agarro una sábana y sostengo la manija, pero empieza a entrar el humo y ya no nos podemos quedar adentro. Teníamos que salir y yo salgo primero, ya no tengo aire por el humo; salgo y agarro a Yuli conmigo y cuando me doy vuelta para agarrar, a Emma, a mi otra hija, la gemela, Sharon me dice que hay terroristas detrás mío.
"Escápate", me dice. Agarro a Yuli y me escapo a la casa de los vecinos.
En la casa de los vecinos me agarraron, uno me tenía con un cuchillo y otro con un Kalashnikov. Me llevan a un tractor con un Kalashnikov en la espalda y el cuchillo en el cuello.
Y yo estoy con la niña en las manos y lloro y les pido que me dejen por lo menos poner a la nena en un lugar seguro, pero no me dejan y subo al tractor y veo que hay más rehenes dentro que todos eran mujeres y niños. Yo soy el único hombre que estaba en ese vehículo.
Veo a mi mujer: la están arrastrando en el piso. Grito: 'Es mi mujer', en inglés; la traen al tractor y ahí empezamos el viaje a Gaza.

Y yo le pregunto a Sharon, "¿por qué estabas sola?, ¿dónde está Emma?".
Y no sabe, me dice que la agarraron de sus manos. De ahí empezó la pesadilla más grande de mi vida. Entramos a Gaza y nos pasaron a otro coche.
Ahí estábamos todos los que estuvimos en el tractor y estuvimos viajando hasta que llegamos a un hospital chiquito, a una como enfermería. Ahí empiezan a preguntar quién es quién, "¿cómo te llamas?"; para entender quién es la familia de quién.
Después de 3 horas más o menos nos llevaron a una casa y ahí nos quedamos y ese fue mi primer día.
Ariel: Mi día también empezó a las 6:29, cuando sonaron las alarmas. Dormíamos en el cuarto seguro, no tenías que hacer nada, solamente cerrar la puerta. Para mí fue normal porque cada año hay alarmas, a veces dos, tres veces en un año.
Estamos en el cuarto seguro. Arbel, mi novia, estaba muy nerviosa; quería vomitar y le abro la puerta para que vaya al baño y veo en el teléfono que me mandan mensaje del grupo del kibutz, del pueblo, que hay dos terroristas adentro al lado de la farmacia. Cuando ella está en el baño, cierro todas las ventanas y todo, cierro toda la casa. Volvimos a la pieza; cerré la puerta, no hay llave, pero hay como un metal con el que que puedes pararla. Yo estaba muy nervioso.
Nos escondimos debajo de la cama. Estábamos con mi perra, de dos meses, pequeñita, y empiezo a escuchar que están disparando. La electricidad se baja y empiezo a entender que no es normal. Hay algo que no es normal.
De verdad hay terroristas adentro del kibutz y de repente después de 5 minutos escuché gritos en árabe y entiendo que están a como 20, 30 metros de mi casa.
Después de que escuché los gritos, estoy pensando en lo que pasa y tras un minuto ya están rompiendo la puerta, las ventanas, entrando. Yo le digo a Arbel que le envíe un mensaje a su hermano, que está en el grupo de seguridad, y él está luchando afuera; yo no tenía arma adentro, no soy del grupo de seguridad.
Entran a la casa y estamos abajo de la cama y estamos silenciosos, así que no nos escuchan y se están fijando en todos lados, abriendo la heladera, el baño, rompiendo cosas y llegan a la puerta y yo pienso: van a poder abrirla porque no me acordaba si cerré bien o no.
Abren la puerta y miro las zapatillas de los terroristas y veo que ya empiezan a entrar. Salgo de debajo de la cama. Arbel sale después y estoy enfrente de un terrorista con un Kalashnikov, con un cuchillo. Uno de atrás tenía una granada en las manos y hace como un show de que va a tirar la granada y nos vamos a morir todos.
Me dan sopapos en la cara. Me gritan y preguntan si somos soldados, si tenemos armas, mientras yo estoy con las manos arriba, diciendo que no tengo armas, soy civil, somos civiles, no somos soldados
Mi perra empieza a hacer ruido, a ladrar, y le disparan. Un disparo que la mató en un segundo.
Y empiezan a sacarnos de la pieza y veo 12 niños, de 10 años, 11 años, que están aprendiendo cómo hacerlo. Uno ya tiene sangre en las manos que no es de él. Entendí que ya entraron a otras casas y pasaron cosas y todavía no entiendes lo que pasa afuera. Piensas que hay dos terroristas y ahora hay dos chicos más.
