Pachuca.— Cayetana permaneció agonizando dos días en la calle; Azucena fue localizada a la orilla de un camino. El cuerpo de Adela estaba al fondo de un barranco, mientras su familia salía a la calle a gritar: “¡No estamos todas, nos falta ella!”.

Las tres no sólo son parte de las estadísticas de 64 con violencia en 2025 en , o las 10 que suman este año, también eran madres, hijas o hermanas.

¿Por qué se mata a las mujeres? Es una pregunta difícil de contestar.

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Activistas consideran que esto ocurre porque la violencia cree tener permiso, disfrazada de una narrativa machista que justifica las agresiones disfrazadas de celos, impunidad, de “que se lo merecían” por ser mujeres.

El activista y fundador de la organización Servicios de Inclusión Integral y Derechos Humanos A.C. (Seiinac), Rafael Castelán, reconoce que el fenómeno de la violencia de género se ha extendido.

Hasta hace tres años se pensaba que estos crímenes ocurrían en ciertas épocas, como fin de año o vacaciones, cuando hay mayor convivencia y bebidas embriagantes.

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Incluso, se habló de que podría haber una “variante climática” y que el calor podía incidir. Lo cierto es que la violencia está presente en todos los periodos del año y en todos los estratos sociales.

Para explicar la violencia feminicida —dice— se tiene que hablar del contexto social de violencia familiar, ya que los feminicidios tienen que ver con aquellos patrones de violencia de género presentes en la familia y en la comunidad; se trata de un problema estructural.

Castelan señala que se manda un mensaje doble al querer justificar la muerte de una mujer porque “se lo merecía”. Entonces las víctimas no deben exigir justicia, mientras que los agresores gozan de una impunidad que es real, pues muchos no serán sancionados.

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Hasta el cierre de esta edición, los asesinos de estas tres mujeres no habían sido detenidos; en tanto, sus rostros permanecen en las fichas de búsqueda. En un cartel aparecen sus nombres, la última vez que fueron vistas y la esperanza de ser encontradas con vida, lo cual en estos casos no sucedió.

Voces apagadas

Una pequeña fotografía muestra a una mujer sonriente. Es una ficha de búsqueda difundida por la fundación Sonrisas Perdidas, en la cual se lee nombre: Azucena Quiroz Lozada, edad: 45 años; tipo de hecho: no localizada; lugar de los hechos: Cuautepec de Hinojosa. Fue en ese municipio donde se le vio por última vez el 30 de diciembre pasado.

Susy, como la llamaban sus seres queridos, manejaba una camioneta. Había salido a la localidad de San Juan Tecocomulco a dejar un pedido de sillas y mesas como parte de su actividad.

Nada se supo de ella hasta el 6 de enero cuando se denunció la presencia de un cuerpo sobre la carretera Apan-La Unión, en el camino que conduce a la localidad de San Lorenzo Xicoténcatl.

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Su cuerpo fue encontrado con huellas de violencia. Las investigaciones llevaron como línea principal su relación de pareja.

El 26 de enero pasado será una fecha que no olvidará la familia de Adela Cruz Cruz. Fue vista por última vez en la comunidad de Bomintzha, en Tula de Allende; desde entonces se perdió su rastro.

Amaba correr. Su foto con la frase “te estamos buscando Ade” comenzó a circular en redes sociales entre la comunidad runner y asociaciones. Pedían cualquier informe sobre su paradero.

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La víspera del sábado 31 de enero se difundió una solicitud para que familiares y amigos cerraran vialidades; bloquearon la carretera federal Jorobas-Tula, en la comunidad de Progreso.

El 3 de febrero se localizó un cuerpo en el fondo de un barranco, en una zona boscosa del municipio de Atotonilco de Tula. Se trataba de Adela.

Cayetana, era una mujer de la que no se conoce su identidad. Su nombre proviene de la colonia San Cayetano, donde perdió la vida.

Pamela Álvarez, activista dedicada a mejorar la vida de personas en situación de calle a través de la organización Por la Inclusión y Derechos Humanos, relata que fue mediante una denuncia en redes sociales como se conoció el caso.

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Con nombre desconocido, la mujer de entre 25 y 35 años deambulaba por las calles de la colonia San Cayetano, en Pachuca, y vecinos aseguran que no se metía con nadie, pero no tenía hogar.

