Hay algo muy particular en volver a encontrarse con una marca que durante décadas fue parte importante de la y que ahora está tratando de recuperar ese lugar. Eso fue lo que pasó con en Ciudad de México, durante una de las paradas de su World Tour 2026. En The St. Regis, Georges Kern, CEO de la Maison, presentó una colección que mira directamente hacia los archivos de la casa, pero que no tiene demasiadas ganas de quedarse ahí.

Universal Genève tiene material de sobra para hacerlo. Está el Polerouter de Gérald Genta, el Compax que Nina Rindt convirtió en un objeto de estilo alrededor de los circuitos de Fórmula 1 y el Cabriolet, aquel reloj reversible nacido en 1933 que todavía hoy parece una pequeña pieza de diseño industrial.

Son nombres que pertenecen a distintas épocas, pero que comparten una misma obsesión de la Maison: hacer que la parte mecánica y la estética tengan exactamente la misma importancia.

El regreso de Universal Genève reúne relojería histórica, nuevos movimientos y una marcada apuesta por el diseño. Foto: Cortesía Universal Genève
El regreso de Universal Genève reúne relojería histórica, nuevos movimientos y una marcada apuesta por el diseño. Foto: Cortesía Universal Genève

Y eso se nota en la colección que llegó a México. Hay relojes que prácticamente se mantienen fieles a lo que uno esperaría de una reinterpretación histórica y otros que se permiten bastante más libertad: piedras, colores, joyería, nuevas proporciones y hasta referencias directas a la moda.

El resultado es un universo bastante amplio, que va del cronógrafo deportivo al reloj-joya y que recupera una expresión que Universal Genève utilizó durante buena parte de su historia: Le Couturier de la Montre.

Pero para entender por qué estos relojes tienen sentido ahora, hay que regresar un poco. No demasiado: hasta 1954, cuando un joven Gérald Genta de apenas 23 años recibió de Universal Genève el encargo de crear un reloj para acompañar una nueva ruta aérea sobre el Polo Norte. Ahí empieza el Polerouter.

[Publicidad]

Universal Genève presentó en México una selección de sus nuevos relojes durante su World Tour 2026. Foto: Cortesía Universal Genève
Universal Genève presentó en México una selección de sus nuevos relojes durante su World Tour 2026. Foto: Cortesía Universal Genève

Polerouter: Cuando Gérald Genta todavía estaba empezando

Antes de convertirse en uno de los nombres más importantes del diseño relojero, Gérald Genta tenía 23 años cuando Universal Genève le encargó un reloj para acompañar una nueva ruta aérea sobre el Polo Norte. El resultado fue el Polerouter, presentado en 1954 para el vuelo de Scandinavian Airlines entre Copenhague y Los Ángeles.

Su diseño tenía una razón de ser: resistencia, precisión y legibilidad, pero también unas asas torcidas, una esfera con retícula y una arquitectura que terminó convirtiéndose en una de las firmas visuales de la Maison.

El nuevo Polerouter conserva precisamente esos códigos, pero los lleva hacia distintos terrenos. Hay versiones pret-a-porter de 37 y 39 milímetros, en acero u oro rosa, además de interpretaciones con esferas de lapislázuli, ojo de tigre y bull's eye.

[Publicidad]

También está el Camaïeu, que juega con diferentes tonos dentro de la misma esfera. Todos utilizan el calibre UG-110 Microtor, automático, de 3.8 milímetros de altura y con 72 horas de reserva de marcha. Es el tipo de reloj que puede explicar por sí solo por qué el pasado de una maison puede seguir siendo bastante actual.

Universal Genève recupera el Polerouter, uno de los diseños más reconocibles de la Maison y una de las primeras creaciones de Gérald Genta. Foto: Cortesía Universal Genève
Universal Genève recupera el Polerouter, uno de los diseños más reconocibles de la Maison y una de las primeras creaciones de Gérald Genta. Foto: Cortesía Universal Genève

Compax: El reloj que convirtió el cronógrafo en actitud

Si hay una pieza que resume la relación de Universal Genève con la cultura, probablemente sea el Compax. El modelo ya tenía una historia propia desde los años treinta, pero fue en los sesenta cuando adquirió otra dimensión gracias a Nina Rindt, quien lo llevaba en los circuitos de Fórmula 1 mientras cronometraba las vueltas de su esposo, Jochen Rindt.

