César Herrera Toledo
Coordinador del Comité de Infraestructura CICM
A lo largo de la historia de la humanidad, las grandes inundaciones han dejado una huella profunda tanto en la mitología como en las expresiones artísticas. Por un lado, el mito del diluvio universal, reflejado en el relato bíblico de Noé y su arca, encuentra semejanzas en otras culturas, como las antiguas tablillas mesopotámicas descubiertas por Austen Henry en 1839 o las leyendas de lluvias intensas del pueblo huichol en México. Por otro lado, el temor y la impotencia ante el desbordamiento del agua ha inspirado diversas manifestaciones artísticas: en la literatura, con relatos como el del niño que salva a Holanda tapando un dique con su dedo, y novelas dramáticas como El Viejo de William Faulkner que refiere la historia de una inundación en la que un convicto es enviado a salvar a una mujer a punto de dar a luz; también en la pintura clásica de Rafael y Miguel Ángel con sus obras sobre el Diluvio, las inundaciones captadas por los impresionistas Monet y Pissarro, e incluso el cine contemporáneo con producciones que abordan este sobrecogedor fenómeno de la naturaleza.
La historia demuestra el impacto devastador de las inundaciones. En China, el Río Amarillo se ha desbordado unas 1500 veces en 3000 años; destaca la catástrofe de 1887, que dejó más de un millón de muertos, y la de 1931, que desplazó a 50 millones de personas.
México también ha sufrido inundaciones de gran magnitud. En 1629, el "Diluvio de San Mateo" sumergió a la Ciudad de México dos metros bajo el agua durante cinco años, obligando a construir el Tajo de Nochistongo. Siglos más tarde, el 15 de julio de 1951, una fuerte tromba inundó el Centro Histórico por tres meses, requiriendo lanchas para transitar por calles emblemáticas. Recientemente, en 2007, un sistema de baja presión inundó el 80% de Tabasco tras el desbordamiento de los ríos Grijalva y Usumacinta, lo que afectó a más de un millón de personas y forzó una reestructuración completa de los planes de manejo hidráulico en el sureste del país.
Históricamente, la principal estrategia para mitigar inundaciones ha sido la construcción de represas para regular el agua. El vestigio más antiguo es la Presa de Jawa, en Jordania (3000 a.C.), una estructura de gravedad de piedra y tierra diseñada para abastecer a 2000 habitantes. Con el desarrollo tecnológico, estas obras escalaron a dimensiones colosales, como la Presa Hoover en EE. UU. (capacidad de 35,200 millones de m3) o la Presa de las Tres Gargantas en China (39,300 millones de m3) En México, el almacenamiento conjunto de sus 210 presas más grandes alcanza los 118,500 millones de m3.
En paralelo, los sistemas de desagüe urbano han sido la solución en las urbes. Un caso emblemático es el drenaje de Londres, el cual opera desde 1859 con una red original de 130 km, modernizada en 2025 con un Súper Colector de 7.2 metros de diámetro. Por otra parte, en México, donde la consolidación del terreno dificulta el flujo natural, se optó por la ingeniería de túneles. Esto dio origen a un sistema de drenaje profundo inicial de 153.3 km (con diámetros de 3 a 6.5 metros), complementado por el Túnel Emisor Oriente (62.4 km de longitud y 7 metros de diámetro). Sin embargo, la subsidencia avanza más rápido que el desarrollo de esta infraestructura.
A pesar de su utilidad, hoy estas obras enfrentan severos cuestionamientos. El desarrollo de presas es criticado por sus altos costos iniciales, las tierras inundadas y el desplazamiento forzado de comunidades rurales e indígenas. Asimismo, los megaproyectos de desagüe urbano son costosos y, en regiones con escasez hídrica, se perciben como una contradicción ecológica al priorizar el desecho rápido del agua en lugar de fomentar su captación, almacenamiento y aprovechamiento sustentable.
Ante los problemas que se advierten con obras como las mencionadas, se han desarrollado tanques subterráneos de regulación, diseñados para captar miles de metros cúbicos bajo el asfalto en urbes densas. Tokio lidera esta modalidad a nivel mundial con un complejo de 670,000 m3 de capacidad; España destaca con el de Arroyofresno (400,000 m3) y en la CDMX se instala un sistema de ocho tanques en la Calzada Ignacio Zaragoza (4,200 m3).
También se ha recurrido a la inundación temporal de llanuras que consiste en el desvío controlado del excedente de los ríos hacia tierras agrícolas para proteger las ciudades río abajo, en tanto pasa la creciente, para finalmente descargar el volumen regulado al río. Un caso emblemático es la regulación del Río Rojo entre los estados de Minnesota y Dakota del Norte, en USA.
La solución que ha tomado cada vez mayor presencia es la denominada Ciudades Esponja, por medio del aprovechamiento de espacios urbanos que absorben, retienen e infiltran el agua de lluvia, en vez de dejarla correr como sucede en la Ciudad de México. Copenhague utiliza parques y áreas deportivas adaptadas con compuertas mecánicas para contener tormentas, mientras que China cuenta ya con 30 ciudades de este tipo.
Debido al elevado costo de esta infraestructura, es indispensable diseñar esquemas de financiamiento específicos. Destaca la recuperación de plusvalía de terrenos propensos a inundaciones periódicas que son rescatados gracias a obras públicas; un modelo implementado con éxito en Boston, Buenos Aires y Melbourne. Asimismo, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) cuentan con la ventaja de acceder a créditos verdes y financiamientos preferenciales que reducen significativamente la inversión inicial.
¿Y el papel de la Inteligencia Artificial? Frente a la crisis climática, la intensificación de lluvias torrenciales y el crecimiento demográfico urbano, la capacidad de anticiparse a eventos meteorológicos extremos es una prioridad de seguridad pública. En este contexto, la Inteligencia Artificial (IA) se consolida como una herramienta fundamental por medio de: i) Modelación predictiva que procesa modelos meteorológicos complejos para prever las zonas de lluvias severas, permitiendo activar protocolos de emergencia rápidos; ii) Simulación de escenarios de inundación, insumo invaluable para la planificación territorial y el diseño de ciudades resilientes; y iii) Sistemas de alertamiento, fundamentales para la protección de la población.
El éxito de la IA depende estrictamente del factor humano. Es indispensable que los operadores y tomadores de decisiones cuenten con capacitación técnica sólida para formular las preguntas correctas a los algoritmos e interpretar con rigor sus resultados. En la gestión de inundaciones, una mala decisión derivada de un conocimiento deficiente puede ser devastadora.

