Finalmente hay un acuerdo de cese al fuegoque brinda un poco de alivio a la región, a la economía mundial y al propio Trump. La realidad es que tanto la prolongación de la guerra activa que inició a finales de febrero, como su potencial escalada, y aun el estatus quo que le siguió, con la permanencia del cierre del Estrecho de Ormuz, eran escenarios insostenibles para el presidente estadounidense. En ese sentido, Washington obtiene, por ahora, un mínimo indispensable. La narrativa que Trump ya está construyendo, y que seguirá creciendo en los próximos días, apunta a presentar este como un acuerdo histórico, muy superior a los acuerdos o negociaciones previas con Irán. No podría ser de otro modo. Trump no podría aceptar públicamente que, después de haber abandonado el pacto que calificó como “el peor acuerdo jamás firmado”; después de su campaña de presión máxima de 2018 en adelante; después de haber lanzado la actual guerra, eliminado al líder supremo de Irán junto con su círculo más cercano e infligido severos daños materiales a ese país, el pacto que ahora mismo se sigue negociando sea relativamente similar a lo que ya existía en 2015 o, en todo caso, a lo que él mismo ya había extraído como concesiones de Irán este mismo 2026 antes de iniciar la guerra. Pero la realidad es que Irán está efectuando concesiones que, en su mayoría, ya había efectuado anteriormente y, además, obtiene victorias estratégicas que habrá que dimensionar con el tiempo. Van algunas notas al respecto.
1. Lo primero es entender que, por ahora, no existe un acuerdo formal, sino un memorándum de entendimiento: una ruta basada en principios cuyos detalles no han sido publicados por completo. Sin embargo, a partir de las declaraciones y entrevistas de Trump, los posicionamientos de Irán y diversas filtraciones de prensa, contamos ya con algunas pistas.
2. Sabemos que, hasta ahora, existe un acuerdo para extender el cese al fuego durante 60 díascon el fin de finalizar los detalles de lo que sí sería un pacto formal. Pero también sabemos que, durante ese periodo, Irán ha accedido a reabrir completamente el Estrecho de Ormuz y Washington a suspender el bloqueo de los puertos iraníes.
3. Los temas relacionados con el programa nuclear iraní se discutirán únicamente después de que el Estrecho de Ormuz quede completamente abierto, el bloqueo estadounidense sea levantado y, según Teherán, se libere una parte de los fondos iraníes congelados en bancos internacionales. La liberación de más fondos y el levantamiento adicional de sanciones serán progresivos y dependerán del avance del resto de las negociaciones.
4. Hasta aquí las certezas. A partir de este punto, el análisis tiene que desmenuzarse considerando dos factores. El primero es lo que se vaya publicando oficialmente acerca de lo que ya está acordado y de lo que se negociará en las próximas semanas. El segundo consiste en comparar esos elementos con lo que Washington ya había obtenido de Teherán tanto en 2015,mediante el pacto nuclear firmado por EU, Francia, Reino Unido, Alemania, China, Rusia y la Unión Europea con Irán, como en 2026, tras varias negociaciones encabezadas por Kushner y Witkoff, en las que ya se encontraba sobre la mesa un conjunto de concesiones mayores justo antes de iniciar la guerra.
5. Porque el punto de partida es que la guerra fue iniciada por Trump e Israel no para preservar lo que ya se había obtenido, sino, originalmente, para descabezar al régimen iraníy, si no hacerlo colapsar, sí al menos producir lo que Trump veía —y declaró en numerosas ocasiones— como el modelo Venezuela: un régimen que, aunque sobrevive, está absolutamente dispuesto a colaborar con Washington bajo sus términos para evitar nuevas operaciones bélicas en su contra. Eso es justamente lo que nunca ocurrió.
6. Por el contrario, la mayor victoria del régimen en Teherán ha sido resistir frente a la mayor potencia militar del planetay a la mayor potencia militar de su región combatiendo conjuntamente en su contra, no solo sin haberse doblegado o “rendido incondicionalmente”, como exigía Trump, sino mostrando la tolerancia y la determinación necesarias para continuar la guerra hasta negociar términos relativamente favorables. En palabras simples, Teherán consigue proyectar capacidad para seguir asumiendo los costos del conflicto, al tiempo que elevó el precio de la guerra para Trump a un grado tal que ese presidente tuvo que aceptar que el régimen no iba a rendirse y que tendría que conformarse con un acuerdo bastante inferior al que deseaba obtener.
7. Así, lo que por ahora Teherán está consiguiendo es que varias de las mayores críticas de Trump al pacto nuclear de 2015—por ejemplo, su programa de misiles o su respaldo, armamento y entrenamiento de milicias aliadas en Irak, Líbano y Yemen— estén siendo excluidas de las negociaciones actualesy, en todo caso, se traten como asuntos separados en el futuro. De hecho, uno de los mayores logros de Irán es haber vinculado eficazmente el frente de Líbano con los demás frentes; es decir, haber forzado a Israel, a través de Trump, a aceptar un cese al fuego en Líbano cuando ese país no considera aún haber alcanzado sus objetivos estratégicos frente a Hezbollah, el principal aliado no estatal de Irán.
8. Trump afirma haber conseguido de Irán el compromiso de nunca desarrollar u obtener una bomba atómica—lo que en realidad representa un refrendo del propio pacto de 2015, en el que Irán ya había asumido ese compromiso en seguimiento a su pertenencia al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP)— y sostiene además que las inspecciones sobre las instalaciones nucleares iraníes serán muy superiores a las previas, algo que habrá que observar y evaluar con el tiempo. Pero la verdad es que, en el fondo, esto no parece ser demasiado distinto de lo que sabemos que Irán ya había aceptado antes de la guerra.
