La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco trabaja en la crianza de 800 ejemplares de Ambystoma mexicanum, el ajolote endémico de Xochimilco —especie amenazada por la mancha urbana, la contaminación y, en mayor medida, por la falta de políticas públicas para proteger las áreas naturales de los lagos y canales de la zona— con el objetivo de liberarlos en el lago Huetzalin, dentro del Parque Ecológico de esa demarcación.
Las dos caras de la realidad chocan en un mismo lugar: los ajolotes son criados en el Centro de investigaciones Biológicas y Acuícolas de Xochimilco (CIBAC), a unos metros del embarcadero de Cuemanco, lugar turístico donde a diario se producen importantes cantidades de basura, contaminación auditiva, aglomeración de personas y contaminación del lago.
Sin embargo, estos ejemplares de ajolote son criados bajo condiciones especiales con el objetivo de garantizar su supervivencia hasta el momento en que sean introducidos en el lago Huetzalin.
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En entrevista, el director del CIBAC, el doctor José Antonio Ocampo Cervantes, explica el proceso en que estos ajolotes son criados y detalla la forma en que serán liberados según las normas sanitarias y de protección animal.
Ocampo explica que es la segunda vez que realizan un procedimiento como este, ya que en el 2013 liberaron 3 mil 500 ejemplares en los canales de San Gregorio. “En esa ocasión fue complicado dar seguimiento porque es un canal muy grande, pero aproximadamente después de un año logramos capturar algunos ajolotes que liberamos y se demostró que se adaptaron y sobrevivieron al ambiente”, explica.
La ventaja de esta introducción, explica el investigador, es que el lago Huetzalin es un sitio con mayor control y es alimentado directamente por la planta de tratamiento de aguas residuales. “No es un lago tan golpeado por los drenajes clandestinos”, señala Ocampo.
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Además del estudio de la adaptación silvestre del ajolote, el objetivo de este proyecto es crear un santuario de ajolotes, un sitio seguro que permita su reproducción y concientice a la población sobre la importancia que tiene el ajolote como un anfibio medidor de la calidad del agua y del ecosistema en general. “Es un sitio que tiene las condiciones adecuadas para poder establecer una colonia reproductiva en condiciones silvestres”.
El ciclo
Ocampo explica el proceso de crianza del ajolote, que comienza con la reproducción de los anfibios, incluso fuera de su temporada. “Hacemos todo el ciclo de cultivo aquí, con todos los cuidados y siguiendo las normativas, no utilizamos hormonas. Lo que hicimos primero fue obtener los ejemplares, calculamos en total tener 800, pero en el proceso puede haber mortalidad, la gente cree que son inmortales porque se regeneran, pero no es así”. Una hembra de ajolote puede poner hasta mil huevos, pero solo algunos llegan a eclosionar.
En el CIBAC, los ajolotes viven en unos estanques a unos metros de los laboratorios. Ahí mismo, dice Ocampo, hay depredadores, como aves y serpientes.
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Son alimentados con gusano de fango, alimento especial que garantiza su salud y que logren llegar sin problemas al momento de la liberación en el lago.
A un tercio de los ejemplares, ya en una edad y tamaño medio, se les colocará un microchip con el objetivo de rastrearlos en el futuro y conocer si se adaptaron y lograron sobrevivir al entorno silvestre.
“A diferencia de lo que hicimos en 2013, estamos proyectando tener más control de los factores, eso va desde el lago y el seguimiento, en ese momento casi no pudimos hacer seguimiento, la idea ahora es tener un sitio más cercano y controlado, la tecnología de microchips no estaba tan desarrollada, ya son mucho más pequeños y económicos”, explica Ocampo.

En una de las peceras del CIBAC, vive un ajolote de casi 30 centímetros, el cual, explica el investigador, tiene aproximadamente entre 8 y 9 años. En entornos controlados, los ajolotes pueden vivir hasta 20 años y alcanzar los 30 centímetros de largo.
En vida silvestre, la realidad es otra. “En vida silvestre, en promedio, viven entre 5 y 6 años, pero por los depredadores, son animales que son cazados por otros, y también les puede afectar la calidad del agua”, señala.
Una vez liberados, la propuesta es volver a los dos meses para hacer recapturas y conocer datos precisos, explica Ocampo. “Se realizarán estas recapturas para tomar datos de peso, talla, producción corporal, incluso muestras de sangre para ver cómo están”.
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Incluso, explica, se tratará de conocer qué pasa a nivel genético con los ajolotes por el tema del agua contaminada. Estiman que sobrevivan al entorno exterior del 15% al 20% de los ajolotes liberados. La proyección de Ocampo es realizar la liberación a finales de este año o a inicios de 2027, una vez que se cuenten con todos los permisos necesarios y con las condiciones óptimas de los anfibios.
La contradicción
Ocampo Cervantes es crítico con la llamada “ajolotización” realizada por el gobierno de la CDMX y su titular, Clara Brugada, pues usó al ajolote como mascota para promocionar el Mundial de Futbol.
Explica que en febrero de 2022, cuando Brugada dirigía Iztapalapa, ella y otros alcaldes morenistas hicieron “el ajolotón”: arrojaron 600 ajolotes en un lago de Xochimilco sin ningún permiso de la Secretaría de Medio Ambiente y sin ningún asesoramiento académico o profesional.
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El canal donde fueron arrojados no estaba en condiciones para los ejemplares. “Luego de que sucedió el ‘ajolotón’, Brugada mandó a sus asesores para intentar, digamos, que les cubriéramos la espalda, pidieron que firmáramos un convenio de colaboración con fecha anterior al evento; pero como institución seria, no podíamos hacer eso, y se puede revisar el video de dicho evento, ahí se ve todo lo que hicieron mal”, apunta Ocampo.
Y rechaza que solo se use al ajolote como figura para adornar calles y paredes, cuando la realidad es que no hay políticas de conservación de la especie ni de áreas naturales donde se desarrolla.
“Muchos ajolotes morados, pero ¿dónde está el presupuesto para rescatar el ecosistema, por lo menos para mantener lo que tenemos? Hay una presión constante de asentamientos irregulares en la zona oriente, que son terrenos usados como botín político cuando hay elecciones y afectan al ecosistema, a las zonas naturales protegidas”.
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