Salimos para el camino enfrente de la casa doblando a la derecha y veo un árbol que está con fuego, un árbol de 20 metros con fuego. A la derecha veo la casa de mi hermano Eitán, el hermano gemelo de David, que toda la casa está con fuego.
Arbel me abraza y agarro su mano; estamos en shock, totalmente. No, no puedo hablar, vamos caminando, y veo a 50 o 70 terroristas que están adentro del kibutz y hacen lo que quieren.
No puedo creer lo que estoy viendo. Estoy caminando enfrente de la casa de mi hermano incendiada y siento el fuego que ya está enorme. Imagínate los que están adentro. Y estuvimos hablando también en el WhatsApp.
Entonces sabemos que todos están en el cuarto seguro, pero no sé si podían abrir la puerta o no, no sé qué pasa.
Seguimos caminando y llegamos a la estación. Una moto estuvo esperando ahí para llevarnos. Subimos; un terrorista manejó; estábamos yo, Arbel y otro terrorista con un arma y empezamos a viajar a Gaza.
Salimos del kibutz y veo caos; veo 200 árabes que ya salen: niños, viejos, de todo, que salen de Gaza, todos felices gritando: "Allahu Akbar", y no entiendo qué pasa, dónde está el ejército, cómo puede ser que directamente van así caminando sin problema. Y salimos, estamos viajando, como 5 minutos hasta que llegamos a la frontera.
Ahí había como un grupo grande de árabes que quisieron pegarnos, matarnos. Entramos a un coche que nos llevó a una primera casa.
Nos cambiamos la ropa. Me preguntaron mi nombre, sobre hermanos, dónde vivía, si era soldado o civil.

Después fuimos a otra casa de ahí entramos a un coche y nos llevó como 30 minutos, después paró enfrente de un coche blanco y salieron dos terroristas. De ahí me sacaron del coche: Arbel se quedó, nos separamos.
No tenía también la opción de decir te amo, de despedirme, porque fue tan rápido.
Fuimos a otra casa en la que también me ataron las manos, las piernas, me pusieron una camiseta sobre los ojos que después vi que tenía sangre, lo que era como una broma para ellos.
Estuve en esa casa un par de horas hasta que el sol bajó y en la noche no veía nada.
Me despiertan y me dicen: "Al coche". Entro y estoy atado de las manos y empezamos a viajar y veo como 50 misiles que dispara Hamas de repente.
El cielo se ve con fuego y luz grande, eh como si fuera de día. Llegamos a otra zona, en una calle, entramos a una casa en la que me quedé como por tres meses.
P: David, tú estuviste en los túneles...
David: Al principio estuve arriba. Los primeros 49 días estuve arriba.
Estuve en una casa, sin Emma, estuve solo con Yuli, mi hija y Sharon.
Después de nueve días, en la noche nos dijeron que nos teníamos que ir de ahí y nos fuimos a un hospital que se llama Nasser.
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Ahí estuvimos como tres horas adentro de un cuarto. Y después que descansamos un poco, nos pusieron una cámara enfrente y nos hicieron poner una máscara, me la puse y una gorra, y mi mujer un hiyab.
En ese momento ella me dice: "Escucho a Emma".
Estaba un bebé llorando afuera. Me dice: "Está llorando Emma". Y yo le digo, "¿Cómo puede ser?" No, no puede ser. Pasan unos segundos, y entra un terrorista con Emma en las manos, que está muy mal.
Los pelos desarreglados, se ve que la trataron no como hay que tratar a un bebé. Tenía 3 años ahí. No había comido ni la habían bañado: estaba muy delgada y lo peor es que no nos reconoció.
En algún momento mi mujer se puso nerviosa, se sacó el hiyab, yo me quité la máscara y la gorra y todavía no nos reconoció. En ese momento mi mujer empezó a cantar una canción de cuna en hebreo.
Y en medio de la canción Emma se empieza a tranquilizar y puedo decir que Emma volvió con nosotros y ahora no voy a dejar que nadie le haga daño.
Pero después la chica empieza con pesadillas y empieza a llorar, a levantarse con gritos en la noche y hasta hoy pasa eso.
P: Ariel, a ti te separaron de tu novia Arbel, ¿cuándo la volviste a ver?
Ariel: Cuando salimos de Gaza nos llevaron a un pueblo que se llama Kibut Reim. Ahí hay una base en la que arreglaron unos cuartos, nos pudimos bañar y arreglar antes de ver a la familia. Ahí me encontré con Arbel y con toda la familia, con su mujer, Sharon.
