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San Diego, California
“Cada vez que cruzo de México a Estados Unidos me pasan a revisión secundaria, en automático”, dice a EL UNIVERSAL Alex Mensing, joven estadounidense que colabora con el grupo Pueblo Sin Fronteras, una de las agrupaciones que están moviendo las caravanas de centroamericanos que llegan a la frontera norte de México con la intención de pedir asilo y quedarse del lado estadounidense.
“Después de que me pasan a revisión secundaria, cada vez me interrogan [acerca] de lo mismo. Sobre lo que hago y de dónde soy y por qué estoy con los migrantes, y cosas así”, señala.
Mensing es una de las personas incluidas en una lista secreta en poder de las agencias federales estadounidenses, cuya existencia quedó al descubierto recientemente. El aparente acoso de las autoridades del Departamento de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (CBP) hacia algunas personas tendría que ver con esa investigación secreta para identificar a personal de agrupaciones proinmigrantes, a periodistas e incluso abogados que han estado apoyando o haciendo cobertura sobre la llegada de los miles de centroamericanos a la frontera sur de Estados Unidos con la intención de ingresar a este país y quedarse.
La cadena de televisión estadounidense NBC 7 dio a conocer la existencia de esa lista con 57 nombres, entre ellos los de 10 periodistas nacionales y extranjeros, así como los nombres de personas que trabajan o colaboran en agrupaciones proinmigrantes como Ángeles de la Frontera y Pueblo Sin Fronteras. La lista incluye copias de los pasaportes y la nacionalidad de cada persona.
“Criminalizados”
Alex trata de tomarlo con cierto humor, como su ingreso a los archivos secretos de Estados Unidos. “Incluso escribieron mal mi nombre”, dice riendo.
Ya en serio advierte que “hemos sido blanco de lo que parece ser una operación conjunta de recopilación de inteligencia entre Estados Unidos y México, que equivale a una caza de brujas antiinmigrante. Tanto los migrantes como los que hablan y toman medidas contra las violaciones sistemáticas de los derechos humanos han sido incluidos y hay muchos centroamericanos en esta lista que ya han sufrido graves consecuencias: detención arbitraria y deportación. Esto es indignante —asegura—, [es] una prueba más de que los gobiernos de este país [Estados Unidos] y de México están criminalizando a la sociedad civil y a los migrantes”.
La operación secreta fue bautizada como Secure Line (Frontera Segura). “La patrulla fronteriza me envió a una inspección secundaria cuando ingresé a Estados Unidos casi 20 veces en el último año, casi todas las veces que crucé me pusieron en una celda de concreto e interrogaron varias veces. Me pidieron mi teléfono, me preguntaron por qué estaba ‘ocultando información’, escanearon mis cuadernos y registraron mi mochila”, describe Mensing.
El nombre de Hugo Castro también figura en la lista secreta. Él es el coordinador desde hace más de 10 años de Ángeles de la Frontera, una agrupación proinmigrante establecida en San Diego, California. “No me sorprende que hagan este tipo de listas negras contra nosotros, pero sí es muy intimidante y no deberían hacerlo porque nos miran y nos tratan como si hubiéramos hecho algo malo”, afirma a este diario.
“El pasado 20 de diciembre me detuvieron, me estuvieron interrogando por más de cinco horas y media, de alguna manera te afecta porque, además, no te acusan de nada, y es que no hay nada para acusar, pero te intimidan, eso es acoso”, describe Castro, quien nació en Calexico, California, pero también es mexicano por sus padres. “Ellos [las autoridades de Estados Unidos] creen que somos indocumentados o que cuando mucho somos residentes y cuando confirman que soy estadounidense de nacimiento igual que ellos no les queda más que bajarle, juzgan mucho por apariencia”, asegura.
Castro no oculta su coraje. “Están malgastando parte del dinero de los contribuyentes, se está haciendo mal uso porque en lugar de estar investigando a los verdaderos criminales, nos investigan a nosotros, que ya saben que no cometemos ningún crimen. Ahí están los traficantes de armas hacia México o los narcotraficantes de este lado de la frontera [Estados Unidos] y, ¿qué están haciendo?”, se pregunta
Enrique Morones, director general y fundador de Ángeles de la Frontera, se muestra sorprendido de que en la lista aparecieran dos de sus colaboradores mas cercanos. “No vamos a dejar que nos traten de intimidar; mientras más presión ejerzan sobre nosotros, mas actividades vamos a hacer, no nos van a parar”, dice a este periódico. “En la mesa directiva de nuestra organización somos 11 personas y cuatro son abogados; ellos ya tomaron nota de lo sucedido y junto con otras organizaciones de defensa de los derechos humanos, vamos a preparar una demanda para interponerla próximamente.
“Es la primera vez en todos estos años que tengo involucrado en la defensa de los derechos humanos y prácticamente desde que tengo uso de razón, que un gobierno federal [estadounidense] hace una acción clandestina de esta naturaleza”, afirma Morones, quien nació y se crió en San Diego, California. “La única vez que había escuchado de algo así, fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis hacían ese tipo de listas clandestinas. Donald Trump, en mi opinión, esta actuando como un nazi”.
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