La esfera panda, la correa tipo Bund y esa mezcla de precisión y estilo terminaron convirtiéndolo en algo más que un instrumento para medir el tiempo.La nueva generación entiende bastante bien esa historia y no intenta limpiarla de personalidad.

[Publicidad]

El Compax llega en acero y, por primera vez dentro de la colección principal, en oro rosa de 18K, con cajas de 39.5 milímetros y distintas interpretaciones de las esferas panda y panda inversa.

El nuevo calibre UG-200 combina microrrotor con cronógrafo, rueda de pilares y embrague vertical, con 72 horas de reserva de marcha. Y para quienes quieren ir un poco más lejos, están las cápsulas en índigo, verde salvia y lavanda, con esferas que evocan lino y correas de piel trabajadas para parecer denim.

La nueva generación del Compax retoma la característica esfera panda y el espíritu deportivo de su antecesor. Foto: Cortesía Universal Genève
La nueva generación del Compax retoma la característica esfera panda y el espíritu deportivo de su antecesor. Foto: Cortesía Universal Genève

Cabriolet: Art Déco en una caja que se niega a quedarse quieta

El Cabriolet es probablemente el reloj que mejor explica qué significa eso de Le Couturier de la Montre. Su origen está en 1933, cuando apareció como Ideo y planteó algo bastante adelantado para su época: una caja reversible que podía proteger la esfera.

[Publicidad]

Casi un siglo después, Universal Genève conserva ese mecanismo y vuelve a construir alrededor de él una pieza donde el art déco, la geometría y la relojería conviven sin que uno tenga que imponerse sobre el otro.

La versión contemporánea toma referencias visuales de Cassandre y Tamara de Lempicka, incorpora numerales inspirados en la tipografía Bifur y alterna superficies pulidas y satinadas para reforzar su carácter arquitectónico. El calibre manual UG-111 ofrece 72 horas de reserva de marcha.

A partir de ahí, el Cabriolet se abre en diferentes posibilidades: acero, oro rosa, esferas azul, roja, blanca o negra y versiones personalizables mediante el reverso de la caja, que puede llevar desde iniciales hasta una pintura en miniatura. También existe una edición de alta costura en oro blanco, zafiros y diamantes, donde el reloj prácticamente se convierte en joya.

[Publicidad]

Inspirado en el Art Déco, el nuevo Cabriolet lleva la arquitectura del modelo original hacia una interpretación contemporánea. Foto: Cortesía Universal Genève
Inspirado en el Art Déco, el nuevo Cabriolet lleva la arquitectura del modelo original hacia una interpretación contemporánea. Foto: Cortesía Universal Genève

Leer también:

Disco Mini: El reloj que entiende que también se puede cambiar de humor

El Disco Mini parte de una idea mucho más cotidiana. Toma el lenguaje de los antiguos Disco Volante —el famoso “platillo volante” por su forma redondeada y sin asas— y lo convierte en un reloj pequeño, flexible y pensado para cambiar con quien lo lleva.

La caja de 28 milímetros puede combinarse con un brazalete rígido o con correas intercambiables de piel y tweed en distintos colores. Es una manera bastante literal de llevar la idea de un guardarropa al reloj.

[Publicidad]

En la colección aparecen versiones pret-a-porter en oro rosa y oro blanco, además del Disco Mini Lace de 32 milímetros, con diamantes y esfera de nácar azul. Y el mismo lenguaje llega a la alta costura, donde el Disco Mini adquiere una caja de oro rosa de 18K, piedras de distintos colores y una esfera de ópalo de fuego cristal azul australiano. Aquí la joyería no funciona como decoración añadida: es prácticamente parte de la arquitectura del reloj.

El Disco Mini retoma la silueta del histórico Disco Volante y la convierte en una pieza más pequeña y versátil. Foto: Cortesía Universal Genève
El Disco Mini retoma la silueta del histórico Disco Volante y la convierte en una pieza más pequeña y versátil. Foto: Cortesía Universal Genève

Dioramic: Un clásico de 1956 que encontró otra manera de mirar la hora

El Dioramic nació en 1956 bajo el nombre de Monodatic y se distinguió por algo que hoy sigue siendo muy reconocible: un bisel ancho y protagonista que prácticamente se convierte en parte de la indicación del tiempo.

En la nueva interpretación, Universal Genève conserva esa silueta, pero la acompaña con una esfera lacada, índices trapezoidales, estriado concéntrico y asas torcidas que recuperan directamente el lenguaje del original.

