El 14 de febrero o , millones de personas alrededor del mundo se reúnen para celebrar el amor y la amistad, dejando de lado que el cariño y la pasión van más allá del significado convencional y de lo tangible.

No es el caso de Leslie Muñoz Uriarte, angióloga y cirujana vascular con sede en la Ciudad de México, quien encuentra en su especialidad una vocación, profundo amor por el trabajo y un propósito de vida.

Egresada del Centro Médico Nacional Siglo XXI y certificada por el Consejo Mexicano de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular, la Dra. Muñoz dedica largas jornadas al día a aplicar sus conocimientos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de decenas de pacientes.

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Foto: Nara Muñoz, EL UNIVERSAL
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Cuando la vocación se convierte en una historia de amor

A mi me encanta lo que hago, lo amo”, dice sin titubeos la Dra. Muñoz. No como una frase aprendida, sino con la certeza construida a lo largo de trece años de formación, desvelos y decisiones que la llevaron a encontrar algo más que una carrera: una vocación compleja, divertida, gratificante e inusual, que la define.

Para ella, el amor por la medicina no llegó de manera romántica ni idealizada. Al entrar a la carrera, no lo hizo con la clásica narrativa de “salvar vidas”, sino con la inquietud de crear con las manos. “A mí lo que me llamaba la atención era ser cirujano, poder hacer cosas extraordinarias con las manos, pero en las personas”, recuerda.

Fue durante su internado médico cuando todo cambió. En su primera rotación por la especialidad de angiología, presenció una cirugía que marcaría su carrera. “La primera vez que vi a mi maestro operar una vena y una arteria con una sutura más fina que un cabello, me enamoré”, confiesa.

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Foto: Nara Muñoz, EL UNIVERSAL
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También agrega que este enamoramiento no solo implicó la complejidad técnica, sino la belleza del acto. “Se sentía como ver arte, como cuando ves a un patinador sobre hielo. Se me hizo algo sumamente hermoso, porque mi maestro operaba muy hermoso".

De la felicidad en el quirófano y las dificultades de la medicina

Mi momento más feliz es operando”, afirma la Dra. Muñoz. Para ella, cada procedimiento exitoso trae una sensación comparable a la que siente un atleta ganando un partido, una competencia o un enfrentamiento: “Cuando a mi paciente le va bien, se siente como una pequeña victoria, como que todo lo valió”.

Esto no quiere decir que las demás etapas de la atención al paciente no sean importantes, pues al final del día, la consulta, el seguimiento y el servicio post-quirúrgico, están todos relacionados a la cirugía.

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Foto: Especial
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Sin embargo, este amor por su trabajo no la aleja del cansancio ni de las dificultades. Leslie Muñoz habla con honestidad sobre una profesión que exige mucho y que no siempre es reconocida como debería. “Todavía no está al cien por ciento apreciada la profesión del médico”, señala. Dormir poco, comer a deshoras o simplemente detenerse a descansar suele ser mal visto, aún cuando el desgaste físico y emocional puede llevar a estos profesionistas tan importantes al burnout.

A pesar de todo esto, la Dra. Muñoz nunca ha sentido que el tiempo invertido haya sido en vano. “Nunca lo he considerado tiempo perdido, sin importar las desveladas, los ayunos, el tiempo que no pasé con mi familia o con mis amigos, pues todos los días sigo disfrutando lo que hago”, asegura.

Esta profunda y sincera pasión por la medicina, y por prestar su servicio y conocimiento, también se traduce en bienestar personal para ella: “Llego feliz a mi consultorio y me voy feliz a mi casa, a pesar del cansancio. A mí, el amar mi trabajo, me ayuda a pararme todos los días y venir al consultorio y ofrecerle la mejor experiencia y mi mejor versión a mis pacientes”.

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Foto: Nara Muñoz, EL UNIVERSAL
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El lado más humano de la medicina...

Para la Dra. Muñoz, vivir enamorada de su profesión también significa no olvidar el lado humano de la medicina. “A veces, a los doctores se nos olvida que el paciente no viene por gusto. El paciente viene porque te necesita. Y esa posición al final del día es una posición de poder que tienes por encima del paciente”, dice con firmeza.

Destaca que el amor por el trabajo se refleja en la empatía, en el trato digno y en la capacidad de no perder de vista por qué se eligió este camino.

Acerca del amor, la definición de la Dra. Muñoz trasciende lo romántico: “Es cariño genuino, incondicional, hacia una persona… o hacia una profesión, simplemente por quien es o lo que es”. Y al comparar ese sentimiento con otros amores de su vida, no duda en exclamar que la angiología también la ha construido. “Si yo no fuera médico, seguiría siendo Leslie, pero no la Leslie que todos conocen hoy”.

Foto: Especial
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En un día dedicado al amor, su historia recuerda que también existen relaciones profundas con aquello que nos transforma, nos exige y nos llena. En su caso, una relación duradera, apasionada y comprometida con la angiología, la cirugía, el servicio y la vida misma. Porque para algunos, como la Dra. Leslie Muñoz Uriarte, amar no solo es sentir: también es operar.

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