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México entra a las masacres por imitación

Tras la tragedia en Teotihuacán, analistas alertan de las “subculturas digitales que glorifican a tiradores masivos”; “estos grupos digitales interactúan entre sí”

Estudiantes de Parkland al manifestarse en Washington. Foto: CORTESÍA BILL CLARK
25/04/2026 |02:00
Max Aub
Reportero en EUVer perfil

Miami.— El ataque armado en del pasado 20 de abril mete a México entre los países donde ocurren masacres por imitación. Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, disparó contra turistas desde la Pirámide de la Luna; mató a una canadiense e hirió a 13 personas antes de dispararse y quitarse la vida.





“La escena fue brutal, pública y deliberada”, comenta la experta en ciberseguridad Bárbara Gutiérrez a . “Lo que ocurrió en ese sitio arqueológico obliga a México a entrar, de golpe, en una conversación internacional que no puede evadirse, la de los ataques por imitación alimentados por subculturas digitales que glorifican a tiradores masivos”. Según primeras indagatorias, Jasso Ramírez estaba obsesionado con episodios de violencia masiva ocurridos particularmente en EU, en específico sobre Columbine.

El Instituto para el Diálogo Estratégico (ISD) señala a la Comunidad del Crimen Real como el sector más extremo de un fandom online cuyos participantes “se obsesionan con asesinos de alto perfil y a veces intentan una violencia similar”, explica Gutiérrez; “no se trata sólo de curiosidad por casos criminales, sino de espacios donde el crimen violento se vuelve objeto de admiración y, en algunos casos, de imitación”.

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El Centro para la Lucha contra el Terrorismo de West Point (CTC) hizo un análisis de este fenómeno social en febrero, en el que sostiene que la comunidad “muestra una forma de participación mediada digitalmente en la que la violencia se convierte en un lenguaje simbólico más que en un acto ideológico”. Añade que su estructura permite pasar a subculturas “más cerradas y transgresoras que celebran a perpetradores”.

Cody Zoschak, analista del ISD, explicó que “hemos visto esta conducta con asesinos seriales y con tiradores masivos desde mucho antes de Columbine. Lo que hizo Columbine fue darle una estética definida”, asegura que “no son ecosistemas aislados; interactúan entre sí”. Menciona que “hay circuitos que se tocan, se superponen y se refuerzan”.

La plataforma digital Discord es la más señalada para el encuentro virtual de este tipo de subculturas; el ISD ubicó a participantes en Tumblr, Telegram, X y otros espacios y advirtió que algunos no se quedan en el intercambio de imágenes o referencias, sino que atacan “para rendir homenaje a sus asesinos favoritos” o para “ganar notoriedad”. Europol confirmó que el problema ya se mueve también por entornos de juego y streaming. El ISD señaló que estas subculturas son “descentralizadas, multiplataforma y muy ágiles”.

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En EU, el ISD revisó los datos de 2024 y 2025 y encontró al menos siete tiroteos escolares y nueve complots de tiroteo escolar frustrados vinculados con individuos relacionados con la comunidad. Su balance añadió que 11 víctimas murieron y 45 resultaron heridas en esos casos y que esas agresiones fueron “significativamente más letales” que las ligadas a movimientos extremistas más claramente ideológicos en el mismo periodo.

El estudio de West Point concluyó que los perpetradores vinculados con la comunidad suelen actuar en un ambiente híbrido “donde lo antisocial, el agravio personal, las luchas de identidad y las normas subculturales online se cruzan para crear una sensación de normalización de la violencia”.

Jennifer B. Johnston, investigadora de Western New Mexico University citada por la Asociación Estadounidense de Psicología, (APA), preguntó “¿es posible determinar qué fue primero?, ¿más tiroteos llevan a más cobertura, o es posible que más cobertura lleve a más tiroteos?”. Jillian Peterson, cofundadora de The Violence Project, dijo: “Sabemos que los tiroteos masivos son socialmente contagiosos y tienden a ocurrir en racimos”.

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Jeffrey Swanson, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en Duke University School of Medicine y doctor en Sociología, señaló que “la violencia armada y la violencia en general son increíblemente complicadas. Las causan muchas cosas que interactúan entre sí”; y añadió que “la gran mayoría de las personas con enfermedades mentales graves no son violentas”. “No podemos reducir todo lo que sucede en estos casos a la salud mental, no sólo resultaría impreciso; también desviaría la atención de factores concretos que sí permiten prevenir estas situaciones”, advierte Gutiérrez.

Lina Alathari, jefa del Centro Nacional de Evaluación de Amenazas del Servicio Secreto, indicó que debe haber una intervención temprana “no con base en perfiles, sino en comprender las causas de raíz que finalmente llevan a la violencia”. Y añadió que “los estudiantes están en la mejor posición para identificar y reportar conductas preocupantes” de sus compañeros.

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cdm

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