Hay una versión en acero con esfera azul y otra en oro rosa de 18K con esfera negra. Ambas utilizan el calibre UG-110 Microtor y ofrecen 72 horas de reserva de marcha, además de una resistencia al agua de hasta 100 metros.

Pero es en la versión de alta costura donde el Dioramic se va completamente a otro territorio: oro rosa, jade imperial, laca champlevé y 190 esmeraldas. Ahí el reloj deja de ser solamente una reinterpretación histórica y se convierte en una pieza de joyería.

El Disco Mini retoma la silueta del histórico Disco Volante y la convierte en una pieza más pequeña y versátil.  Foto: Cortesía Universal Genève
El Disco Mini retoma la silueta del histórico Disco Volante y la convierte en una pieza más pequeña y versátil. Foto: Cortesía Universal Genève

Disco Volante: El “platillo volante” se vuelve cronógrafo otra vez

El Disco Volante recupera otro de esos nombres que nacieron de la imaginación de los coleccionistas. Su origen está en los cronógrafos Uni-Compax de finales de los años treinta, cuyos perfiles redondeados y sin asas hicieron que algunos ejemplares recibieran el apodo italiano de “Disco Volante”.

La nueva versión toma esa silueta y la hace todavía más evidente con una caja escalonada, un bisel interior pulido, decoración concéntrica y un cristal de zafiro tipo caja.

Aquí está además uno de los cruces más interesantes del nuevo universo de Universal Genève: el Disco Volante recupera el ADN de los cronógrafos históricos, pero utiliza el calibre UG-200, el mismo concepto de microrrotor y cronógrafo que aparece en el nuevo Compax.

Hay versiones de acero con esfera azul y otra en oro rosa con esfera del mismo tono y correa de aligátor negra. En ambos casos, la caja llega a 45 milímetros y el movimiento ofrece 72 horas de reserva de marcha.

Las piezas de alta costura llevan la propuesta de Universal Genève hacia un territorio donde relojería y joyería prácticamente se encuentran. Foto: Cortesía Universal Genève
Las piezas de alta costura llevan la propuesta de Universal Genève hacia un territorio donde relojería y joyería prácticamente se encuentran. Foto: Cortesía Universal Genève

La alta costura: Cuando el reloj deja de querer parecer solamente un reloj

Y entonces está la parte más extravagante —en el mejor sentido— del regreso. Universal Genève presentó cuatro creaciones de alta costura: Cabriolet, Dioramic, Disco Mini y Disco Maxi. La Maison las plantea como piezas únicas en las que la relojería y la joyería se encuentran, recuperando ese espíritu de la alta costura de los años cincuenta en el que un accesorio podía ser tan importante como el vestido que lo acompañaba.

El Disco Maxi es quizá el ejemplo más evidente. Con 42 milímetros, una esfera construida alrededor de una raíz de rubí y un degradé de rubí, zafiro rosa y diamantes, parece diseñado para entrar en una habitación antes que quien lo lleva. El Cabriolet juega con zafiros y diamantes alrededor de una esfera de nácar azul; el Disco Mini utiliza ópalo y piedras de distintos colores; y el Dioramic convierte el jade imperial y las esmeraldas en el centro de la pieza.

Son relojes, sí, pero también son una declaración bastante clara de hacia dónde quiere llevar Universal Genève eso de ser Le Couturier de la Montre: hacer que la técnica esté al servicio de algo que también provoque ganas de mirar.

Al final, quizá lo más interesante del regreso de Universal Genève está en que no parece querer elegir entre pasado y presente. Ahí están los relojes que hicieron historia, pero también nuevas proporciones, materiales, piedras y movimientos que los sacan de la vitrina y los ponen otra vez en circulación. Genta sigue ahí, Nina Rindt también, pero ahora la historia se está escribiendo con otras reglas.

Y eso le queda bastante bien a una maison que alguna vez decidió llamarse Le Couturier de la Montre. Porque entre microrrotores, cronógrafos, Art Déco, esferas de piedra y bastante joyería, Universal Genève está haciendo algo más interesante que simplemente regresar: está tratando de recuperar ese lugar en el que un reloj puede ser preciso, mecánico y, al mismo tiempo, tener algo que decir cuando sale de la muñeca y entra en la conversación.

Leer también:

Recibe todos los viernes Hello Weekend, nuestro newsletter con lo último en gastronomía, viajes, tecnología, autos, y belleza. Suscríbete aquí:

Google News

[Publicidad]