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Biden y Trump, con empate estratégico por la Presidencia: estudio

Disensum 2.0 es un análisis estratégico, de marzo a agosto de 2020 elaborador por los doctores Pedro Isnardo De la Cruz (ENTS/UNAM), Juan Carlos Barrón (CISAN/UNAM) y Francisco Javier Jiménez Ruíz (FCPYS/UNAM)

Biden y Trump con empate estratégico por la Presidencia
Fotoarte EL UNIVERSAL. Fotografías: AP
Mundo 05/09/2020 01:38 Actualizada 06:18
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Resumen analítico de la competencia marzo a agosto de 2020


El duelo estratégico entre candidatos parece que deriva en duelo virtual, entre posiciones en las encuestas nacionales, pero sobre todo entre estrategias mediales: campañas virtuales donde el antagonismo y las narrativas no aparecen con la potencia que se busca, tal vez porque las energías que se despliegan en la lucha por la Presidencia parecen dispersadas por acontecimientos más poderosos que empañan lo que hacen los candidatos: la catástrofe pandémica y la profunda recesión económica.

Sin embargo, la campaña de J. Biden avanza con tácticas promisorias y de julio a agosto, en dos meses importantes, ha logrado empatar con Trump, confirmando el efecto benéfico de nombrar a una mujer como candidata Vicepresidente.

Kamila Harris representa una trayectoria de valor personal, profesional y político impecable, pero sobre todo, puede funcionar para resolver la ausencia de mayor carisma/movilidad por parte del candidato demócrata, la capacidad de devolver los golpes políticos a la dupla Pence / Trump y la puesta en escena de una estrategia de reversibilidad como eje de campaña: anticipación a todo lo que es imaginariamente posible esperar de Trump y  republicanos aliados, como el prepararse para litigar constitucionalmente la defensa de una eventual victoria electoral perdida a manos de un fraude en el Colegio Electoral o la Suprema Corte de Justicia.

Las 13 Dimensiones de DISENSUM 2.0 han sido pensadas y estructuradas metodológicamente en función de pensamientos político estratégicos [Maquiavelo/SunTzu], estudios de expertos electorales de EE.UU [Christopher Wlezien y Allan Litchman] y experiencias de consultoría política en América Latina [Jaime Durán Barba], así como de factores y escenarios clave advertidos en procesos electorales presidenciales ocurridos en los últimos 20 años en Argentina, EUA, Chile, y con especial énfasis: se trata de una matriz de dimensiones estratégicas que integra variables de impacto cruzado advertidas en los procesos de competencia electoral para la lucha por la presidencia sobre México de 2006 a 2018 [Pedro Isnardo De la Cruz Lugardo (UNAM, México)] y ahora por la Presidencia de EE.UU en 2020 [Pedro Isnardo De la Cruz, Juan Carlos Barrón y Francisco Javier Jiménez Ruiz (De la UNAM, México)].

También lee: Biden and Trump with strategic tie for the Presidency: research

Análisis de las estrategias de campaña:

Joe Biden/K. Harris
Estrategia: Reversibilidad oblicua

Joe Biden avanza en una especie de un núcleo estratégico que contiene cuatro compuertas tácticas entorno a un núcleo de reversibilidad política electoral engranado en las debilidades y ventajas de la Presidencia de Trump: auto-preservación/ cohesión / desmantelamiento / disturbio / reversibilidad.

Autopreservación. Mantenerse de pie.

Con una especie de atletismo maduro, desde las primarias en las que dió la sorpresa contra el cantado ganador Bernie Sanders, Biden es profundamente celoso en administrar cada palmo de su energía a sus 77 años: su retórica, la velocidad y las distancias de sus desplazamientos físicos, sus apariciones virtuales de campaña, su mensaje de nominación en la Convención Nacional Demócrata, sus pormenorizados ataques al Presidente Trump, todo ello es un crisol dosificado de energía política.

