Entre tablas de madera, pintura de colores y herramientas de carpintería, el taller de Alejandro del Monte da forma a una de las embarcaciones más representativas de los canales del sur de la capital. Ha dedicado toda su vida al oficio de la astillería.
El negocio lo heredó de su padre, quien fue de los primeros en instalar un espacio dedicado a la fabricación de trajineras. Ahí construyen las embarcaciones desde cero o realizan reparaciones. El trabajo se hace, principalmente, con madera de pino y técnicas artesanales que se han transmitido de generación en generación. Los colores que adornan cada trajinera responden a una tradición que sigue hasta hoy.
La fabricación de una embarcación completa puede tomar 10 días. Las más grandes miden cerca de 2.50 metros de ancho por 2.10 de largo y su precio oscila entre 40 mil y 50 mil pesos. Su duración depende del uso y mantenimiento que reciban. El trabajo se realiza de lunes a sábado cerca del Embarcadero Nativitas. Para Del Monte, seguir con este oficio representa mantener vivo el legado de su padre.

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