9. Tampoco la reapertura del Estrecho de Ormuz constituye otra cosa que un mínimo indispensable que simplemente devuelve las cosas al estatus quo previoa la confrontación militar. Además, funcionarios iraníes ya han estado declarando que, una vez transcurridos los 60 días de esta extensión del cese al fuego, Irán podrá cobrar cuotas a las embarcaciones que crucen por ese paso. Trump lo niega, por supuesto, pero en cualquier caso se trata de una carta de negociación que ahora Irán posee y que no tenía antes de esta guerra.
10. En otras palabras, por ahora Irán consigue separar el tema del Estrecho de Ormuz y de algunas de las sanciones económicas en su contra de otros asuntos cruciales, como el nuclear. En esencia, esto consiste en forzar a Washington a reaccionar frente a la realidad impuesta tras la guerra, en lugar de conservar la iniciativa de la agenda de negociaciones.
11. En cuanto al proyecto nuclear iraní, asunto central para Trump y para todos los actores regionales, aún falta conocer los detalles de lo que se ha acordado o de lo que seguirá negociándose. Hasta ahora, Trump asegura que Irán se deshará—“con el tiempo”, según declaró recientemente al New York Times—de los más de 400 kg de uranio enriquecidoque Teherán posee, cantidad suficiente para producir aproximadamente diez bombas atómicas en el curso de alrededor de un año adicional si Irán decidiera hacerlo. Pero, de nuevo, esto no representa sino un mínimo indispensable.Cuando Trump abandonó el pacto nuclear en 2018, Irán no contaba con material enriquecido porque se había deshecho de él como parte de aquel acuerdo. Teherán solo reanudó el enriquecimiento de uranio a altos grados de pureza a partir de 2019, una vez que Estados Unidos reimpuso sanciones en su contra y como medida para contrarrestar la presión ejercida por Trump.
12. Respecto a si Irán podrá seguir enriqueciendo uranio a niveles mínimos o si suspenderá completamente el enriquecimiento, así como respecto al período durante el cual ese enriquecimiento se reducirá o se suspenderá por completo, esos son precisamente algunos de los temas que deberán negociarse durante estos 60 días. Habrá que revisar los acuerdos finales, pero una vez más se necesita contrastar esos posibles resultados con lo que Irán ya había aceptado en 2015 y, especialmente, con el hecho de que Teherán ya había aceptado ante Kushner y Witkoff suspender su proyecto nuclear durante varios años.
13. Al final, lo que podemos esperar es que el régimen en Teherán busque, para poder sobrevivir y asegurar esa supervivencia: (a) garantías de que no habrá agresiones futuras; (b) un flujo considerable de recursosmediante la liberación de sanciones, activos congelados y/o algún acuerdo económico relacionado con el Estrecho de Ormuz; (c) libertad para conservar su proyecto de misiles y drones; (d) alguna forma de supervivencia de su proyecto nuclear —aunque este sea suspendido o reducido temporalmente— sin tener que desmantelarlo; y (e) que su red de alianzasregionales no sea afectada por los nuevos acuerdos.
14. Existe, por tanto, una probabilidad importante de que los temas más delicados no logren resolverse del todoy que, más bien, estemos ante una primera fase en la que únicamente se acuerde un cese al fuego, quizás prolongado más allá de los 60 días, la reapertura de Ormuz y, en todo caso, asuntos como el destino del uranio enriquecido en manos de Irán. Posteriormente vendrá una segunda fase destinada a negociar el resto de los puntos clave, pero con negociaciones que podrían extenderse durante meses, si no es que años.
15. La probabilidad de que Trump reanude las hostilidades a un nivel comparable al observado en marzo y abril, o incluso que escale las operaciones, aun si no se alcanzan acuerdos respecto a los temas clave arriba señalados, parece bastante baja, aunque desde luego no puede descartarse por completo.
16. El eslabón más débil de esta cadena es, sin duda, el factor Israel.En ese país existen fuertes críticas hacia Netanyahu por aceptar someterse a Trump bajo términos que muchos consideran insuficientes, tanto respecto a Irán como respecto a Hezbollah. El establishment de seguridad israelí teme que los términos negociados por Trump terminen fortaleciendo al régimen en Teherán en lugar de debilitarlo, como era la meta original de esta guerra. También teme que los sectores más duros en Teherán, hoy a cargo del país, estén simplemente ganando tiempo y eventualmente busquen reanudar su proyecto nuclear mientras Israel permanece limitado por las decisiones de Trump.
17. Desde esta lógica, el escenario más probable es que Jerusalem busque que, una vez transcurrido cierto tiempo y mientras Trump se encuentra ocupado con otros de sus múltiples frentes abiertos, Israel conserve la flexibilidad para seguir ocupando franjas de territorio en Líbano, así como la libertad para continuar bombardeando a Hezbollah o a Hamás —como ocurre actualmente de manera regular— y eventualmente también a Irán. La cuestión es que, si Teherán decide responder no solo directamente contra Israel, sino mediante represalias indirectas —contra otros países o nuevamente contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz—, la inestabilidad regresará a la región.
Todo esto es lo que tendremos que evaluar en las semanas y meses que siguen. Continuaremos escribiendo sobre el tema.
Instagram: @mauriciomesch
X: @maurimm

