¿Debemos entender acaso por “guerra sucia” los insultos, las calumnias, los denuestos, las agresiones verbales o la publicación de hechos incontestables del pasado público o privado intercambiados públicamente entre los candidatos a ocupar puestos de elección popular? La llamada “guerra sucia” irrita a los pretendientes al poder porque sus opositores no se conducen dentro de un estricto esquema de rigor ético. ¿Rigor ético…? ¿Sí…? Los políticos se duelen ante lo que consideran un ultraje, porque se les humilla, se les agravia, se les ofende al ver lastimado su “intachable” sentido del honor. ¿Su qué…? Su piel sensible no resiste heridas, por más leves que sean, y mucho más aún cuando éstas se originan en embustes de absoluta mala fe de parte de otros contendientes. ¿Ahora sucede que los aspirantes y sus equipos son de buena fe y nunca manipulan ni mienten al electorado? ¿Buena fe? ¿Qué es eso? ¿Son Carmelitas Descalzas y protestan cuando alguien, a su entender, los ataca injustamente, o enfurecen al caer en una trampa o ser víctimas de una chicanería? ¿No hay trampas en la política? ¿De veritas…? ¿No…?

¿Se podría construir un catálogo de normas a las que deben someterse los candidatos durante una contienda electoral? ¿No se valen los golpes arteros abajo del cinturón? ¿No se pueden maquillar los hechos para aplastar a los opositores? ¿Quién define las bases éticas y morales de los postulantes a lo largo de la campaña y dicta la sentencia para castigar a los transgresores? ¿El Trife? ¡Ja! Es algo parecido a la queja de un alto mando militar que protesta porque un espía le robó el plan de la ofensiva a ejecutarse al día siguiente: —Oye, le dirá al teléfono al enemigo, no se vale birlar mis documentos secretos, los de mi táctica para ganarte, ¿ahora cómo te ataco, caray…?

¿Qué tal en este entorno de sarcasmo periodístico si intentamos redactar los mandamientos de todo “buen” político, sobre la base de que existan los buenos políticos?

*Amarás la ética política por sobre todas las cosas, en el caso de que ésta exista. *No harás promesas que de antemano sabes que nunca cumplirás, y menos ilusionarás a los desesperanzados, tan fáciles de engañar y manipular. *No cometerás actos impuros ni te burlarás de tus opositores con apodos ofensivos como Ricky, Rickín… *Honrarás con la debida dignidad a tus adversarios en el entendido que en la guerra, en el amor y en la política todo se vale. *No mandarás intimidar a tus opositores ni mucho menos los asesinarás. *No lucrarás a título personal con los recursos públicos destinados a tu campaña. Es dinero de los contribuyentes que te los podrás clavar a discreción. *No rendirás falsos testimonios ni mentirás, sobre todo si es posible descubrir tus embustes. *No consentirás pensamientos ni deseos impuros, ni desearás a las edecanes durante los debates. *No codiciarás los bienes ajenos ni los presupuestos de los demás. *No llegarás dopado a los debates para ocultar tu irascibilidad y tu intolerancia. Es irresponsable ser jefe del Ejecutivo si no se puede prescindir de los psicotrópicos. *Aceptarás la derrota en el marco de la civilidad sin tratar de despertar al México Bronco. *No copiarás estrategias ni declaraciones exitosas de los otros contendientes, salvo que tus consejeros sepan ocultar bien la mano negra. *No amenazarás con cargos como “que quede en tu conciencia” cuando es público y notorio que se carece de esta última. *No te dirigirás en inglés a tu interlocutor cuando sabes que difícilmente puede articular un argumento en castellano. En futbol americano se llamaría “Rudeza innecesaria”. *No mostrarás en público tu cartera cuando se ha dejado constancia de la ausencia total de dinero. Menos, mucho menos, dejarás al alcance de los espías tus cuentas en divisas en el extranjero. *No exhibirás tus deslumbrantes conocimientos para construir un México moderno ante quien funda su campaña con argumentos sacados del bote de la basura. *No te negarás a mostrar tus declaraciones de impuestos para demostrar de qué has vivido. No importa que sean falsas, pero será imperativo taparle los ojos al macho. *Un evasor de impuestos no puede acceder la Presidencia de la República, sobre todo si pretende encabezar una revolución moral de la sociedad. Se predica con el ejemplo, aunque el ejemplo esté abiertamente podrido…

La guerra sucia en política se da en todas las latitudes, salvo que decirle a la señora Clinton “usted debería estar en la cárcel” sea un juego inocente de niños. ¡Claro que la guerra sucia es propia de la campañas electorales, sin olvidar que existen búmerans que hacen añicos las cabezas, como las de quienes atacaron de nueva cuenta a Anaya con las acusaciones de supuestos socios queretanos! El capital político del Frente por México se incrementó sensiblemente con la agresión en las redes, las reinas de la fiesta. El electorado juzgará. No está integrado por menores de edad.

A propósito, el autor de esta columna contestó el teléfono y escuchó una voz que decía así: “Como tú sabes, López Obrador propuso dar amnistía a quienes han participado en el narcotráfico. ¿Tú estás a favor o en contra de que se les perdone a quienes cometieron delitos relacionados con el tráfico de drogas?” Debo confesar que solo pude apretar un botón para manifestarme en contra de la amnistía, porque cuando quise expresar mi rechazo a casi todas las políticas de AMLO se cortó lamentablemente la llamada…

En la guerra sucia existen estrategias defensivas. Cada quien escoge sus armas con el riesgo de perder el encuentro. Bienvenida la guerra sucia, una guerra de talentos políticos en beneficio del electorado. A ver quién se defiende mejor y exhibe a la contraparte sobre la base respetar al pie de la letra los mandamientos antes enunciados. ¡Salú…!

Twitter: @fmartinmoreno

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