El Partido Movimiento Morena empieza a deslizarse en el túnel de la política real, donde el ritmo y el control de los tiempos no podrán perderse, sobre todo porque el calendario electoral constitucional ya ha comenzado.

No se podrán entender los desenlaces en las coordinaciones estatales sin la toma de control, el cauce y el arbitraje prudente, firme y eficaz de la Dra. Sheinbaum.

Para quienes presiden la Comisión Nacional de Elecciones y el partido —Citlalli Hernández y Ariadna Montiel—, el reloj del tiempo empezará a tener un curso cualitativamente distinto.

La prioridad será evitar que el tablero de ajedrez morenista se desmorone con divisiones, fracturas y el desgarro interno.

Diversos acontecimientos contribuyeron a suspender de tajo el transcurrir de las manecillas del reloj de las candidaturas.

El delicado show político de Rocha Moya y su fugaz retorno al gobierno del estado fueron una puesta en escena para acelerar su negociación del proceso sucesorio morenista, con una rochista enmascarada que puede no garantizar el triunfo en el proceso constitucional.

Después de darse a conocer el primer grupo de candidaturas estatales, se suscitó el cuestionamiento a la dirigencia partidista de MORENA sobre la no publicación de las encuestas internas sobre quienes resultaron vencedores.

En paralelo, un alud de escándalos involucró a la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama; a su escudero, Gino Segura; y a su incómodo plan B: la alcaldesa Ana Patricia Peralta.

Ese fuego llamó poderosamente la atención nacional y provocó una indignación, evidenciada en las redes sociales digitales, por la corrupción y la ostentación desmedida; además, obligó a aparecer en la mesa de negociaciones del proceso interno sucesorio al verdadero as de lo que pasará en ese proceso: Jorge Emilio González.

Se nos dice que Iván Silva resguarda y defiende los intereses futuros del “Niño” Verde, retrasando el reloj y buscando que se vire en la decisión sobre Quintana Roo.

La situación se presenta cuesta arriba, lo que incluso pondría en riesgo el triunfo de MORENA en Quintana Roo.

Al mismo tiempo, Félix Salgado en Guerrero campeaba con sus propias asambleas informativas soberanas, presumiendo incluso mayor capacidad de convocatoria popular que la mayoría de quienes aspiran a la gubernatura.

Hasta ahora, quien se cuidó de polarizar el proceso y logró mantenerse firme, con una diferencia favorable en todas las encuestas de la entidad, podrá ser el factor de unidad en Guerrero.

El espectro de Washington se erigió, en particular, como un factor delicado en el proceso interno de Baja California Sur, al quedar tocada la senadora Julieta Ramírez por el mal de las visas suspendidas y su supuesta decisión de ser testigo colaborador de agencias estadounidenses.

Hay quienes aprovechan este impasse del tiempo de indecisiones y ya medran con mayor sigilo para preservar sus intereses, detonan escándalos que incluso no han tenido empacho en buscar demoler a funcionarios de la confianza más estrecha de la Presidenta Sheinbaum, para revertir escenarios legítimos consolidados en los procesos internos.

Casuísticamente, de manera particular, regional o en bloque, podrán decantarse nombres de las 12 coordinadoras y coordinadores en los estados restantes en la segunda mitad de septiembre, o se dejarán por muy tarde para octubre, y excepcionalmente más allá.

La trampa del tiempo y de las no decisiones es signo del duelo al interior de la cúpula presidencial y partidista morenista, pero no se podrá permitir que esas diferencias naturales en el seno del liderazgo deriven en un factor de división y de crisis en los procesos internos.

El tiempo de incertidumbre prolongado amenaza con debilitar la capacidad de la presidenta Sheinbaum para ser árbitro final y creíble entre contendientes, pero son días y semanas patrióticos, claves para los consensos con el expresidente AMLO y para acuerpar a los grupos de poder en la cima de la 4T.

En realidad, se ha abierto el compás para el canibalismo político: actores que se saben fuera de competencia o derrotados —incluso sorpresivamente, porque subestimaron a sus contendientes— optan por aprovecharse del tiempo de la excesiva prudencia presidencial, porque han perdido la brújula o porque desean un tiempo de gracia final para remover sus posibilidades, mientras en realidad pueden jugar a deslegitimar el futuro del partido-movimiento ante la elección de 2027.

El paso del tiempo podrá llevarse de bruces la contundencia de las encuestas aplicadas en los procesos internos, lo que abriría la compuerta a cuestionamientos contra quienes realmente demostraron que pueden garantizar competitividad, legitimidad y respaldo ciudadano; lealtad a los principios del partido-movimiento; y mejores resultados electorales para ganar las gubernaturas, con proyectos estatales alineados al segundo piso de la 4T.

Si esos factores no fueran relevantes porque algunos de los procesos internos estatales no los evidenciaron con claridad, queda la apuesta por el mal menor: ¿quiénes de los contendientes representan una campaña que no podrá ser cuestionada por nuevas ofensivas del gobierno de Washington? ¿Candidaturas o terceros en discordia cuyos negativos y posicionamientos son reconocidos por la mayoría de las encuestas, dentro y fuera del partido-movimiento? ¿U optar por quienes demostraron que construyeron y traen consigo un respaldo ciudadano genuino dentro y fuera de MORENA?

Sí, el tiempo de la indecisión puede convertirse en el de la muerte de la alta y edificante política, aquella que, como en la historia de la humanidad, buscó exorcizarse del mito de que los dioses caníbales se devoraban a sí mismos.

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