El 24 de marzo de 2025, colonos reportaron haber escuchado gritos y ruidos. Al amanecer, el cuerpo de Cayetana estaba sobre la calle Nevado de Ajusco, esquina con Volcán de Quinceo. Permaneció ahí durante dos días.

Acudieron policías, pero consideraron que estaba en estado de ebriedad, y la dejaron en el lugar.

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Fue hasta la llegada de Pamela que se le brindó atención médica. En su cuerpo se encontraron señales de violencia; alguien le había colocado una cobija. Presentaba lesiones en las manos, un golpe en la cabeza. La atención llegó demasiado tarde y ya no se pudo hacer nada por ella.

Por los indicios, Cayetana fue asesinada. Su cadáver se encuentra desde marzo de 2025 en el Semefo de Pachuca. La ficha la describe como una mujer de complexión baja, muy delgada, tez morena, cabello negro y ondulado. Como señas particulares: cicatriz de cesárea, tatuaje en el pecho del lado derecho con forma de corazón con alas, y otro en el tobillo izquierdo, un corazón en negro con cruces en puntos y la palabra “Chiquis” e iniciales en tres pares que representan estrellas.

Pamela mantiene la esperanza de que alguna familia la busque y exista un lugar donde la esperen.

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Violencia que mata

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reportó que de enero a diciembre de 2025 en Hidalgo se registraron 24 víctimas por homicidio doloso, lo que significa 1.2% a nivel nacional.

En el caso de víctimas por feminicidio, Hidalgo reportó 15, con una participación nacional de 2.1%. La tasa de feminicidio es de 0.87 por cada 100 mil habitantes, lo que pone al estado por debajo del promedio nacional, pero no en el rango más bajo del país; es decir, en el sitio 17 de los 32 estados.

Para Seiinac, durante 2025 se documentaron 64 muertes violentas de mujeres. Rafael Castelán explica que la organización hace un recuento de estas a partir de lo que se difunde en medios de comunicación, pero es la Procuraduría de Justicia la encargada de determinar si son feminicidios.

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En lo que va de 2026 se mantiene un registro de 10 víctimas. Entre las causas de muerte están: por arma de fuego; tortura o violencia física. Señala que los hechos sucedieron en Tula, Tulancingo, Tlahuelilpan, Tizayuca, Actopan y Mineral de la Reforma.

Argumenta que los asesinatos de mujeres ahora son más claros si se trata de un feminicidio. Las razones de género están presentes: encontradas en lotes baldíos con signos de violencia, y donde el agresor generalmente tiene una relación cercana con la víctima.

Además, especifica que hay un asunto geográfico, ya que ocurren en sitios donde hay trasiego de huachicol, como el corredor de Cuautepec, que pasa por Tulancingo, Mineral de la Reforma y va hasta Huichapan; así como en Tula, donde se encuentra la parte industrial de Hidalgo, además de la migración, donde se reporta una mayor cantidad de desapariciones y hallazgo de personas asesinadas, en muchos casos vinculados a grupos delictivos. En sitios como Tizayuca y Tepeji, donde se argumenta que son frontera con el Estado de México.

Es una mezcla de fenómenos que derivan en asesinatos, pero considera también que un elemento presente es el alto consumo de alcohol.

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Centros Libres

La titular del Instituto Hidalguense de las Mujeres, Kathya Hernández Pérez, asegura que se ha fortalecido la estrategia de prevención y atención a la violencia a través de la instalación de Centros Libres, donde se ofrece atención jurídica, sicológica y de trabajo social dirigida a mujeres en situación de violencia, los cuales se ubican en 28 de los 84 municipios.

Precisa que la violencia más recurrente es la sicológica, que encabeza la mayoría de los casos, seguida por la patrimonial y económica. También refiere que hay un alto índice de violencia sexual, todo ello englobado en factores como desigualdad, adicciones y dinámicas familiares.

En Hidalgo —dice—, siete de cada 10 mujeres son víctimas de algún hecho de violencia en algún momento de su vida, cifra que durante años se ha mantenido, lo que, de acuerdo con Rafael Castelán, es un indicador de políticas públicas erróneas.

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