De cada 10 libros que se compran en México, cinco son pirata, producidos y comercializados por la piratería industrializada, como la denomina Quetzalli de la Concha, abogada y presidenta del Centro Mexicano de Protección y Fomento a los Derechos de Autor (CeMPro), quien afirma que, para decirlo con palabras más estrictas, “la delincuencia del libro roba más del 50% de la industria editorial y de lo que se tendría que producir en la industria editorial mexicana”.
La experta en derecho de autor dice a EL UNIVERSAL que, en proporción a otras industrias, tal vez no es una industria tan grande por el índice de lectura que, según datos, el mexicano lee en promedio 2.4 libros al año, sin embargo, es un negocio que podría superar los 19 mil millones de pesos.
“Y eso tiene que ver con que también el consumidor está cayendo en el engaño de estas redes de delincuencia que venden libros como un esquema de negocio, pero nunca hay que olvidarlo como una forma de blanqueo y de difuminación de dinero y de recursos que vienen de otras líneas de negocios ilícitos que tienen, como es la venta de drogas, la trata de personas, el tráfico de armas y entonces no hay que perder de vista la relación que hay entre esta venta de piratería”, afirma la abogada.
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CeMPro, en colaboración con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), han realizado en este primer semestre del año una investigación y un mapeo de la piratería industrial en México que están terminando de analizar para presentar ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) y la Fiscalía General de la República.
“Este es el tamaño del monstruo al que nos estamos enfrentando y esto es lo que hemos estado compartiendo con las autoridades principalmente del IMPI”, afirma De la Concha, quien cuenta que están en medio del análisis de la información e investigación recabada y con la cual están terminado de hacer un mapeo de la piratería industrial en México.
“Con mucho cuidado y dedicación, desde el CeMPro y Caniem, nos hemos dedicado a mapear zonas de distribución, comercialización y de almacenamiento de libro pirata. Hay muchísimas bodegas clandestinas en diversas zonas, tanto del centro de la Ciudad, como en Iztapalapa, Naucalpan, Ciudad Neza. También tenemos cierto mapeo de cuáles son estas bodegas de producción, no solamente las de almacenamiento, sino también las de producción”, asegura la abogada.
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La investigación les ha dado otro dato: que estos libros pirata no solamente se están distribuyendo dentro de nuestro país, también ya están saliendo hacia Centroamérica. “El tamaño del problema es así de grande”, dice la abogada, quien reconoce que han tenido buena receptividad del IMPI y ahora espera que pueda realizar acciones efectivas para atacar la venta y la comercialización.
Y es que la piratería de libros ha crecido exponencialmente porque no ha habido operativos de incautación. El último realizado por las autoridades fue en 2019.
La abogada informa que tan solo para los editores de libros de texto la piratería representa un decrecimiento superior a 35%.
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Por la investigación también saben que han crecido los puntos de distribución en estados como Puebla, Veracruz, Oaxaca, Querétaro, Michoacán y Jalisco, que son un mercado muy importante para la delincuencia organizada.

Robo al Estado
La piratería es una industria ilegal que, además de robar el trabajo de autores y editores, le roba al Estado porque no paga impuestos y, por lo tanto, le roba a la ciudadanía.
Aunque la industria del libro en México no ha podido realizar un nuevo análisis de impacto económico porque implica estudios muy complejos y profundos, el último estudio que se hizo desde la Coalición por el Acceso Legal a la Cultura, data de 2015, y allí se denunciaba que, por contenidos creativos, no solamente de libros, sino texto, música y audiovisual, en aquel momento, estas redes de delincuencia de piratería generaban un negocio de cerca de 16 mil millones de pesos.
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“Estamos hablando de hace más de una década. Aunque no hemos podido realizar un estudio porque eso es muy complejo, si la piratería ha tenido un crecimiento de 15%-20% más, lo más probable es que también, lo que obtienen como ganancias por piratería, sea un 15% o 20% más de esos 15 mil millones de pesos”, afirma la abogada.
Acepta que en proporción a otras industrias, la del libro tal vez no es una industria tan grande por el índice de lectura que, según los últimos datos, dicen que el mexicano lee en promedio 2.4 libros al año, sin embargo, no deja de ser una industria importante que roba a autores , a editores, al Estado y a la ciudadanía al no pagar impuestos.
El pirata, agrega, es la competencia desleal de toda la economía mexicana, pues la impulsan organizaciones que piratean textiles, medicamentos, consumibles, alimentos, autopartes, piratean todo. “Lo que te imagines que podemos consumir ha sido pirateado, y el libro no es la excepción”, indica la especialista.
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Pero es una piratería industrializada. “Y esa piratería industrializada es operada y es un punto de tránsito económico para las redes de delincuencia organizada que tienen una fuerza de producción y de distribución abrumadora, que es esa fuerza, para decirlo con palabras más estrictas, que roba más del 50% de la industria editorial y de lo que se tendría que producir en la industria editorial mexicana”.
Estas redes de delincuencia organizada en México, explica, tienen secuestrados diversos sectores y zonas del país y de la sociedad, además al consumidor-lector y a la industria editorial. “Eso es sumamente grave porque a través del engaño y la normalización del comercio informal es como logran tener distribuciones de más de 20 mil, 30 mil ejemplares”. O hasta de 300 mil ejemplares, como calculan, ocurrió el año pasado con un libro de enseñanza de la lectura.
“Tenemos tan normalizado el comercio informal que es donde se comercializan estos libros piratas , que el consumidor ya no distingue que está comprando piratería”.
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También dice que el comerciante a pie de calle es solamente un eslabón utilizado por estas redes, pero cientos de personas trabajando para operar las imprentas, las bodegas y hacer distribución de ejemplares. “En las investigaciones que hemos hecho, evidentemente son bodegas a puerta cerrada, muchas trabajan de noche o cuando hacen las salidas de la mercancía, lo hacen en horarios muy irregulares, durante la madrugada, en vehículos que operan de manera clandestina”, afirma.
También llama a atender el mercado digital. “Hay un crecimiento preocupante, de venta de libros impresos, piratas, en plataformas de mercado digital como Amazon, Temu y en plataformas como TikTok. Hasta ahorita la única plataforma que hecho acciones para generar líneas de control y evitar que se venda piratería en su sitio es Mercado Libre”.
“Nuestra investigación está completa en todo lo que tiene que ver tanto con comercio, almacenamiento y producción”, ahora faltan las acciones de las autoridades, dice, pero reconoce que el Mundial de futbol ha paralizado cuestiones de seguridad, en tanto los libros pirata se venden en las zonas cercanas al Centro Histórico, donde se mueve una gran cantidad de comercio informal de todo tipo.
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