El director general del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro, Adrián Rubalcava, informó que ya fueron revocados alrededor de 60 Permisos Administrativos Temporales Revocables (PATR) como parte de las acciones para recuperar espacios comerciales que representan riesgos para la operación y la seguridad de los usuarios.
El funcionario precisó que estas revocaciones se realizaron principalmente durante los trabajos de modernización de la Línea 2, además de la demolición de diversos locales comerciales ubicados en estaciones como Bellas Artes, Zócalo y Universidad.
“El reordenamiento del comercio, es un tema que es complejo, que al final al día de hoy sigo sin comprender por qué se convirtió el Metro en un espacio de acceso para el comercio (...) En la ejecución de las obras para la modernización de la Línea 2 fueron cerca de 60 revocaciones", indicó.

Adrián Rubalcava afirmó que el crecimiento del comercio dentro de la red del Metro llegó a un punto de saturación, por lo que consideró necesario poner un alto a la expansión de nuevos permisos.
"El Metro se construyó para la movilidad, no para ser un tianguis (...) Hoy el Metro está saturado de comerciantes", declaró.
Sin embargo, aclaró que no existe una intención de retirar a todos los vendedores que actualmente trabajan de manera regular, pues “no quiere decir que vamos a sacar a todos, tampoco la idea es afectar a aquellos que hoy ejercen de manera honesta el comercio".
El director del Metro explicó que actualmente se realiza una revisión "PATR por PATR" para detectar permisos repetidos, alterados o incluso falsificados, y es que señaló que han encontrado casos donde un mismo número de permiso aparece asignado a distintos locales o incluso es modificado para operar en estaciones diferentes.
"Hay documentos duplicados, triplicados e inclusive apócrifos. Eso ya está generando acciones jurídicas. Cada administración (Metro) que llegaba, había un crecimiento, se duplicaban los PATR, porque –no necesariamente tienen que tener el permiso– sino que con que los toleraran, pues empezaba a crecer el comercio informal dentro del Metro”, dijo.
Añadió que uno de los principales problemas es que el Metro no cuenta con un inventario actualizado y confiable de todos los permisos otorgados en administraciones anteriores.
“El Metro no cuenta con un inventario de PATR puntual y claro, entonces es un problema porque si no aparece, entonces tenemos duplicados varios PATR, y de repente tenemos dos o tres PATR con el mismo número y tú los ves y todos se ven bien, e inclusive titulares que estuvieron antes de tu servidor, pues que durante su administración se autorizó y quizá el titular ya ni siquiera está con vida, entonces ni un peritaje es funcional”.
Rubalcava enfatizó que las revocaciones no obedecen a una política contra el comercio, sino a criterios de protección civil. Expuso que muchos locales fueron construidos sobre andenes, pasillos prioritarios o zonas de evacuación, reduciendo el espacio disponible para los usuarios en caso de una emergencia.
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Como ejemplo, mencionó el caso de un baño ubicado en la estación Universidad, el cual fue demolido debido a problemas sanitarios y porque invadía un pasillo de circulación; mientras en Bellas Artes, Zócalo y Universidad también fueron retirados diversos locales que obstruían torniquetes y áreas de tránsito.
Rubalcava también cuestionó el esquema económico de algunos permisos comerciales y señaló que existen particulares que obtienen grandes ganancias mientras el Metro recibe ingresos reducidos. Como ejemplo, indicó que el costo para utilizar un baño público en algunas estaciones alcanza los 10 pesos, mientras que un viaje en Metro cuesta cinco pesos.
"Miren, estamos evaluando mal al metro. El metro cuesta cinco pesos, trasladarte de lado a lado de la ciudad, y pasar al baño en el metro cuesta 10 pesos. Entonces lo que es increíble es que vale más caro hacer pipí que trasladarte de un lado a otro de la ciudad. Además pues estamos de acuerdo que tenga locales el Metro y apoyamos la cultura de la lectura dentro del sistema, pero el pasaje del libro tiene locales vacíos. Entonces son esas cosas que a veces hay que reevaluar y decir, oye, realmente ¿el metro necesita tener espacios vacíos? ¿realmente el usuario requiere este tipo de servicios? y que luego repercutan de manera negativa, porque a veces no pagan ni siquiera los 3 mil pesos que les corresponde pagar al sistema y eso impacta de manera directa al usuario. Entonces, no es quitarles los locales, es reordenarlos y permitirle a aquellos que necesiten un espacio que puedan usar los espacios de manera justa”, relató.
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