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Venezuela evalúa el impacto de los terremotos

La cifra de muertos llega a 188 y hay cientos de desaparecidos; equipos de rescate, autoridades y ciudadanos realizan labores de búsqueda de los sobrevivientes

Vecinos con un hombre rescatado de entre los escombros de un edificio derrumbado, al día siguiente de los terremotos que azotaron La Guaira, Venezuela. Foto: Pedro Mattey / AP
26/06/2026 |00:01
Agencias
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Caracas.— Equipos de rescate, autoridades y ciudadanos voluntarios en redoblaban ayer los esfuerzos de búsqueda de sobrevivientes entre numerosas edificaciones colapsadas tras los potentes de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el centro del país y han causado al menos 188 muertos y mil 520 heridos.





Hay al menos 200 personas atrapadas, cientos de desaparecidos, 346 construcciones dañadas, incluyendo ocho hospitales; 2 mil 927 familias damnificadas.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España informó de la muerte de dos españoles y la desaparición de otros 80. Italia reportó el deceso de uno de sus ciudadanos; Portugal confirmó el fallecimiento de dos connacionales y 56 desaparecidos; Brasil reportó dos fallecidos; hay dos dominicanos desaparecidos.

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La zona más castigada fue La Guaira, población costera vecina a Caracas y donde está el aeropuerto más importante del país, inhabilitado por el sismo. La presidenta encargada Delcy Rodríguez visitó esta región que declaró “zona de desastre” y donde la AFP constató saqueos.

Su hermano, el jefe del Parlamento, Jorge Rodríguez, indicó en una transmisión del canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) que, tras los dos terremotos, se han registrado 138 réplicas hasta las 12:00 hora local (16.00 GMT).

Delcy anunció la conformación de un fondo de 200 millones de dólares con recursos que el país tiene depositados en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que destinará a la reconstrucción de infraestructuras afectadas y a financiar la construcción de nuevas viviendas.

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También dio a conocer la creación de un fondo para la “atención inmediata de las víctimas de este desastre natural” y solicitó el apoyo del sector privado para facilitar el alquiler de “maquinaria amarilla para las labores de rescate”. “Actualmente estamos llevando a cabo intensas operaciones de rescate para salvar vidas”, dijo Rodríguez.

Debido a las fallas de comunicación, se lanzó la plataforma digital desaparecidosterremotovenezuela.com para poder reportar a personas desaparecidas o confirmar que los seres queridos se encuentran a salvo. Las redes sociales se convirtieron en otro canal a través del cual los venezolanos intentan localizar a sus seres queridos.

En ciudades de todo el norte de Venezuela, los residentes, presas del pánico, salieron a las calles en busca de los desaparecidos entre los escombros. Niños heridos, animales y civiles cubiertos de polvo y sangre fueron rescatados de entre los restos de hormigón.

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Una madre sollozó y se derrumbó de dolor al ver cómo envolvían en mantas los cuerpos de sus hijos de tres y 10 años y se los llevaban. Otros gritaban los nombres de sus seres queridos desaparecidos. Algunos permanecían en silencio, conmocionados. Algunos llevan su nombre escrito en marcador en una cinta atada a la muñeca y no saben su apellido ni el nombre de sus padres.

Un médico en un hospital caraqueño dijo que recibieron desde muy temprano heridos trasladados desde el balneario, donde los centros asistenciales están colapsados.

Las autoridades advirtieron a la población que no regresara a sus casas con daños estructurales.

En el centro de Caracas, cientos de personas pasaron la noche refugiadas en parques, estacionamientos y otros espacios abiertos.

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“Teníamos miedo de que los edificios se derrumbaran sobre nosotras”, dijo María Cristina Díaz, una conserje de 41 años. “Mi madre, mi hija y yo teníamos frío. No pegamos ojo en toda la noche”.

Filas de personas buscando abastecerse de alimentos, botellones de agua y combustibles se podían observar en la ciudad. Los residentes de un edificio afectado salían con maletas llenas de lo poco que lograron rescatar. Otras personas retiraban los escombros. En el acomodado barrio de Altamira un edificio de 22 plantas se vino abajo. Los vecinos gritaban los nombres de sus familiares.

En otros barrios, lo mismo: casas destruidas, edificios agrietados. “¡Ay Dios!, ¿por qué ocurre esto? ¡Ay padre!”, se lamentaba una mujer frente a otros edificios colapsados. Un hombre la abrazó para calmarla. Ayer no había ningún comercio abierto, aunque sí había gran movimiento de vehículos. “¡Está temblando, está temblando ahorita!”, alertaban los vecinos durante las réplicas, mientras la gente estaba en un esfuerzo contrarreloj para hallar sobrevivientes.

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dft

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