David: No sabíamos que toda la familia estaba viva. Nosotros tenemos seis diferentes casas en Nir Oz. Seis diferentes casas, así que no puede ser que no van a tocar a alguno, y entraron a todas las casas. Hasta a la de mi abuela. Llegaron con todos.
Ocho personas de la familia fueron secuestradas: Ariel, Arbel, yo y mis hijas, Sharon, mi cuñada y mi sobrina. Somos ocho y todos los ocho volvieron con vida. Gracias a Dios.
P: David, ¿qué recuerdas del cautiverio en los túneles?
Yo estuve todo el tiempo con rehenes. En el hospital éramos muchos, pero yo era el único hombre, de mi edad más o menos, porque había un señor grande, de 80 años, que falleció también.
Pero yo cuando entré a los túneles, ves los videos que manda Hamas, y de repente estás adentro.
No puedes imaginar el miedo que tienes cuando entras, y el olor, no tienes casi oxígeno, y la oscuridad, porque no se ve nada, no hay luz. Para mí es el lugar más... ni sé cómo llamarlo.
Ariel: El infierno.
David: Los túneles son enormes. Tienes caminos de 1.80 de altura, de 1.30 y de medio metro, en los que tienes que gatear.
Sin energía teníamos que gatear, entre barro y todo mojado por la lluvia. Caminamos casi 13 horas en los túneles después de que no comimos casi nada, porque teníamos medio pita con un poco de queso o un poco de dátiles, y 250 mililitros de agua.
Después teníamos que caminar por horas, como 20 kilómetros caminamos.
En los túneles también reconocí a vecinos. Ahí estaba mi mejor amigo Yarden Bibas. Fue de los primeros a los que vi en los túneles, a él y a viejos.
Y vi bastantes también en el en el hospital también vi muchos.
De los mexicanos en cautiverio, ¿vieron a alguien?
David: Sí, yo vi a Ilana, estuvo conmigo en los túneles.
Ella vino de una de una casa y vino a los túneles. Después salió.
Ariel: Matan estuvo con nosotros en el almacén cuando yo vine y vi a David. También Eitan Horn estuvo ahí.
P: Ariel, tú no estuviste en los túneles, ¿cómo eran tus días?
A: Estar solo todo el tiempo, no estuve en el grupo de Hamas, sino en otro. Fue estar solo. Arbel también estaba sola, no sabía qué era de ella.
Preguntaba y me decían: "Todo bien, no te preocupes". Alguien me dice que está 30 metros para allá, alguien me dice que está a 10. Te dicen lo que quieren.
Estuve en una casa durante tres meses.
David: Él estaba solo y y yo estaba con gente, pero nosotros hicimos casi lo mismo. Yo y él es increíble, ¿viste? Tenemos un tatuaje los dos. Besamos el tatuaje todas las mañanas, todas las noches. A la mañana y a la noche hablamos con nuestra familia y todo eso lo sé después que nos encontramos. Hicimos gimnasia, matemáticas, dibujamos, haces todo lo que puedes para no pensar más.
Ariel: Yo me volví loco ahí, estar solo, escuchar árabe todo el tiempo y no tengo a nadie más, no tengo de qué hablar con ellos, no son amables qué van a hablar. Estoy aprendiendo árabe, poco más y más y más. Y hoy puedo hablar con un árabe.
David: Yo lo único diferente que tengo con él es que yo tenía gente israelí que conozco. Y cuando estás triste tienes con quién hablar un poco.
Él estaba solo, no tiene con quién hablar y nadie no lo va a entender ahí porque son terroristas que no les importa de él de verdad. Y yo estoy con mis amigos y me ayudaron mucho.
Ariel: Te voy a dar un ejemplo. Una vez hablé con un captor y me dice: "No te preocupes, estás bien, te cuido, todo bien." Y yo le digo, "Sí, pero mi novia, mis hermanos", y me hace:" Eh, no importa". No tienen ese sentido como nosotros de la vida. Es diferente con ellos. Ellos se mueren porque sean shahid y vayan al paraíso.
P. Tras estos 2 años y cinco días...
Ariel: 738 días.
P: Después de toda la negociación lograron salir y ustedes lograron verse.
David: Yo salí con él.
El último día salí de los túneles y nos llevaron a un hangar, a un almacén muy grande.
Y yo escuché que están hablando que uno de los israelíes va a venir, va a llegar al hangar y yo estoy esperando; les pregunto si es Ariel Cunio, pero me dicen que no saben el nombre.
