*Francisco Suárez Dávila

El brillante discurso de Davos del Primer Ministro de Canadá Carney ha acaparado merecidamente la atención de muchos artículos y comentarios. En México debemos analizarlo con cuidado. Comparto un ejercicio que ordena sus ideas en términos de grandes temas e intento derivar las lecciones, escenarios y nuevas opciones de política que se plantean para México. Es una visión inspiradora frente a la tragedia apocalíptica trazada por el ignominioso discurso del Presidente Trump.

I. DIAGNÓSTICO.

Citas principales de Carney: “Nos enfrentamos a un punto de inflexión para Canadá”, y yo agregaría también para México. “No se trata de una transición, sino la ruptura del viejo orden de reglas e instituciones que surgieron de la posguerra”. “Ahora la integración económica se usa como arma, los aranceles, como palanca… Se convierte en fuente de subordinación… Hay la tendencia de los países para acomodarse, para evitar problemas, la sumisión compra seguridad”. “La fuerza del sistema no proviene de su verdad… sino de la voluntad de todos de actuar como si lo fuera”. Todo se aplica a México.

II. PROPUESTAS.

1) “Las potencias intermedias pueden construir un nuevo orden… Adaptarse a las nuevas realidades… Para ello estos países deben desarrollar una mayor autonomía estratégica: energía, alimentos, minerales críticos, financiamiento, cadenas de valor… Esta autonomía estratégica implica alianzas entre las potencias medias… una tercera vía de impacto”.

2) “Para resolver problemas globales hay que adoptar una estrategia de geometría variable, diferentes coaliciones en diversos temas, basada en intereses y valores comunes... Cuando se negocia bilateralmente con el país hegemónico, se negocia desde una posición de debilidad… Esto no es soberanía, sino la fachada de soberanía, aceptando la subordinación…”. En México manejamos el concepto en forma tan contradictoria que ya ha perdido toda credibilidad.

3) Lo más importante: “Esta autonomía estratégica implica “construir nuestra fuerza en casa”... “La prioridad para todo gobierno debe ser siempre construir una economía doméstica fuerte, diversificar el comercio internacional, reducir las vulnerabilidades que permiten apalancar la coerción”.

III. LECCIONES Y ACCIONES PARA MÉXICO.

Estos conceptos deberían inspirar el discurso de cambio, que nos gustaría escuchar de nuestra Presidenta, aplicado a nuestras circunstancias. Lamentablemente, con su autoimpuesto aislacionismo internacional no presenció en Davos este histórico debate. “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Allí dijo Carney “El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”. “Vivir en la realidad… y adaptarse a ella”. No como nosotros, vivir de la mentira: “somos uno de los países más demócratas, con mayor igualdad, la economía va muy bien, la salud es como la de Dinamarca”.

Nosotros debemos aplicar el concepto de la “autonomía estratégica”. Construir una economía fuerte, que significa, en lo interno, cambio radical de la estrategia seguida por la fracasada 4T, excedida en retórica y carente de resultados: acelerar el crecimiento, salir de nuestra economía estancada. Invertir en energía y alimentos. “País que no pueda alimentarse ni proporcionarse energía tiene poco margen”. Ello implica más inversión pública y mejor asignada, cancelando todas las ocurrencias, que solo maximizan pérdidas. Reconstruir Pemex. Crear un ambiente favorable para la inversión privada, sustituir las “deformas” judiciales y electorales, restablecer la senda democrática sustentada en la división de poderes, un poder judicial autónomo. Todo lo que da certeza jurídica. Gastar en una auténtica política social en educación, salud, empleo, no en limosnas para comprar votos. ¡Ello generaría un histórico auge económico!

En materia de política exterior debemos construir alianzas con otras potencias medias, con los países con quien se comparten valores e intereses, como la Unión Europea tiene “geometría variable”; reconstruir la relación destruida con grandes países de América Latina y España. Una “política exterior basada en valores”, no con los dictadores que sacrifican a sus pueblos. En ese sentido, urge una alianza con Canadá hacia esa “autonomía estratégica”, con posiciones comunes hacia Estados Unidos; defender el T-MEC, pero ir más allá del libre comercio, hacia la educación, la ciencia y la tecnología, la energía limpia, y la seguridad compartida. Aprovechar la crisis del viejo orden, incluyendo de la 4T, para adoptar una nueva estrategia con una visión de futuro. Para ello, convocar a una reunión con Carney con visita de Estado a Canadá.

*Embajador de México en Canadá (2013-2016)

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