Mara Lezama Espinosa —gobernadora de Quintana Roo y figura central de Morena/PVEM— atraviesa un momento sociopolítico complejo que afecta la imagen de su administración.

A cuatro años de gobierno, la gobernadora presumió avances en reducción de deuda y transparencia.

Sin embargo, su informe de gobierno se vio manchado por las recientes controversias vinculadas con sus viajes privados, el uso de recursos públicos, propiedades lujosas y diversos cuestionamientos sobre la gestión estatal.

Una imagen política bajo escrutinio

Los cuestionamientos resultan relevantes porque ocurren cuando comienza a definirse el escenario político rumbo a 2027.

¿Mara Lezama ha dejado de ser una imagen y trayectoria compatible con el proyecto que Morena representa?

Lezama ha reconocido viajes familiares, pero ha rechazado que hayan sido pagados con recursos públicos.

En sus intervenciones recientes, la comunicación no verbal de Lezama adquiere relevancia.

Los temas amenazan su credibilidad.

Frente a esto, Lezama ha optado por una exposición ambigua, evasiva y defensiva.

A pesar de que en sus discursos intenta proyectar una imagen de control, confianza y firmeza, su comunicación no verbal tiende a demostrar lo contrario.

Ha intentado mantener una expresión facial contenida con ligeras sonrisas sociales, que son recursos de gestión de la interacción y de la situación comunicativa.

Ha reducido el movimiento excesivo de las manos, lo que invita a dudar de la credibilidad de la información que presenta.

Tres rostros frente a una misma crisis

Si Lezama logra contener la crisis mediante transparencia y explicaciones documentadas, es posible que su relación con Morena se preserve.

Hasta ahora la gobernadora no ha sido convincente.

Cuando se le solicitó su opinión con respecto al distanciamiento de Ariadna Montiel, la gobernadora agachó y ladeó la cabeza, evitó la mirada, cerró los ojos y proporcionó una respuesta evasiva al afirmar que “la gente sabe quién soy”.

Es posible que Lezama siga destruyendo la narrativa que determinará su futuro político.

Un segundo escenario contempla que los cuestionamientos se acumulen y reduzcan su margen de influencia y credibilidad durante las candidaturas para 2027.

En los medios, destacaron su ausencia al Congreso para entregar su cuarto informe.

En su informe, la gobernadora Lezama se mantuvo con una postura erguida, una gesticulación amplia, un contacto visual constante, una expresión facial controlada y un desplazamiento distribuido en el espacio.

Esa seguridad, liderazgo, confianza y supuesta proximidad ciudadana que proyectó se han dilapidado en errores políticos y escándalos nacionales que incluso han empañado, de manera probablemente irremediable, a sus delfines para la sucesión: Gino Segura y Ana Patricia Peralta.

Un último escenario plantea la posibilidad de que la gobernadora concluya su mandato con un gobierno electoralmente competitivo, pero con una imagen más vulnerable y una oposición fortalecida.

Después del informe de gobierno, publicó un video en redes sociales en el que nuevamente se mostró encorvada, cabizbaja, con un jugueteo constante con el lápiz y con un ladeo continuo a lo largo de su intervención.

¿Será que no podrá mantenerse en control de la situación de crisis todo el tiempo?

La crisis de futuro

De acuerdo con diferentes encuestas, el nivel de aprobación de la gobernadora se ubicó entre el 60 y el 70 % en julio pasado.

Su crisis actual no simboliza el final de su proyecto y aspiraciones políticas, pero sí marca un punto de quiebre.

En un contexto morenista que exige disciplina y austeridad a sus gobiernos, la capacidad de Lezama para recuperar credibilidad al final de su administración será decisiva para enfrentar, con nostalgia pero con entereza, la transmisión del poder a quien parece desear la ciudadanía quintanarroense: un verdadero morenista en la conducción de la gubernatura.

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