Si bien el arquetipo de carisma político medial frontal de Trump hasta ahora no tiene equivalente en la campaña demócrata presidencial, la imposibilidad estratégica de Biden / Harris de ofrecer una campaña virtual en este terreno, está buscando ser enfrentada con un espectáculo permanente de voces, testimonios, líderes y políticos nacionales y locales, prominentes, partidistas y desde la ciudadanía anónima.

La dupla Barak/Michelle Obama y la llegada de Kamila Harris como su par Vicepresidente, le permiten mantener y recuperar el aliento que necesita para mostrarse en firme, en lo posible articulado en sus entrevistas y a su vez, no dar señales de desvanecimiento alguno: buscará evitar a toda costa enviar señales de que es vulnerable en campaña y que no resistiría el mandato presidencial.

Su decisión de postular en su fórmula como candidata Vicepresidente a Harris, muestra que su apuesta está en haber elegido a una mujer respetada por su trayectoria, su carácter, su carisma, su experiencia legislativa y de gobierno, pero sobre todo, por su capacidad de reaccionar ante lo inesperado.

Esta táctica tiene una doble sombra: I) la ilusa sensación de renuncia en Biden al combate frontal es en en realidad una transferencia del combate frontal a la Candidato Vicepresidente demócrata, sobre todo en la figura del retador candidato presidencial y la dependencia excesiva de la capacidad de Harris de ser llamada a construir una esfera carismática propia que fortalezca el polo y la movilización anti Trump -rudeza política que podrá evidenciarse en los debates presidenciales- y II) la campaña de Biden necesita energía, resistencia y batalla procesal creíble y sórdida en el escenario en el que el eventual triunfo demócrata en la votación nacional, sea perdido en el tablero del Colegio Electoral o en el dedo colegiado de la Suprema Corte de Justicia: Harris tiene la fiereza fiscal para perpetuar la impugnación y la defensa de su posible victoria.

Cohesión demócrata


Al elegir a Harris confirma que Biden/Obama buscan la preservación y consolidación  estratégica de la campaña en el centro político de la contienda; sin embargo, para el Movimiento de Las vidas negras importan y colectivos  feministas de proyección nacional -como los sectores más movilizados y radicales entre los demócratas-, esa estrategia será desafiada en los hechos por su nivel de polarización y en términos de difícil conquista del voto útil. 

La campaña Biden/Harris/Obama es festiva, positiva, una cosecha en espiral creciente de potenciales electores que han padecido la polarización extrema, el embate contra las minorías nacionales no sólo por política anti inmigrante, los errores de gestión y conformación de profesionales gubernamentales, los efectos de la recesión económica, el acecho y la desolación mortal por el coronavirus.

Contra el desmantelamiento y retorno al establishment


En el diagnóstico de la campaña Obama/Biden/Harris, se busca la victoria  electoral demócrata en la crisis pandémica y en el no liderazgo ejercido por la administración de Trump: se enfatiza que hay un descontrol y dominio del caos ante la catástrofe sanitaria y se machaca (señalando los escombros del racismo sistémico) como prueba de ausencia de gobierno e incapacidad de Trump para liderar un mandato más.

En medio de viejas paradojas, el eje común de los Clinton/Obama/Biden y Harris apunta a que los demócratas propulsan el retorno al orden previo a Trump: agendas progresistas que en realidad suponen un modelo de conservadurismo político, buscando afianzar el retorno al establishment y el respeto al federalismo estadounidense.

Incluso, al renunciar Trump a la búsqueda de un liderazgo estadounidense en el mundo, por lo que en el caso de la política exterior, la dupla Harris/Biden parecen buscar ese retorno propendiendo a superar la táctica de sanciones económicas/comerciales con China (Tik Tok/Huawei), para privilegiar una hostilidad militar con la potencia mundial oriental.      

Azuzar disturbio en el bando republicano. Anticorrupción


Obama/Biden buscan cuestionar los fundamentos del proyecto de Trump, cosechar la movilización, la protesta y la inconformidad social, mostrar las disidencias/escándalos de personajes y ex funcionarios republicanos como piezas de oro que cimbran los cimientos de la campaña del magnate y que buscan evitar a toda costa su segundo mandato.

