es una de las figuras con mayor trayectoria dentro de la izquierda sinaloense y la elegida para encabezar la nueva etapa de Morena en Sinaloa, luego de la salida de Rubén Rocha Moya del gobierno estatal.

Con 58 años de edad, Castro cuenta con una carrera política que comenzó mucho antes de la creación de Morena. Originaria de la comunidad de Agua Caliente de Cebada, en el municipio de Sinaloa, construyó buena parte de su trayectoria dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que fue dirigente estatal y al que representó en dos ocasiones como diputada local.

Su historia política comenzó mucho antes de ocupar un cargo de elección popular. Durante los años noventa se incorporó a organizaciones vinculadas con las causas campesinas y formó parte de la Dirección Nacional de El Barzón, movimiento que adquirió fuerza durante la crisis económica de aquella década.

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Posteriormente se incorporó de lleno a la estructura del PRD. Entre 1996 y 1997 fue subsecretaria de Asuntos Agropecuarios del Comité Ejecutivo Nacional del partido y, entre 1999 y 2001, ocupó la Secretaría de Formación y Estudios del PRD en Sinaloa. Entre 2005 y 2008 encabezó el Comité Ejecutivo Estatal perredista.

En las elecciones federales de 2000, bajo las siglas del PRD, fue candidata al Senado. Un año después llegó por primera vez al Congreso de Sinaloa como diputada local y posteriormente regresó a la legislatura estatal en 2013.

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Su trayectoria también incluye experiencia en la administración pública. Durante el gobierno aliancista de Mario López Valdez, conocido como Malova, formó parte de su gabinete en un área de la Secretaría de Desarrollo Económico.

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Del PRD a Morena y crítica del PAS

En 2017, Castro abandonó las filas del PRD y se incorporó a , partido con el que un año después llegó al Senado de la República como parte de una fórmula electoral junto con Rubén Rocha Moya.

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La relación política entre ambos, sin embargo, comenzó a cambiar con la sucesión de 2021.

Durante aquel proceso interno de Morena para definir candidato a la gubernatura de Sinaloa, Castro formó parte del grupo que respaldaba al entonces dirigente estatal del partido, Luis Guillermo Benítez Torres, conocido como “El Químico”, quien también buscaba competir por la candidatura.

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Morena finalmente se inclinó por Rocha Moya, quien posteriormente ganó la elección para gobernador.

Después de esa definición, Castro hizo públicas sus diferencias con una de las decisiones políticas que acompañaron al proyecto electoral de Rocha: la alianza de Morena con el Partido Sinaloense (PAS), fundado por .

La senadora cuestionó entonces el acercamiento con el grupo político de Cuén, al que identificaba como adversario de la corriente de izquierda universitaria de Sinaloa.

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Una figura propia dentro de Morena

En 2024, Castro consiguió la reelección como senadora, consolidándose como uno de los cuadros sinaloenses con mayor experiencia legislativa dentro de Morena.

A partir de entonces, su nombre comenzó a cobrar mayor fuerza como una de las posibles aspirantes a la gubernatura de Sinaloa en 2027. El crecimiento de su figura política también coincidió con un progresivo distanciamiento del grupo encabezado por Rocha Moya.

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Castro comenzó a promover abiertamente su perfil político y su eventual aspiración por la gubernatura, lo que derivó en cuestionamientos y denuncias ante las autoridades electorales por presuntos actos anticipados de precampaña.

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Las acusaciones, promovidas por Movimiento Ciudadano y el Partido Acción Nacional, estuvieron relacionadas con reuniones políticas, publicaciones en redes sociales y pintas de bardas.

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Sin embargo, apenas este 25 de agosto, el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa determinó que no se acreditaron infracciones electorales por parte de la senadora con licencia. El PAN anunció que impugnará dicha resolución.

De aliada por presión, al perfil que derrocará a Rocha

La trayectoria de Castro adquiere una nueva dimensión ante el escenario político de Sinaloa. Quien en 2018 llegó al Senado como compañera de fórmula de Rocha Moya, y que posteriormente compitió desde otra corriente interna por la candidatura de 2021, ahora aparece como una de las figuras que podrían encabezar la etapa posterior al gobierno rochista.

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Su principal característica es precisamente que su carrera política no nació con Rocha Moya. Castro acumula décadas de militancia en la izquierda, experiencia legislativa y participación en la administración pública, primero desde el PRD y posteriormente desde Morena.

Por ello, su eventual candidatura puede ser presentada como una continuidad del proyecto de la Cuarta Transformación, pero al mismo tiempo como una alternativa frente al grupo político que encabezó Rocha durante su administración.

En ese sentido, la historia política de Imelda Castro puede resumirse en una evolución que va de la izquierda perredista al morenismo; de compañera de fórmula de Rocha a competidora interna; y de aliada electoral a una de las figuras que buscan ocupar el espacio político que deja el gobernador con licencia.

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aov/bmc

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