Metrópoli

Buscan en canales y aguas negras; hallan más de 219 restos óseos en los límites de Tláhuac y Chalco

Colectivos de familiares de personas desaparecidas realizan labores de rastreo en los límites de Tláhuac y Valle de Chalco

Último día de la Jornada de Búsqueda de personas desaparecidas en los Lagos de Tláhuac- Chalco. Foto Hugo Salvador/ EL UNIVERSAL
11/04/2026 |05:00
Juan Carlos Williams
Reportero de la sección MetrópoliVer perfil

En las ciénegas del lago de Chalco, donde la tierra se hunde bajo los pies y el aire huele a humedad estancada, el silencio sólo se rompe por el golpeteo de picos contra el suelo. Son cerca de 40 mil metros cuadrados —una extensión comparable al Zócalo de la Ciudad de México— convertidos en escenario de búsqueda, de duelo contenido y de una esperanza que se niega a desaparecer.





Es el último día de la jornada de rastreo encabezada por colectivos de familiares de personas desaparecidas, en los límites de la alcaldía Tláhuac y el municipio de Valle de Chalco. Desde temprano, mujeres, hombres y adultos mayores se internaron entre chinampas, canales de aguas negras y sembradíos. El terreno: húmedo, lodoso, pegajoso. Cada paso exige fuerza; cada avance, determinación.

La búsqueda se realizó de manera manual. Picos, palas, varillas y rastrillos sustituyeron cualquier maquinaria pesada, imposible de utilizar en una zona donde el agua y el fango dominan el paisaje. Al menos 219 restos óseos fueron localizados de manera dispersa.

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En 2025, en esa misma zona, ya se habían hallado restos humanos. Las características geográficas —aislamiento, difícil acceso, presencia de agua— lo han colocado como un punto de interés recurrente para quienes buscan a sus desaparecidos.

Los colectivos Una Luz en el Camino, Hasta Encontrarles CDMX, Mariposas Buscando Corazones y Justicia Nacional, así como familias independientes manifestaron su indignación, profunda preocupación y firme exigencia ante el hallazgo de restos de origen humano, pues representa la crisis de desapariciones que contabiliza 132 mil casos en México.

“Consideramos que esta área reviste un alto interés forense y deberá ser explorada de manera exhaustiva en las siguientes jornadas, dada la relevancia de los hallazgos obtenidos”, señalaron.

Reiteraron que todos los procesos de procesamiento, análisis e identificación derivados de esta y de las futuras jornadas deben realizarse con el máximo respeto, en un marco de colaboración efectiva y con la escucha permanente a las familias.

Exigieron la plena y pronta identificación de los restos con total transparencia, así como el acceso oportuno y continuo a la información sobre los avances de los peritajes correspondientes. “Las familias tenemos derecho a la verdad, a la justicia y a un trato digno”, sentenciaron.

Acompañadas de elementos de la Comisión de Búsqueda de la CDMX, Comisión de Búsqueda del Estado de México, personal de fiscalías de ambos estados, bomberos, de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corena), entre otros; las buscadoras hallaron este martes 7 de abril 49 restos óseos de origen humano; el miércoles localizaron 29 restos; el jueves fueron hallados 51 restos y este viernes, 90.

Todos los hallazgos fueron contabilizados por autoridades y peritos que confirmaron su origen humano y que podrían ser de hasta tres personas.

“Lo quiero encontrar, como sea”

Entre el lodo, con las manos cubiertas de tierra, está Beatriz Mendoza. Lleva más de 17 años buscando a su esposo, desaparecido en 2009 en Valle de Chalco.

“Fue levantado por hombres armados en su negocio… desde entonces no sabemos nada”, dice con la voz entrecortada.

Madre de dos hijos, ha dividido su vida entre el trabajo y la búsqueda. Sus suegros, cuenta, han dejado de insistir por el cansancio y la enfermedad. Ella no.

“Nos pidieron 500 mil pesos… no se completó el pago y ya no volvimos a saber de él”, relata.

Levantar la denuncia, seguir la carpeta de investigación, insistir ante autoridades, ha sido, dice, un proceso largo y desgastante, marcado por omisiones.

En medio de las ciénegas, Beatriz escarba con la esperanza reducida pero firme. “Lo quiero encontrar de cualquier forma… ojalá fuera con vida, pero esas esperanzas se van acabando”. “Busco para que mis hijos sepan dónde está su papá”, agrega.

“En un momento la perdí de vista”

A unos metros, un hombre mayor levanta la tierra con un pico. Viste overol azul, sombrero para el sol y gafas transparentes. Su nombre es José Díaz.

Busca a Josefina, su hija adoptiva, desaparecida en octubre de 2016 en Iztapalapa. Recuerda el momento con dificultad.

“Estábamos en la calle… yo estaba tocando música… en un momento la perdí de vista… fueron dos minutos… y ya no la volví a ver”.

Josefina, explica, tenía afectaciones en sus facultades mentales. Desapareció en la colonia San Lorenzo Tezonco y de ello han pasado casi diez años.

“Quiero volver a verla… debe tener 46 años ahora… quiero que regrese con su hijo”.

José no sólo busca a Josefina, afirma que también está ahí por los demás. “Si encuentro algo, aunque no sea de ella, es de alguien… y alguien lo está buscando”.

“Hija, regresa a casa”

María del Rocío Fregoso cava con un rastrillo y, a veces, con las manos. El lodo se le pega a los dedos, a la ropa, al rostro. Busca a su hija Karen Estefanía, desaparecida el 17 de octubre de 2018 en Santa Fe, cuando salía de trabajar.

“Era sábado… iba de regreso a casa… nunca llegó”. La última vez que la vieron, cruzaba la zona de Las Tinajas, cerca del mediodía. Tenía 23 años. Hoy tendría 30.

María habla de cámaras de seguridad, de trámites detenidos, de solicitudes sin respuesta.

“La burocracia ha frenado todo… hay videos, pero no los entregan”.

Se detiene. Mira el suelo. Luego, como si su hija pudiera escucharla entre el viento y el agua estancada, alza la voz: “Por favor, hija, regresa a casa… te estamos esperando… no sabes cuánta falta nos haces”.

El terreno, irregular y poco transitado, dificulta cualquier tarea. El fango se adhiere a las botas, las herramientas se hunden, los cuerpos se cansan. Aun así, nadie se detiene porque en ese lugar, donde la ciudad parece lejana, la búsqueda es también una forma de resistencia.

Al cierre de la jornada, los restos recuperados fueron resguardados por peritos para su análisis e identificación. Para las familias, sin embargo, el trabajo no termina. Se van con las manos sucias, la espalda dolorida y la incertidumbre intacta.

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