Después de una larga espera, finalmente comenzó la Copa Mundial de la FIFA en los tres países sede. Como sucede en cada Mundial, las expectativas eran enormes y los primeros partidos han dejado, en términos generales, un buen sabor de boca.

He tenido la fortuna de asistir a varios Mundiales, trabajando en temas de derechos de transmisión y de información. Siempre me ha llamado la atención cómo cada edición desarrolla una personalidad propia, destacando el ambiente que se vive en cada sede. En esta ocasión, en el tema de distribución de señales de los partidos, la FIFA ha asegurado una amplia cobertura en todo el mundo, creando un factor multiplicador impresionante. Por ahora, no hay cifras que avalen el número de televidentes, pero les puedo asegurar que rebasará todos los récords.

Afortunadamente, la tradicional hospitalidad mexicana ha vuelto a quedar de manifiesto. Hasta ahora, no se han presentado incidentes mayores que empañen una celebración que moviliza a millones de personas alrededor del mundo.

En lo deportivo, algunas selecciones han mostrado una clara intención de ser protagonistas. Estados Unidos, por ejemplo, exhibió un futbol dinámico y ofensivo frente a Paraguay, históricamente incómoda y competitiva. Los anfitriones parecen decididos a aprovechar al máximo la oportunidad de jugar gran parte del torneo en casa.

Corea del Sur, próximo rival de México, también dejó una impresión positiva. Su intensidad y agresividad ofensiva fueron evidentes durante gran parte de su encuentro ante República Checa.

Por su parte, México cumplió en su presentación al derrotar a Sudáfrica, aunque la sensación fue que el marcador pudo haber sido más amplio.

Uno de los temas que más controversia ha generado ha sido el relacionado con las visas y las restricciones de ingreso a Estados Unidos. La FIFA ha tenido poco margen de maniobra frente a decisiones soberanas de un gobierno anfitrión.

Canadá también merece una mención especial. Su multiculturalidad se refleja claramente en las tribunas.

En México, el partido inaugural presentó un escenario espectacular. El estadio lució lleno, el ambiente fue extraordinario y la afición respondió como solamente sabe hacerlo cuando su Selección es protagonista.

Guadalajara vivió una realidad distinta en su primer encuentro, sin llenar el estadio. Sin embargo, todo indica que cuando México enfrente a Corea del Sur, el inmueble estará a su máxima capacidad.

El Mundial apenas comienza. Quedan muchas historias por contar, sorpresas por descubrir y emociones por vivir. Como ocurre cada cuatro años, el futbol vuelve a recordarnos por qué sigue siendo el deporte capaz de unir al mundo entero.

luis@vamosdeportes.com

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