Metrópoli

El Ajusco, convertido en ruta de búsquedas

Árboles, postes y bardas están cubiertos de fichas de desaparecidos; las salidas familiares en la zona se han transformado en brigadas de rastreo

Desde los primeros metros de la carretera Picacho-Ajusco y conforme se avanza en la zona boscosa, las fichas de búsqueda abundan. Fotos: Juan Carlos Williams / EL UNIVERSAL
03/01/2026 |01:59
Juan Carlos Williams
Reportero de la sección MetrópoliVer perfil

En el , el paisaje cambió de nombre. Para las y los colectivos ya no es solo una carretera de bosque y miradores: hoy es conocido como el Sendero de los rostros de los desaparecidos, porque, a lo largo de kilómetros, los árboles, postes y bardas están cubiertos por fichas de búsqueda que miran de frente a quienes transitan por la zona.





En diciembre, cuando tradicionalmente familias subían a comprar árboles de Navidad o a pasar el día, ahora se multiplican las brigadas de búsqueda. Las fechas festivas se transformaron en jornadas de rastreo, pegado de carteles y recorridos a pie por veredas, barrancas y caminos de terracería.

En la alcaldía Tlalpan, durante 2025 se registraron al menos 131 personas desaparecidas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Una parte importante de estos casos tiene como punto común la zona del Ajusco, donde la falta de señal telefónica, escaso alumbrado y la limitada vigilancia complican las labores de auxilio, advierten colectivos.

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“Aquí, cuando se va la señal, también se va la gente”, comenta un habitante de la zona que pide el anonimato. “Por eso las mamás lo bautizaron así, porque cada semana aparece una cara nueva colgada de los árboles”.

Desde los primeros metros de la carretera Picacho-Ajusco, a unos pasos de Periférico, una lona anuncia la búsqueda de personas. Conforme se avanza, las fichas se repiten. Más adelante, ya en la zona boscosa, los anuncios de gotcha y restaurantes quedan ocultos entre tapices de rostros impresos, nombres y teléfonos de contacto. “Ayúdanos. Podrían ser tus hijos”, se lee en varias mantas.

Las desapariciones no responden a un solo perfil. Hay estudiantes, profesionistas, mujeres jóvenes y adultos que conocían la zona y aun así, no regresaron. Entre los casos que se repiten en los carteles están los de Ana Amelia García Gámez, Pamela Gallardo Volante, Luis Óscar Ayala García y Ólin Hernando Vargas Ojeda.

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Ana Amelia tenía 19 años y era estudiante. El día que desapareció planeaba subir al Pico del Águila con amigos. Ellos no llegaron y ella decidió continuar sola. En la cima se tomó una fotografía con cuatro personas más. Esa imagen es el último registro de su presencia. Nunca se confirmó si descendió. Desde entonces, sus padres recorren el Ajusco con fotografías en mano. “Ella conocía el lugar, no era imprudente”, comenta un vecino que los ha visto buscar durante meses.

Pamela Gallardo Volante desapareció el 4 de noviembre de 2017, tras asistir a un festival de música electrónica en el kilómetro 13.5 de la carretera Picacho-Ajusco. Tenía 23 años. Fue vista por última vez después de una discusión con su pareja al salir del evento. Desde entonces, su madre se convirtió en una de las figuras más visibles de la búsqueda en la ciudad. Su rostro, impreso una y otra vez, es de los más reconocibles en el sendero.

Luis Óscar Ayala García, dentista de 48 años, desapareció el 16 de septiembre. Antes de perder contacto envió un mensaje a su esposa: “Amor, estoy en el Ajusco, pero casi no hay señal”. Su automóvil fue localizado en la zona, pero él no estaba cerca. Ese mensaje se repite entre quienes conocen el caso como una advertencia involuntaria.

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Ólin Hernando Vargas Ojeda, estudiante de ingeniería de 24 años, desapareció el 26 de noviembre de 2024 en el paraje Valle de Tezontle. Sus fichas de búsqueda cuelgan de varios árboles; algunas ya están desgastadas por la lluvia. “Aquí seguimos viniendo porque aquí fue la última vez que lo vimos”, comenta un familiar durante una de las jornadas de búsqueda.

En un recorrido realizado por EL UNIVERSAL en el circuito Ajusco, se constató que en aproximadamente 30 kilómetros solo existen tres cámaras del C5. La señal telefónica se pierde sin importar la compañía. Automovilistas circulan con ventanas cerradas y los motociclistas evitan detenerse. En varios tramos, cinco kilómetros pueden recorrerse sin cruzarse con otro vehículo.

La vigilancia se concentra en puntos específicos, como el arco de Santo Tomás Ajusco, donde se localiza un cuartel de la Guardia Nacional. Fuera de ahí, la presencia policial es esporádica.

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