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A diferencia de lo ocurrido con las selecciones de Estados Unidos y Canadá, las victorias conseguidas hasta ahora por el Tri en el Mundial de Futbol han desatado una creciente euforia no sólo entre sus seguidores, que se cuentan por millones, sino también entre muchísimos mexicanos que normalmente no se interesan en este deporte.
Las manifestaciones de alegría más concurridas e intensas se han llevado a cabo en nuestras tres sedes (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey), aunque el entusiasmo colectivo ha invadido prácticamente todo el país y originado un fenómeno de masas muy impresionante.
En opinión de Fernando Vizcaíno Guerra, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, esto se puede explicar desde diferentes ángulos: por un lado, el futbol es más popular (y, por consiguiente, se practica más) en México que en Estados Unidos y Canadá, donde otros deportes (futbol americano, beisbol, basquetbol, hockey sobre hielo…) captan la atención del grueso de sus poblaciones.
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“Por el otro, el gobierno federal, así como los gobiernos de la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León, le están dando al Mundial no sólo una dimensión deportiva y pública, sino también política, para legitimar sus respectivas políticas públicas, precisamente. A esto hay que agregar los intereses de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociado) y los medios de comunicación, sobre todo la televisión y la radio, que ven esta competición como un jugoso negocio y lo redimensionan”, añade.
De acuerdo con el investigador universitario, otra explicación de este fenómeno de masas se relaciona con la tesis de Octavio Paz de que todos los pueblos, todas las personas, buscamos distintos medios o caminos para superar nuestro sentimiento de soledad.
“México es un pueblo que resuelve su soledad en la celebración colectiva, el grito, la fiesta, la borrachera... Y el futbol nos da a los hombres, particularmente —porque este deporte todavía tiene muchos arraigos masculinos—, la oportunidad de abrirnos, gritar, abrazar a otros, incluso a desconocidos, para vencerla. Esto es lo que hemos visto en las celebraciones multitudinarias que ha habido en el Ángel, el Zócalo y la glorieta de La Minerva, entre otros sitios”.
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Duelo colectivo
Debido a diversos factores que no es necesario mencionar aquí, lo más probable es que la Selección Mexicana sea eliminada tarde o temprano. Entonces, a decir de Vizcaíno Guerra, el público mexicano “sufrirá” lo que él llama un duelo colectivo temporal.
“Creo que, luego de la eliminación —la cual llegará fatalmente en cualquier momento—, una ola de tristeza, frustración e incredulidad golpeará a los aficionados y a los que no lo son tanto, y que éstos experimentarán un duelo simbólico por una ilusión compartida que se perdió. Ahora bien, siempre está la posibilidad de que a continuación emerja la catarsis por medio de la crítica. Si éste llega a ser el caso, primero se señalará al director técnico como ‘el gran culpable del fracaso’, después a los jugadores y finalmente a la Federación Mexicana de Futbol, que es la responsable del nivel del futbol en México.”
El investigador piensa que el público mexicano será resiliente ante la eliminación del Tri y asumirá que lo que le pasó a su equipo sólo es resultado de un juego.
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“¿Qué podemos esperar que suceda a partir de entonces? Que las redes sociales se llenen de memes y de burlas, ya que éstos permiten ejercer la crítica, pero también superar el duelo, aligerar el ambiente y aceptar que la vida cotidiana continúa.”
Relato hegemónico
Para Vizcaíno Guerra, el Mundial es un espectáculo total que, bajo la conducción de la FIFA, los medios de comunicación y los gobiernos federales y estatales de los países donde se realiza, construye un relato hegemónico continuo y ascendente.
“¿Y qué ocurre cuando la eliminación de una selección, por ejemplo la mexicana, interrumpe ese relato hegemónico continuo y ascendente? Se abre una grieta en él, se rompe el hechizo mediático y quedan expuestas las contradicciones estructurales que imperan en el futbol y la sociedad. De este modo, los espectadores dejan de ser pasivos para convertirse en activos y pueden reflexionar. A veces, los pueblos adquieren su sentido de comunidad no por el triunfo, sino por la derrota: el triunfo desencadena una euforia efímera, pero la derrota dolorosa genera un duelo colectivo que paradójicamente acaba por unificar a la gente. Y en lugar de: ‘somos los mejores’, el nuevo relato de la mayoría social dice: ‘somos los que resistimos, nos quejamos, nos reímos de nuestro fracaso y exigimos cambios”, concluye.
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