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Ruinas mazatecas, un tesoro oculto

En San Mateo Yoloxochitlán, comunidad de Oaxaca, se han encontrado al menos 25 sitios con restos prehispánicos que no han sido estudiados por el INAH

Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL
30/11/2025 |00:01
Juan Carlos Zavala
Corresponsal EL UNIVERSAL Oaxaca Ver perfil

Oaxaca.— A más de mil 500 metros sobre el nivel del mar, en un cerro que los pobladores llaman El Fortín y sobre el cual se levantan cultivos de maíz y café, Efrén Contreras García desenfunda su machete para cortar la hierba alrededor de un pequeño montículo; así, deja al descubierto una apertura con marco de dos piedras que se sostienen una a otra en forma triangular, y por el que apenas cabe una persona; adentro, se aprecia una construcción con rectangulares y ensimismadas, y tres nichos: dos en las paredes laterales y una en la pared frontal.





Los pobladores de San Mateo Yoloxochitlán, comunidad mazateca del estado de , han encontrado al menos 25 de este tipo de construcciones a lo largo de esta montaña e incluso en las partes más bajas de la población, desde una localidad llamada Boca del Río, en una extensión que abarca más de tres kilómetros.

Algunas de ellas, explica Efrén, parecen estar conectadas entre sí porque también han descubierto pasillos o pasajes por los cuales se podía caminar y que las comunican; otras, dice, no parecen tumbas, sino habitaciones.

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“Probablemente aquí se asentaron personas que huían de los mexicas, porque los mexicas únicamente llegaron hasta [Santa María] Teopoxco, y se establecieron en esta zona porque es un lugar estratégico, está casi en el centro de la Sierra Mazateca”, dice.

Esta zona arqueológica no ha sido explorada aún, pese a las gestiones que han realizado las autoridades municipales ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) y el gobierno del estado de Oaxaca.

Por eso, se desconoce hasta el momento la fecha en que fueron construidas y por quiénes. Según el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed) en su Enciclopedia de los Municipios y Delegaciones de México, es posible que se trate de un cementerio o tumbas de la realeza mazateca.

Efrén Contreras dice que algunas ruinas parecen estar conectadas entre sí, porque han descubierto pasillos o pasajes por los cuales se podía caminar y que las comunican. Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

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El Inafed detalla que la zona donde actualmente se ubica San Mateo Yoloxochitlán en la época prehispánica se llamaba Tlilhuaca en lengua náhuatl, nombre con el que se hacía referencia a Titlacahuan, uno de los nombres de Tezcatlipoca, este último considerado la deidad que creó el cielo, la Tierra y los alimentos. Y asegura que esta comunidad fungió como centro religioso de toda la zona mazateca y que por ello recibió el nombre de una deidad, dice.

Un sitio sagrado para pedir lluvia

En una de las faldas del cerro donde se encuentra la zona arqueológica, casi al pie de la montaña, los pobladores encontraron una piedra sobre la cual se encuentran labradas tres cavidades que semejan jícaras, y que ellos llaman “ollitas”.

Cuando es tiempo de sequía y las plantas empiezan a secarse, marchitarse y amenaza la producción de café y maíz, los mazatecos de San Mateo Yoloxochitlán van hacia donde se encuentran las ollitas para lavarlas, llevan copal y velas, y en su lengua piden agua porque sus cafetales y su milpa se están secando y marchitando: “Pedimos lluvia, le decimos que queremos lluvia, no se pide otra cosa más”.

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“Vamos al mediodía y ya en la tardecita empieza a relampaguear y más tarde, ya sea ese mismo día o al otro día, empieza a llover; pero sí es efectivo, venimos con unos señores de edad y se cumplió... Yo fui con mi familia y con mis nietos, nietas, y pues mero estábamos ahí cuando empezó a tronar”, narran.

La lucha por su rescate y exploración

Efrén Contreras, originario de San Mateo Yoloxochitlán, nació el 18 de junio de 1950 y a sus 75 años ha sido campesino, funcionario federal, presidente municipal y actualmente se dedica al campo: siembra café, plátanos y otros productos para su consumo, como los camotes y la yuca; pero también, es uno de los habitantes que ha insistido a las autoridades federales y estatales que la zona arqueológica sea explorada, estudiada y rescatada. Después de estudiar la primaria y secundaria, Efrén se dedicó al campo y luego ocupó diversos cargos comunitarios hasta que fue tesorero municipal en 1968.

De ahí trabajó en la Comisión Nacional para la Erradicación del Paludismo, un organismo ya desaparecido; posteriormente se inscribió en un curso de cafeticultura en Xalapa, Veracruz, y consiguió un trabajo en el entonces Instituto Mexicano del Café (Inmecafe).

Los pobladores de Yoloxochitlán, comunidad mazateca de Oaxaca, han encontrado al menos 25 ruinas a lo largo de la montaña. Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

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“Y ya de ahí estuve buenos años hasta que el Inmecafe desaparece en 1992, pues ya nos liquidaron y ya a cierta edad todavía me tocó la ley del ISSSTE anterior, y me pensionaron a los 55 años de edad y recibo mi pensión, y pues me dedico al campo”.

De 1996 a 1998 fue presidente municipal de San Mateo Yoloxochitlán y fue ahí que solicitó al INAH que realizara investigaciones y exploraciones para descubrir la zona arqueológica, pero la respuesta fue negativa por falta de presupuesto. El entonces gobernador de Oaxaca, Heladio Ramírez López, les recomendó “volver a tapar” las ruinas “para que no se siguiera deteriorando y saqueando”.

“[El gobernador] vino hasta aquí caminando desde el centro, y fue así porque no había camino. Ya cuando me tocó ser presidente fue cuando se hizo el camino por donde nos venimos”, cuenta.

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El sueño de Efrén es que se convierta en una zona protegida y que las generaciones futuras conozcan su importancia. “Tienen que conocer qué es la riqueza cultural que encierra esta zona arqueológica, porque tiene mucho qué decir. Las piedras nos tienen mucho qué decir”.

La propiedad de la tierra, un obstáculo para su rescate

Una de las particularidades de la nación mazateca es que la propiedad de la tierra no es colectiva como en la mayoría de los pueblos originarios de Oaxaca, donde la tierra es mayormente comunal y/o ejidal, la propiedad es privada, explica Efrén.

Esto también ocurre en San Mateo Yoloxochitlán y de alguna manera afecta a la zona arqueológica, la cual pertenece a múltiples personas con pequeños predios.

En las ruinas se aprecia una construcción con rocas talladas rectangulares y encimadas, y tres nichos. Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL

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“Son varios dueños. Aquí es un dueño, más adelante es otro dueño. Aquí son pedazos, son predios pequeños pues. Aquí pues ha de ser como, póngale unas 30 personas que dicen que son de ellos, y que dicen que tiene su escritura privada”, comenta. Esta escritura no es escritura pública, sino un documento en el que la autoridad municipal les reconoce como propietarios de un pedazo de la montaña.

En todo lo que es la región Mazateca, agrega, no hay una resolución presidencial en la que se reconozca la propiedad colectiva de la tierra. Y advierte que este es otro obstáculo, además de la falta de recursos para estudiar la zona arqueológica, porque primero se deberá pagar a los pequeños propietarios cada uno de sus terrenos y que se pueda convertir en una zona protegida.

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