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Sao Paulo.— Dueño de un carácter calculador, frío y pragmático, Michel Temer dedicó casi toda su vida a la política, alcanzó la presidencia de Brasil tras la convulsa destitución de Dilma Rousseff y ayer fue arrestado por unas sospechas de corrupción que lo persiguieron durante buena parte de su mandato.
Temer, de 78 años, casado con Marcela Temer, 43 años más joven que él y padre de cinco hijos, entregó el poder el pasado 1 de enero a Jair Bolsonaro. Su mandato de dos años y medio (2016-2018) vino precedido de una de las mayores crisis políticas de la historia reciente del país, que terminó con la destitución de Dilma Rousseff.
Las revelaciones de directivos del gigante cárnico JBS provocaron que Temer se convirtiera en el primer presidente brasileño en ejercicio en ser denunciado formalmente por la fiscalía por corrupción. Y no fue una, sino dos veces. Hasta ahora, Temer siempre había salido avante.
Como discreto vicepresidente de Rousseff, se manejó siempre tras bambalinas y se vio beneficiado por el impeachment contra ella; sin embargo, su mandato ha sido tachado de gris, y llegó a batir todos los récords de impopularidad. En junio de 2018, tenía apenas 3% de índice de confianza.
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