Mientras unas mujeres tejían nombres de las que ya no están, otras elaboraban carteles, unas más organizaban contingentes y el resto, lloraba a sus hijas, madres y hermanas asesinadas o desaparecidas. Este domingo 8 de marzo, la marea morada tomó las calles para exigir un alto a todas las violencias, a toda la impunidad e indiferencia de una sociedad que ha alimentado la .

Desde la Ciudad de México, marcharon niñas con alitas de hada y mariposas, jóvenes acompañadas de sus perritos, familias buscadoras que cubrían el camino con brillos y confetis. Sobrevivientes de intentos de feminicidio alzaron bengalas con humo violeta… todas y cada una, gritaron: “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”.

Lo que comenzó con pequeños grupos de activistas reunidas en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, se convirtió en una de las manifestaciones más grandes del país. Cada mujer marchó por su historia, su dolor y memoria, todas denunciaron a un sistema que las oprime, violenta y mata de diferente manera, pero con la misma saña.

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Desde las 10:30 de la mañana, las mujeres dejaron claro que nadie las iba a detener de gritar por las que fueron silenciadas, de defender a quienes no les creyeron cuando contaron su testimonio, de salvar a quienes todavía están. En , visibilizaron la violencia en el noviazgo, la violencia obstétrica, psicológica, económica y estética.

También hubo tiempo para hablar sobre la violencia digital, sexual, física y simbólica, porque cuando las mujeres se organizan, nadie las frena. Desde Avenida Juárez hasta el Zócalo capitalino, las mujeres se liberaron, cantaron, brincaron y soñaron con un mundo justo para ellas.

Aspectos del Zócalo de la Ciudad de México durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer este domingo 8 de Marzo de 2026. Foto: Diego Simón Sánchez/ EL UNIVERSAL
Aspectos del Zócalo de la Ciudad de México durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer este domingo 8 de Marzo de 2026. Foto: Diego Simón Sánchez/ EL UNIVERSAL

Vestidas de morado, verde, blanco y negro, mujeres y niñas de todas las edades puntualizaron: “¡Señor, señora, no sea indiferente se mata a las mujeres delante de la gente!”. Llamaron a no normalizar la violencia en el trabajo, en las escuelas, en el transporte público y en los espacios privados.

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En una jornada de lucha que se extendió más de siete horas, manifestantes pidieron justicia por todas las bebés y niñas víctimas de abuso sexual, por las mujeres que ya no regresaron a casa, por adolescentes que hoy tienen trastornos alimenticios por estereotipos inalcanzables y por juicios de un sistema machista que odia al género femenino.

Activistas, artistas, fotógrafas, defensoras de derechos humanos, madres de víctimas de feminicidio y padres que aún buscan a sus hijas, sostuvieron que nombrarlas es una exigencia política, que sobrevivir no puede significar quedar en el olvido de un Estado cómplice de agresores.

“Marcho no solo por mí, sino por todas las mujeres de México y Latinoamérica. Marcho porque la desigualdad se pueda erradicar, marcho porque la violencia deje de ser normalizada, y marcho por un futuro de mujeres en donde puedan ser exitosas, puedan ser libres, puedan ser ellas mismas y, sobre todo, puedan ser felices sin violencia patriarcal”, dijo una joven.

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Contingentes de mujeres indígenas, con discapacidad o con hijas víctimas de violencias, señalaron la importancia de manifestaciones como estas, donde pueden expresarse sin miedo a ser juzgadas, sin miedo a ser acosadas, sin miedo a ser ellas mismas.

Miles de asistentes llegaron a un zócalo gris y lo llenaron de vida. Esas vallas metálicas que resguardan monumentos, fueron cubiertas de carteles con las frases: “Si tocan a una, respondemos todas”, “yo protesto, porque cuando me pasó a mí, sentí culpa” y “las quiero vivas, no en una carpeta de investigación”.

Todas lloraron ante los casos de abuso infantil, todas lloraron con los recuerdos de las hijitas de las madres buscadoras, todas se creyeron, nadie cuestionaba, solo se abrazaban.

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Al iniciar el mitin, todas escucharon con atención las desgarradoras cifras de violencia contra las mujeres, todas comprendieron que van más allá de números, todas eligieron tener esperanza a que algún día se pueda erradicar la violencia contra la mujer.

Aspectos durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México este domingo 8 de Marzo de 2026. Foto: Brenda Martínez/ EL UNIVERSAL
Aspectos durante la marcha por el Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México este domingo 8 de Marzo de 2026. Foto: Brenda Martínez/ EL UNIVERSAL

La marcha se extendió a las 5 de la tarde, pero antes, las jóvenes compartieron alimentos, se escucharon, se tomaron fotografías y acuerparon la lucha feminista en México, esa que ha logrado nombrar a las mujeres, esa que ha reformado y cambiado leyes, esa que acompaña a sobrevivientes.

Pidieron justicia, aborto seguro y gratuito, mejores condiciones laborales, fin al genocidio en Palestina, un sistema de cuidados, reconocimiento a su lucha, liberación a las presas políticas, un alto a los asesinatos de madres buscadoras y activistas.

Algunas terminaron tristes, cansadas, agotadas emocionalmente, otras más se dijeron optimistas, pero todas coincidieron en que la en un país donde asesinan y desaparecen a 15 mujeres al día, es una burla para ellas.

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