“El hombre sólo sobrevive juntándose con otros y creando sociedades. Y la condición sine qua non (sin la cual no) para lograrlo es la ”, defendía la autora francoiraní Marjane Satrapi, quien falleció “de tristeza” este jueves a los 56 años.

Conocida internacionalmente por la novela “Persépolis”, autobiografía donde relata su infancia y adolescencia en Irán durante la Revolución Islámica y su posterior exilio, Satrapi fue condecorada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024.

Al recibir este galardón, la también cineasta citó en su discurso a Saadi, a quien llamó “el gran poeta iraní” del siglo XIII: “Tú que eres indiferente al sufrimiento de los demás, no mereces llamarte humano”, dijo.

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La directora, ilustradora y autora Marjane Satrapi posa para los fotógrafos a su llegada para presentar la película "La Bande des Jotas" en la 7ª edición del Festival Internacional de Cine de Roma, el 16 de noviembre de 2012. Foto: AP
La directora, ilustradora y autora Marjane Satrapi posa para los fotógrafos a su llegada para presentar la película "La Bande des Jotas" en la 7ª edición del Festival Internacional de Cine de Roma, el 16 de noviembre de 2012. Foto: AP

“Hablemos de humanidad”

Historietista, cineasta, dibujante, escritora y pintora, nació en Rasht, Irán, en 1969 y estaba asentada en París, dónde llegó en 1994 y adquirió la nacionalidad francesa en 2006.

Pese a su estado delicado de salud, Marjane Satrapi mostró en su obra su preocupación ante la represión contra la sociedad civil iraní y defendía públicamente los movimientos en favor de las libertades y derechos de las mujeres.

Cuando recibió el , su mensaje fue dedicado a “hablar de la humanidad”.

En su discurso, Satrapi mencionó que la humanidad estaba marcada por claroscuros: desde los hombres que matan mujeres en actos bestiales hasta quienes pierden la vida a manos de torturadores para proteger a sus semejantes.

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“Están los miembros de la orquesta que tocan una sinfonía y nos regalan la forma más pura de la belleza, y están los que orquestan guerras y que, por cada cien litros de sangre derramada, son condecorados con una nueva medalla”, pronunció.

Por ello, la autora de “Persépolis” dijo no tener una visión idealizada de lo humano y reconoció que, en sí misma, experimentaba esa dualidad, aceptado su violencia como su benevolencia, “esperando siempre que la segunda prevalezca sobre la primera”.

Un llamado a repensar la educación

Marjane Satrapi también reflexionaba sobre la educación como una clave para que cualquier ser humano pudiera vivir con dignidad, para que nadie sufriera brutalidad o humillación por su sexo, etnia o color.

Sin embargo, admitió las debilidades de este pensamiento: “¿No tenía Goebbels un doctorado en filosofía? ¿El Dr. Mengele no había hecho el juramento hipocrático?”, recordó.

“¿Estaremos equivocados cuando definimos educación? Quizás antes de educar a nuestros hijos para que tengan éxito económico y social, debiéramos enseñarles que el verdadero éxito radica ante todo en el humanismo”, consideró.

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En su pensamiento humanista, la artista francoiraní hizo un llamado a repensar la educación: en vez de enseñar a los niños a aprender todo de memoria y recitarlo como loros, propuso enseñar ética, civismo y, sobre todo, compasión y bondad.

“Y les aseguro que no soy de las que ponen la otra mejilla. Por una bofetada recibida devolvería diez, pero trato de no ser nunca yo quien pega la primera”, mencionó.

Satrapi cerró aquel discurso con un poema de Saadi, en donde agradeció a la humanidad en su integridad:

Los seres humanos son parte de un mismo cuerpo,

y tienen un mismo origen.

Cuando la vida causa dolor a un miembro

los demás no descansan.

Tú que eres indiferente al sufrimiento de los demás,

no mereces llamarte humano.

em/apr

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