Bien dicen que el chisme cura el alma y algo así fue para el periodista Rafael Cabrera (Ciudad de México, 1983) escribir Redada en una fiesta hippie (Debate, 2026), una historia en la que la mota, el alcohol, Las Lomas, el Palacio de Lecumberri, el “desmadre”, la represión y figuras culturales como el director Alejandro Jodorowsky, los actores Isela Vega y Jorge Luke, y los artistas Helen Escobedo y Arnaldo Coen son algunos de sus componentes.
Agotado por cubrir durante años las fuentes policiacas y políticas, Cabrera encontró un tema que le devolvía la “emoción casi infantil” que, dice, es necesaria para reportear, por lo que pasó de investigar la Casa Blanca del expresidente Enrique Peña Nieto, a indagar sobre otra casa en Las Lomas, que también protagonizó un escándalo nacional, pero hace 55 años, por haber sido el lugar donde una simple fiesta dio pie a un fuerte acto de represión a la contracultura mexicana. Más de 10 años de investigación y horas de entrevistas con los involucrados, entre ellos uno de los dueños de la casa, José Toribio Esquivel Obregón Moreno, dieron forma a este libro que con lujo de detalle da luz sobre lo que ocurrió la noche del 13 de febrero de 1971 y que se dio a conocer en la época por los medios como una “redada en una orgía hippie”.
“Todo está basado en los testimonios de los entrevistados, no hay nada ficticio, no había necesidad”, dice Cabrera.
Todo comenzó con un despechado fotógrafo de publicidad veinteañero Manuel Toribio Esquivel Obregón Moreno, quien decidió hacer una fiesta a propósito de su divorcio. Su deseo era una fiesta tan grande que pidió a su círculo cercano que corriera la voz. Así fue como se corrió la invitación de boca en boca por la Zona Rosa, Televicentro, la UNAM y más. Esa noche de febrero del 71, al domicilio de Reforma 935 llegaron un total de 143 personas, que Cabrera describe como “una bola de antisistemas, una bola de raritos” y que presenta en “un libro desmadroso” de “periodismo burlón”. Por ejemplo, entre esos “hippies” —término que, dice el autor, se usaba en la época para englobar a todos los que eran diferentes— estaban Jodorowsky “con su libertad creativa” y paranoia porque se sabía vigilado (además esa noche estaba agripado), o Isela Vega “encuerándose y siendo dueña de su cuerpo”.

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“Cada uno de ellos tenía una especie de rebeldía. La verdad es que es una pandilla muy padre. Terminé (el libro) con ese sentimiento de que me pasé el verano con mis amigos, echando desmadre”, añade el también autor de los libros La casa blanca de Enrique Peña Nieto y Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro.
Con apenas tres horas de iniciada la fiesta —donde sí había droga y alcohol, pero según los testimonios no hubo orgías ni pornografía—, casi todos fueron detenidos por Arturo El Negro Durazo, a excepción de Olga Breeskin, que hasta la fecha sigue siendo para varios una incógnita cómo es que pudo librarse.
“Se me hace como muy interesante la participación de El Negro Durazo, como policía judicial federal, no todavía como jefe de la policía de la Ciudad de México, esto ocurre cinco años antes. Además que él, todavía dos meses antes de la redada, también se chingara a José Agustín… es muy significativo el impacto que tuvo en la vida cultural”, declara Cabrera.

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Este ambiente de represión en la vida nocturna mexicana no era algo inédito en Mexico, al periodista le recuerda al caso del Baile de los 41, que ocurrió en 1901.
“Una fiesta privada de gente siendo feliz, pasándola bien, sin hacer daño a nadie. En ambos momentos, con 70 años de diferencia, hay una irrupción de las autoridades metiéndose a una casa. A eso se suman la prensa y la sociedad, celebrando y exhibiendo a estas personas, tanto a los 41 como a los 143 hippies, haciendo pues escarnio y burla. Ahora también puede pasar, pero creo que tal vez sería distinto. Quiero pensar que puede ser distinto”, añade.
Sobre cuál fue el motivo para hacer una redada en esa fiesta, ni Cabrera ni los testigos lo tienen claro. Hay varias teorías que se abordan en el libro, donde incluso la traición pudo ser un factor. El autor señala que no había un motivo político o de protesta explícito en el encuentro, por lo que considera que pudo haber sido más una cuestión sobre persecución contra la marihuana, un golpe a “la doble moral” que había en la clase alta y un posible mensaje a Estados Unidos, gobernado por Nixon, para demostrar que sí se estaba combatiendo el consumo de drogas en México.

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“¿Cuántas vidas se destruyeron por esta persecución tan maniaca contra la mota? Qué horror, haber acabado tu vida nada más por un policía culero básicamente, que te agarró con una cosa muy chiquita de mota o que te la haya sembrado”, cuestiona Rafael Cabrera.
Efecto mariposa
La fiesta y su consecuente redada tuvo un “efecto mariposa” entre los asistentes y la escena cultural: “la redada no los apagó, al contrario, fue como gasolina”, comenta Cabrera. A esta fiesta le siguió en septiembre de ese año Avándaro, donde asistieron algunos de los fiesteros, por ejemplo ahí el dramaturgo Eduardo Ruiz Saviñón presentó su ópera rock Tommy. Otro ejemplo, quizás el más entrañable, es el desarrollo de la carrera de Arturo Vega Quiñones, “el corazón del libro”, a juicio de Cabrera. El entonces joven artista queer fue el blanco de humillaciones de la policía durante la redada, por su cabello largo y por usar ese día una blusa de mujer. Cuando fue detenido, se enfrentó a las burlas y gritos de la palabra “maricón” por parte de las autoridades. Una vez que salió, documenta Cabrera, Vega no se volvió a hallar y se aventuró a hacer su carrera en Nueva York, donde trabajó vendiendo sándwiches y creando, hasta que conectó a través de sus gustos musicales con su vecino, apodado DeeDee y quien recién comenzaba una banda que se llamó The Ramones. La amistad fue tal que Vega diseñó el logo de la ahora legendaria banda punk, trabajo por el que recibió regalías hasta su muerte.
“Fue un efecto indirecto de la fiesta. Una persona queer, reprimida y exhibida en los medios por la homofobia y que eventualmente termina haciendo este logo punk me parece una venganza muy bonita”, comenta el autor sobre lo que el destino le deparó a Arturo Vega.

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Pero el efecto mariposa no sólo se limitó a las vidas de los asistentes de la fiesta, hay repercuciones hasta nuestros días.
“Estas personas que fueron reprimidas durante décadas, a ellas les debemos esa libertad. Lo pienso por mí, pelón, moreno, gay con tatuajes, no mames, me hubieran detenido en cada esquina en los 70. Pueden parecer libertades muy mínimas, el detalle del cabello largo, el piercing, andar en minifalda, pero al final del día es el libre desarrollo de la personalidad, de ser uno mismo, ser quien se te dé la gana. Alguien me dijo ‘la contracultura de los 70 es la realidad de ahorita’. Somos ahorita todo por lo que ellos lucharon”, reflexiona Rafael Cabrera.
Redada en una fiesta hippie tuvo una exposición en el centro cultural Bellas Hartas, que el periodista espera pueda itinerar a Guadalajara, durante la Feria Internacional del Libro.
La historia también será llevada al formato podcast.
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