La expresó su preocupación por la intención de regular la difusión informativa en medios de comunicación y sostuvo que la libertad de expresión no sólo exige impedir la censura, sino también proteger la capacidad de cada persona para buscar la verdad y formar un juicio libre sin convertirse en objeto de manipulación o de intereses económicos, ideológicos o tecnológicos.

A través de su editorial Desde la Fe, afirmó que “ninguna autoridad puede impedir anticipadamente que una persona exprese sus ideas o difunda información, pues resulta incompatible con la libertad que corresponde a toda persona, pero también lo es cualquier forma de comunicación que manipule, degrade o instrumentalice al ser humano”, dijo.

En ese sentido, recordó que el marco jurídico mexicano reconoce la libertad de expresión como un derecho fundamental que no puede estar sujeto a censura previa e indicó que su ejercicio implica responsabilidades y mecanismos de protección para los derechos de las personas, como el derecho de réplica.

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“El debate no consiste únicamente en definir hasta dónde puede llegar la , sino en asumir la responsabilidad ética que acompaña toda tarea de comunicar”, expuso.

Por ello, ofreció una propuesta para fortalecer la libertad y promover una comunicación humana, donde destaca que no puede existir censura previa al ejercicio de la libertad de expresión y que ninguna autoridad administrativa puede determinar la veracidad, legitimidad o aceptabilidad de las opiniones.

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Detalla que la diversidad de opiniones sobre un mismo hecho, siempre dentro del respeto a la verdad y los derechos humanos, enriquece la vida democrática y exige de cada ciudadano la responsabilidad de informarse, discernir y formar un juicio propio.

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Señala que la libertad de expresión implica responsabilidades cuando la comunicación causa daños a la dignidad o a los derechos de otras personas y que el derecho de réplica constituye una garantía indispensable para la búsqueda de la verdad.

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Puntualiza que la dignidad humana debe ser el fundamento y el criterio permanente de toda comunicación y que los medios de comunicación deben contar con códigos de ética sólidos que fortalezcan su autorregulación y su compromiso con el bien común.

Enfatiza que el desarrollo tecnológico, las plataformas digitales y los algoritmos deben ser regulados para que estén siempre al servicio de la persona humana y nunca de la manipulación de las conciencias ni de la polarización social.

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Adicionalmente, explica que la comunicación debe contribuir a formar ciudadanos libres, capaces de discernir la verdad y de dialogar con respeto, incluso en medio de las diferencias.

“Sólo una comunicación fundada en la verdad puede fortalecer la libertad y construir una sociedad auténticamente democrática”, externó.

Por ello, resaltó la importancia de establecer un compromiso ético compartido por autoridades, medios de comunicación, plataformas digitales y ciudadanos.

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