En el marco de la celebración de las fiestas patrias, la Conferencia del Episcopado de México (CEM) sostuvo que en México “sigue sangrando la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad que humilla y el desplazamiento forzado de comunidades enteras”.
A través de un comunicado, afirmó que, aunque se ha avanzado en conciencia de derechos, en participación de las mujeres, en instituciones que se han querido fortalecer, en solidaridad ante los desastres y en un anhelo social de paz que ya nadie puede ignorar, “celebrar la Independencia no es cerrar los ojos: es recordar de dónde venimos para tener el ánimo de seguir construyendo”.
“Damos gracias por esta tierra, por su gente laboriosa, por su hospitalidad, por su capacidad —tantas veces probada— de levantarse después del dolor. México no es una idea abstracta: son rostros, familias, comunidades, pueblos originarios, migrantes que llegan y que parten, jóvenes que sueñan y ancianos que recuerdan”, expresó.

Adicionalmente, llamó a proteger y cuidar la libertad de expresión, que, dijo, exige medios plurales, periodistas protegidos y un debate público que no descalifique al que piensa distinto, y la libertad religiosa, que no se reduce al culto dentro de un templo, sino que comprende el derecho de creer, de educar conforme a las propias convicciones, de asociarse, de servir y de aportar públicamente al bien común.
En ese sentido, exhortó a los gobernantes de todos los órdenes a que la libertad no sea concesión sino garantía; que la seguridad y la justicia dejen de ser promesa; y que se escuche a las víctimas.
Además, en vísperas del nuevo proceso electoral, demandó que el debate público esté a la altura del pueblo que lo sostiene e invitó a los ciudadanos a amar a México con honradez cotidiana, con participación, con cumplimiento de lo que a cada quien corresponde y cuidando del que menos tiene.
Asimismo, aseguró que la Iglesia no es huésped en México, sino que es parte de su tejido social y enfatizó que actualmente tiene presencia en colegios, universidades y fundaciones educativas; casas del migrante, comedores, dispensarios, albergues para mujeres y niños; centros de defensa de los derechos humanos; el acompañamiento a las víctimas y a sus familias; la reconstrucción del tejido social y el trabajo constante por la paz.
“Todo ello nace de la generosidad libre y casi siempre anónima de millones de fieles. Con esa misma generosidad conservamos en pie y abiertos miles de templos que son patrimonio de la Nación y casa de todos, incluso de quienes no comparten nuestra fe. Esto lo decimos para recordar algo sencillo: el tejido social, la libertad y la paz en México se sostienen también con el trabajo callado y efectivo de los creyentes”, expuso.
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