La sombra de esta táctica es que el señuelo de la división al interior de los republicanos no trascienda en su significado, en particular para la base de electores fieles del Presidente Trump y de los republicanos.

Pero la estrategia busca acreditar que el timón demócrata puede revertir a su favor órbitas que asumen decisivas para superar a Trump:

* Desmantelar y profundizar con Harris el desgaste republicano por los escándalos de corrupción presidencial/gubernamental; en este mismo campo de polarización, se busca evidenciar el proyecto presidencial como un proyecto plagado de corrupción y perturbar el predominio doctrinal republicano en la defensa de la ley y el orden.

*Evidenciar el drama nacional principal desolación y riesgo de vida para los estadounidenses ante el coronavirus, dado el fracaso gubernamental consumado, presentando a Trump como impotente ante la crisis e incapaz de aportar una solución.

*Desmantelar la narrativa y el estilo de ejercicio de poder trumpiana con una apuesta a que Biden representaría una Presidencia con virtudes de decencia, honestidad y conciliadora en medio de un país dividido.

*Ganar el apoyo de electores indecisos e incluso de republicanos inconformes con la actual Presidencia, radicalizando la posición demócrata en aquellos temas de agenda en los que Trump ha logrado afianzar su base electoral y su liderazgo.

Estrategia de reversibilidad donde la confrontación se evade, se resuelve de manera espectral, virtual con armas de refracción: se envían sondas, láser, imágenes, spots, golpes de efecto que buscan dar en el objetivo: persuadir, manipular, derrotar.

Donald Trump/MIke Pence
Estrategia. Patriotismo evangélico supremacista

En el periodo julio agosto la campaña de Trump parece haber entrado a su zona gris estratégica. Es el momento de mayor ambigüedad en el que el candidato Presidente se vuelca hacia una ruta de vértigo permanente o resiste y modifica los motores de desfiguración de su posición.

Varios eventos se han sucedido: el intento de desacreditar a China como el enemigo instigador principal causante del coronavirus; el desplazamiento de Trump de una supuesta ventaja hegemónica de Biden en las encuestas nacionales; la aprobación de recursos presupuestales de más de 3 billones de dólares para atender los efectos de la pandemia; los eventos propagandísticos de junio malogrados, las entrevistas con medios masivos nacionales en las que se ha visto improvisado e incluso la confesión de que “no está preparado para perder la elección de 2020” además de que a fines de julio de 2020, el Presidente sugirió la necesidad de “postergar las elecciones de noviembre próximo por el coronavirus y por la votación universal por correo, ya que harían la elección más imprecisa y fraudulenta de la historia (de EE.UU)”.

La campaña de Trump, a pesar del pasmo y el agravamiento de la crisis por la coronavirus, ha buscado evolucionar mostrando al candidato como un personaje con disciplina político pragmática: su férrea defensa del orden y las instituciones policiales en el estallido y las movilizaciones suscitadas por el atentado contra George Floyd a manos de un policía; el desempeño con la visita del mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador y su acto conmemorativo del 4 de julio ante podio emblemático escenificado en el Monte Rushmore al pie de cuatro personajes eminentes de la historia estadounidense, sugiere que Trump puede transformar la esfera de negatividad y rechazo a la que está expuesta su personalidad, su estilo de ejercicio de poder y su campaña.  

En el caso de la cohesión republicana, la narrativa patriótica de Trump busca preservar por un lado una convocatoria a lazos de unidad a sus comunidades de electores cautivos pero en términos de una táctica divisiva para quienes son más proclive a interiorizar o defender el que la nación refrende su compromiso con valores nacionalistas y supremacistas.

