La Nochebuena y la no son celebraciones originarias de México, son consecuencia del proceso de evangelización que inició tras la llegada de los españoles en 1519. Sin embargo, contrario a lo que pudiera pensarse, fue un proceso en el que tuvieron gran participación los pueblos indígenas.

A 500 años de la llegada de Hernán Cortés al actual territorio mexicano, Berenice Alcántara, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, explica que también se cumplen cinco siglos de la primera Navidad en territorio de lo que hoy es México y que posiblemente se celebró en Tenochtitlan.

“El inicio del contacto de los pueblos indígenas con la religión católica inició en 1523 con la llegada de fray Pedro de Gante y posteriormente, en 1524, con la llegada de los 12 franciscanos que fueron enviados para iniciar el proceso de evangelización en la Nueva España. Es importante recordar este proceso de evangelización para entender que no fue rápido y que se logró gracias a la participación de los pueblos indígenas. Los evangelizadores siempre fueron muy pocos en comparación con las miles de indígenas”, dice la historiadora.

La investigadora señala que no se le puede denominarConquista espiritual” a este proceso pues es un término que Robert Ricard popularizó con su libro La Conquista espiritual de México, ella propone llamarlo proceso de evangelización.

“La conquista espiritual no es un término adecuado para describir este episodio. Este concepto deriva de las crónicas de los frailes que hablaban en términos de una lucha militar, porque es la retórica que utilizó la iglesia católica para decir que estaba en guerra contra el ‘Maligno’”.

La primera Navidad

En la expedición de Hernán Cortés, señala Alcántara, también venía el sacerdote Bartolomé de Olmedo, quien daba misas dominicales y realizaba confesiones; sin embargo, todas las ceremonias de la religión católica estaban restringidas para la comunidad europea.

“Sí, debió de haber una celebración de Navidad en el campamento de los españoles, supongo que en Tenochtitlan”, afirma.

Alcántara explica que el proceso de evangelización no fue la “imposición” de una nueva práctica religiosa, tuvo su primer momento con la llegada de, en 1523, de fray Pedro de Gante, quien tuvo la iniciativa de viajar a la Nueva España.

“Pedro de Gante es importante porque sienta las bases de este proceso de colaboración y mutua educación que va a existir entre los frailes e integrantes de los pueblos indígenas que decidieron aceptar la religión católica”.

Como primer paso, De Gante se estableció en la casa de los gobernantes indígenas de Texcoco quienes eran aliados a Cortés y participaron en la conquista de los mexicas. “Allí comenzó a educar a los hijos de los nobles de Texcoco, esto fue repetir un modelo que ya se había llevado a cabo en Europa, particularmente en España, cuando se dio la conquista del reino musulmán de Granada”.

La historiadora define el proceso que hizo el fraile como de “doble educación”, porque por una parte aprendió la lengua náhuatl y las costumbres de los jóvenes nobles, mientras que por otro les enseñó elementos de la doctrina cristiana: oraciones, así como lo que tenían que hacer y decir en una misa.

Pedro de Gante, señala Berenice Alcántara, menciona en sus cartas que los primeros cinco años que estuvo en Texcoco, sólo pudo “tener acceso a las clases nobles”, mientras que en espacios o mercados, se mantenían los rituales indígenas.

Ante la nula incidencia en otras clases sociales, De Gante buscó un “canal de comunicación que sentó las bases de lo que fue el proceso envangelizador”.

El fraile le propuso a los nobles de Texcoco que compusieran un nuevo tipo de danzas —elemento importante en los rituales indígenas— que ya no estuvieran dedicadas a los dioses antiguos sino al dios cristiano.

“Por otro lado, él compuso cantos dedicados para la Navidad que no se sabe bien si es la de 1528 o 1529. Las composiciones las repartió a los nobles de Texcoco y de otros pueblos en los que ya había franciscanos, como en Tlatelolco y Huejotzingo”.

De acuerdo con fuentes históricas, la primera Navidad se llevó a cabo en el templo de San Francisco (donde hoy está la Torre Latinoamericana). Allí fue donde se presentaron las danzas y cantos ideados por De Gante.

“En el templo de San Francisco fue donde se celebró una Navidad de forma masiva, aunque ya se hacía en lugares privados. Lo único que se sabe de esa celebración es que se compusieron cantos que hablaban del nacimiento de Cristo y que fueron representados en danzas por miles de personas. Aquella celebración duró varios días”.

Por su parte, los 12 frailes franciscanos comenzaron la tradición de los nacimientos como se hacían en Europa, es decir, vestían a varias personas y escenificaban sin parlamentos el nacimiento de Cristo.

“También se comenzaron a hacer las primeras obras sobre la Navidad. En la década de 1530 comenzaron las representaciones teatrales. Eran de diversos temas como la creación del mundo, con Adán y Eva, la conquista de Jerusalén, el Juicio Final y la llegada de los Reyes Magos”.

Además de los franciscanos llegaron frailes de la Orden de San Agustín quienes realizaron crónicas en las que narraron cómo iniciaron en Acolman la celebración que actualmente conocemos como posadas.

La nueva religión

En 1524, con la llegada de los 12 franciscanos, entre los que estaban Motolinia y Martín de Valencia, éstos contribuyeron a la difusión del catolicismo; fue una época en la que se persiguieron a aquellas personas que se opusieron a la religión católica.

La persecución contra quienes no quería cambiar de religión fueron registrados en testimonios recopilados por Diego Muñoz Camargo.

Algunas personas fueron sometidas a “procesos inquisitoriales” que llevó a cabo fray Juan de Zumárraga, conocido como el primer Obispo de la Nueva España.

Las persecuciones, dice la historiadora, también tuvieron un carácter político y religioso, porque fue una época en la que el rey quiso imponer su poder en la Nueva España y aminorar el poder que tenían los conquistadores.

“El proceso de evangelización fue lento porque irá de esos grandes pueblos que en un primer momento estuvieron aliados con los conquistadores; después fue de la nobleza al resto de la población y porteriormente de esas cabeceras hacia pueblos más distantes en un proceso que duró todo el siglo XVI, es decir, la religión llegó y se impuso”.

Para el siglo XVII la religión católica ya estaba en todo el centro de México: “Hacia el norte aún era territorio en exploración y conquista”. Parte del proceso de evangelización fue registrado en el Códice Azcatitlán y en en el libro la Doctrina christiana en lengua mexicana, de fray Pedro de Gante.

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