Y yo espero y espero, y no llega y no llega y no llega, porque ellos dijeron en una hora y media más o menos va a llegar y pasaron como 4 o 5 horas y no llega y no llega.
De repente, a las 4 de la mañana, abren la puerta del hangar y yo estoy medio dormido y alguien de ellos me grita, "David Cunio, ven". Y yo voy. Y está todo oscuro.
De repente lo veo a él, con pelo largo. Al principio no lo reconozco, me acerco. Y ahí es cuando me doy cuenta que es él, lo abrazo, empiezo a llorar y él intenta ser más fuerte que yo.
Me fijo que no le falta nada, ninguna parte del cuerpo y estoy llorando y ellos están filmando todo. Después nos sentamos y empezamos a hablar de todo lo que él pasó y yo pasé y era increíble verlo porque es el primero que vi de mi familia y sé que está vivo. Ahora el resto tienen que estar vivos.
El día después nos hicieron hacer una llamada de video y vimos que toda la familia está viva.
Hay una foto que es la primera foto que vemos.
Es increíble ver a todos después de dos años. Es como un sueño que se convirtió en realidad.
Pero qué suerte, que todos están bien.
Ariel, ¿tú cómo lo viviste?
Ariel: La emoción fue tan grande que te llena el corazón de nuevo porque no tenías nada antes.
Y cuando ves que todos están bien: la piedra que tienes sobre el corazón desaparece.
David: Él desde el momento que lo vi, lo agarré y no lo solté hasta que no fuimos de Gaza. No, no lo solté.
Peleé con ellos para entrar juntos al coche de la Cruz Roja junto con él al mismo carro.
David: En el último día, cuando nos sacaron, en el auto de Hamas había un chico de 8 o 10 años con un arma. Entonces, entiendes qué enseñan a sus niños ¿Entendés la ideología de ellos?
-Cuando salen hay un video donde ustedes sorprenden a su familia
David: Yo la verdad es que lo hice porque a mí me gusta mucho joder en casa. Asusto a mis hijas, me gusta joder, me gusta esas cosas.
Y también escuché antes a la gente que entraba con las familias que todos lloraban y era todo muy triste. Entonces nosotros cuando salimos le dije a Ariel: "¿Los asustamos?" Y él me dice: "Dale."
Entonces quise romper el hielo un poco para que entiendan que David volvió, Ariel volvió y estamos bien. Estamos bien. Eso es todo.
Ariel:
Y luego fue publicado como los Cunio que hicieron el "boo", lo loco que son.
¿Cómo es ahora su día a día? ¿Cómo intentan seguir adelante?
David: Voy a ver psicólogos. Yo solo, también voy con mis hijas, Yuli y Emma, también Sharon. Pero lo principal es que necesito tener el control de mi vida de nuevo, que eso es lo que perdí en el cautiverio y eso es lo que más me cuesta.
Pero estamos haciendo todo lo posible y tenemos muy buenos psicólogos y muy buenos psiquiatras y nos están ayudando de todos lados, de Israel. Estamos bien.
A: Yo también me encuentro con los psicólogos, hago tratamientos, me ayuda mucho a hablar con mis amigos, con ex rehenes que volvieron. Me ayuda mucho porque me entienden
David: También esto me ayuda- me señala y entiendo que se refiere a contar lo que pasí.
Ariel: Y también eh tenemos bromas de nosotros del cautiverio, humor negro.
Yo que lo digo siempre es que no pienso en el pasado, pienso en el presente y en el futuro, porque eso es lo importante, que no me va a hacer nada de bien pensar lo que pasó, porque no podemos cancelarlo. Lo que pasó pasó. Tenemos que seguir con la vida, con los problemas nuevos que tenemos en la cabeza ahora. Pero eso es lo que hay.
Sí. El tiempo cura todo.
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David: Lo último que quiero agregar es agradecerles a todos los gobiernos, a todos los civiles, al ejército de nosotros que hizo todo para sacarnos de ahí.
A todos los judíos que lucharon acá en México, a las comunidades judías de todo el mundo que nos ayudó a salir de ahí porque ellos gritaron estos dos años, salieron a las calles, increíble, hicieron todo por nosotros.
Muchas gracias a todos y quiero añadir otra cosa: Ran Gvili tiene que volver a casa lo antes posible, no podemos seguir sin él.
Ariel: Ran Gvili es otro secuestrado que está muerto en Gaza; su cuerpo de él estaba todavía en casa y todavía no nos devolvieron y quieren seguir adelante, eh, y no podemos seguir adelante y no podemos curarnos como un país si no va a volver a casa.
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