En contraposición de la aspiración demócrata a recuperar el centro político demócrata, justamente Trump/Pence va a privilegiar una política confrontacional, divisiva, que se aleje el centro político, estigmatizado como mediocre, anodino, fallido, falto de pasión,  por lo que el patriotismo, el sueño americano y la denuncia del despojo liberal demócrata y el privilegiar los intereses extranjeros sobre los nacionales, seguirán siendo espina dorsal estratégica desde el polo trumpiano.

Por la Covid-19 Biden/Harris podrán apostar a madurar su estrategia haciendo la mejor campañas virtual, artificial, espectacular posible, como en un duelo de sombra permanente con destellos, pero serán puestos a prueba los acontecimientos en los que pueda evidenciarse la gravedad de los golpes políticos entre los contendientes.

Mientras que en el polo republicano, la figura de Trump prácticamente eclipse la figura de Pence, en el caso demócrata, justamente puede suceder lo contrario: Harris puede consolidar un carisma y proyección nacional que paradójicamente debilite aún más el no carisma de Biden y -dado el carácter anómalo de esta elección presidencial-, pueda permitirle a Trump como un personaje de segunda que se parapeta detrás de una mujer y su imagen pública.

La interfaz medial no da por sí solo fuerza ni potencia retórica ni narrativa y la emergencia pandémica fuerza a su uso y a su sofisticación como táctica de campaña, un terreno en el que Trump ya demostró que fue su arma letal en 2016 y que ahora es un desafío para ambas fórmulas presidenciales.  

Finalmente, la paradoja mayor de la estrategia de Trump reside en la puesta en escena de una negación y ofensiva al sistema democrático mismo desde la Presidencia: la denuncia y anticipación de que podrá desconocer los resultados electorales alegando un posible fraude electoral nacional; el ataque al voto por correo y a la legitimidad de las instituciones electorales.

Cuadro Disensum 2 Valoración del duelo estratégico por la Presidencia

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Nota metodológica sobre Disensum México/EE.UU Evaluación Estratégica de Campaña Presidencial.


13 dimensiones clave y 26 variables que las sustentan a nuestro juicio, interactúan dialécticamente en la competencia de estrategias, tácticas y recursos de poder entre los presidenciables en la disputa por la Presidencia. Cada una de ellas evoluciona de acuerdo a la forma en que van afianzando sus fortalezas, enfrentando las circunstancias inesperadas, inoculando los ataques de sus adversarios, saliendo al paso de los eventos y escándalos en medio de sus sus campañas, afirmando o no su capacidad de dominar apariencias, escándalos y adversidades.

La valoración cualitativa y estratégica de Presidential Strategic Disensum Election no está basada en indicadores de encuestas que van midiendo la percepción y las preferencias potenciales de los electores, sino en dimensiones y variables histórico socio políticas y estratégicas sustentadas en aspectos estructurales y circunstanciales presentes en campañas presidenciales y particularmente, en la evolución constitucional y empírica del sistema político estadounidense.

Los precedentes del modelo de impactos cruzados se habían realizado exclusivamente sobre elecciones presidenciales mexicanas, justamente las últimas tres. Ahora hemos decisdido centrarnos en la elección presidencial de EE.UU y estamos enfocados en el Presidential Strategic Election Disensum, bajo la misma meta científico política: la identificación oportuna y anticipada del vencedor, aproximadamente a un mes de concluir la elección presidencial correspondiente, con base en dimensiones del sistema político y el proceso electoral presidencial constitucional en México, al haberse comparado tácticas, aciertos y errores de candidatos, observándose quién de ellos tenía la mejor estrategia para ganar hasta ese momento de su campaña y podría obtener la victoria electoral frente a sus rivales, tal como se confirmó en los casos de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador [https://www.eluniversal.com.mx/elecciones-2018/analisis-da-amlo-45-de-pr... [https://disensosestrategicos.wordpress.com/2018/04/10/disensos-estrategi... 

*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Coordinador de Investigación de la ENTS de la UNAM [[email protected]]
**Doctor en Filosofía Internacional y Secretario Académico del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM [[email protected]]
***Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de Carrera de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM [[email protected]]

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