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Con motosierras y machetes, arqueólogos e investigadores se abrieron paso y descubrieron Minanbé, que significa en lengua maya “No hay camino”, una pequeña ciudad en la selva maya en Campeche, a mitad de la carretera entre Escárcega y Chetumal, en una región donde no hay zonas arqueológicas registradas y que supone uno de los hallazgos más representativos de los últimos años.
Enclavados en la selva maya, el arqueólogo esloveno Ivan Šprajc y un equipo de más de diez personas acamparon en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Calakmul para hallar este sitio, el cual ya había sido registrado por Šprajc mediante búsquedas en mapas, pero nunca explorado por humanos y menos por investigadores.
En ese territorio virgen, se alza Minambé, que parece haber estado oculta por centenas de años. Es un asentamiento de 15 hectáreas, un núcleo urbano, con plazas rodeadas de edificios palaciegos y religiosos, terrazas y humedales con canalizaciones hidráulicas. Destaca un templo piramidal que supera los 13 metros de altura, con características arquitectónicas de estilo Río Bec, y 14 estelas y altares.
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En entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL, Ivan Šprajc dá más detalles de su hallazgo, de los días que acampó al lado de un lago en el interior de la selva maya y de los resultados del descubrimiento, una investigación posible gracias a los permisos del INAH y financiada por la Agencia Eslovena de Investigación e Innovación.
El arqueólogo narra que desde hace años pidió escaneos láser aerotransportado (LiDAR), ya que detectó, mediante búsquedas en Google Earth y otras herramientas parecidas, terrenos irregulares que podrían suponer alguna clase de ciudad o asentamiento.
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Ya con los escaneos LiDAR, Šprajc decidió explorar la zona físicamente, y el hallazgo fue impresionante para él y los demás arqueólogos. “Tres de estas áreas, de estas zonas escaneadas, ya las revisamos en los años 2023 y 2024, y ahora en la cuarta, de la que ahora hablamos, esa que se extiende al poniente del área de Chactún, en esa ya habíamos observado varios sitios arqueológicos, varios vestigios, pero para saber algo más, hay que ir al campo, con el LiDAR no lo puedes saber todo”, explica el investigador.

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Abriendo brecha
Una particularidad importante de este nuevo hallazgo es que no había caminos para llegar, de tal forma que Šprajc y los otros investigadores tuvieron que abrirse paso en medio de la vegetación.
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“Antes, tanto en la Biosfera de Calakmul, había actividad, había explotación maderera, había caminos madereros los llamados callejones, que claro, están todos abandonados y desmontados, pero es posible reabrirlos, quitar la vegetación secundaria con machetes, motosierras, y así acercarnos a las zonas de interés con vehículos, que son indispensables para transportar agua, víveres y el equipo. Ahora, en este caso, pues no se observaban en las imágenes LIDAR ningunos callejones, entonces lo que tuvimos que hacer es acercarnos desde la carretera que conduce de Xpujil hacia el norte, encontramos un cuerpo de agua luego de explorar, ahí decidimos acampar”, relata Šprajc.
Ya en sitio, y luego de alquilar varias cuatrimotos para desplazarse, el arqueólogo y sus investigadores se abrieron paso entre la selva con machetes y motosierras.
“Acampamos un mes al lado del lago, de marzo a abril, y lo hicimos a la antigua, es decir, nos abrimos camino con las manos, no había de otra, ahí no hay de otra más que abrirse paso, pero, claro, lo hicimos de tal forma para no afectar la naturaleza ni la Biosfera”, detalla el investigador.
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Los enigmas
Ya en el lugar, los hallazgos no dejaron de sorprender al equipo. Šprajc relata que es inusual encontrar estelas con relieves y glifos, lo que hace del descubrimiento algo inusual. Más allá del arte maya, dichas estelas estaban modificadas e incluso colocadas en posiciones peculiares, es decir, alguien las acomodó de cierta forma, tal vez para hacer un ritual o para intentar decirle algo a los dioses.
El sitio, cuenta Šprajc, tiene un perímetro de 15 hectáreas. Es modesto a comparación de otras ciudades de la época maya. De acuerdo con el epigrafista del equipo, Octavio Esparza, los glifos datan del periodo Clásico Tardío, entre el año 600 y 900 de nuestra era.
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Incluso, una de las estelas tiene la fecha del año 849, lo que da más certeza a los investigadores de que la zona estuvo habitada previo al colapso maya. Sin embargo, y Šprajc lo recalca, es que las estelas no fueron manipuladas por saqueadores u otro grupo contemporáneo, y llama sumamente la atención que encontraron los vestigios acomodados con una intención de quien o quienes lo hicieron.
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“Cuando hay saqueo, eso se nota, porque hay excavación, hay calas de saqueo, aquí no había nada de ningún resto de esta actividad, nada moderno, nada reciente y, además, los saqueadores no rompen las estelas, no les interesa. Si acaso quieren cortar las partes esculpidas con relieve o con glifos para venderlas, pero no había indicio alguno de actividad reciente.
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“Hallamos algunos monumentos rotos, francamente fracturados, y otros movidos. Lo más evidente de que no era obra de saqueadores, era un altar enorme, cuadrangular, que originalmente debió estar en unos soportes cúbicos”, relata el investigador.
Una posible explicación a este reacomodo de las estelas es que, posterior al apogeo del sitio, un grupo opositor llegó e intentó reinterpretar esas piezas o sus representaciones.
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“Así que nuestra explicación, que por lo pronto parece la más probable, es que, en algún momento, posterior al apogeo del sitio, llegaron otros grupos, por lo pronto no sabemos de dónde, que no compartían todos los valores, conceptos, con la población anterior, incluso a lo mejor había hostilidad, porque curiosamente todos los monumentos alterados tienen glifos”, explica el arqueólogo.
En el sitio también se halló cerámica, misma que sigue en análisis para determinar una fecha más concreta de esa ciudad.
Llama la atención que una de las representaciones de las estelas muestra a un hombre decapitando a otro. “En este caso no parece autosacrificio porque hay otro individuo que está usando ahí el cuchillo, pero lo malo es que no hay texto, ya está erosionado y no podemos leerlo”.
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Parte de los trabajos en el sitio consistieron en hacer pozos de sondeo, que es donde se halló cerámica. De los resultados previos e interpretaciones tempranas, se cree que toda la región de las Tierras Bajas Mayas Centrales pudo ser habitada por 9 millones de mayas.
La conclusión de Šprajc, y que detalla a este diario, es que la ciudad vivió un apogeo, luego otro grupo llegó previo al colapso maya, e intentó reinterpretar el discurso ideológico o social de esa ciudad, de ahí el reacomodo de las estelas con arte maya.
La investigación fue apoyada por Ken and Julie Jones Charitable Foundation, por Milwaukee Audubon Society, y por Peter Thornquist, Leslie Martin, así como por las empresas eslovenas Adria Kombi, Ars longa y Artos. Una gran exploración que contó con el visto bueno del Consejo de Arqueología del INAH.
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