Al hablar de hay una reacción casi automática: “¿cuidado?, ¿cuidado en qué sentido?”. Conviene acotar que el cuidado es tan invisible que a veces no sabemos que es un trabajo, una forma de vida, una necesidad para millones de personas, una demanda social que ha puesto a pensar a investigadores de instituciones académicas, a gobiernos, a organizaciones internacionales como la ONU o la . ¿Qué está haciendo el Estado mexicano para abordar el tema?

Aunque cada vez más oímos hablar del cuidado, lejos está de ser una moda o un boom: es la mayor necesidad que enfrentamos como sociedad. Todos a futuro vamos a requerirlo y, muy probablemente, será un cuidado de largo plazo, entre otras cosas porque somos una sociedad que envejece, la esperanza de vida aumenta y porque las familias se están transformando.

En el país existen 58.3 millones de personas que demandan cuidados, y 31.7 millones de más de 15 años han brindado cuidados a integrantes de su hogar o de otros, de acuerdo con el Inegi en su primera Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic).

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Los niños, adultos mayores y los mismos cuidadores pueden encontrar espacios de descanso, aprendizaje y tiempo para sí mismos. Foto: Sonia Sierra / EL UNIVERSAL
Los niños, adultos mayores y los mismos cuidadores pueden encontrar espacios de descanso, aprendizaje y tiempo para sí mismos. Foto: Sonia Sierra / EL UNIVERSAL

Ese sondeo, si bien data de 2022, sitúa a México entre un reducido grupo de países que ha hecho tal medición a nivel internacional. El Inegi analiza realizar una segunda encuesta en 2027, pero esto dependerá de los presupuestos.

La demanda de cuidado va en aumento. Sin embargo, en lugar de verlo como problema, esto puede ser una oportunidad: un estudio de 2024 de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) arrojó que el tiempo que dedican las personas a cuidados de largo plazo representará para México 4 millones de nuevos empleos en 2030.

El hecho de que aumente el número de mayores de 60 años requerirá de más cuidadores, pero también la decisión y necesidad de desarrollo laboral de las mujeres por fuera de la familia, y la casa demandará que no sólo ellas o las abuelas cumplan el rol de cuidador(a). ¿Estamos preparados, en el Estado, el sector privado, las familias y la sociedad?

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Según esa prospectiva de la CEPAL, más de 80% de esos 4 millones de empleos en cuidado serán formales y en 70% de los casos los desempeñarán mujeres. Eso es clave cuando hablamos de cuidados: históricamente lo han hecho las mujeres y culturalmente se asocia a trabajo de mujeres. En América Latina se presentan múltiples realidades, como que después de las abuelas y madres, son las hijas las que se encargan del cuidado de hermanos menores o, en otros casos, que aunque algunas hijas laboran o estudian, otras se dedican a cuidar a mayores y enfermos.

El Inegi ha desarrollado otros instrumentos para comprender mejor la realidad de los cuidados: su Encuesta Demográfica Retrospectiva de 2017 ya arrojaba que una de cada cuatro mujeres (es decir 25%) de 18 años que salió de la escuela no había entrado al mercado laboral, y la razón era porque se había dedicado a labores de cuidado.

Hace unas semanas, la investigadora del Inegi Olinca Páez comentaba en El Colegio Nacional que ese porcentaje de 25% para México contrasta con el caso de Argentina, donde una encuesta similar mostró que ahí es de 10%.

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“Son dos economías latinoamericanas relativamente similares, pero en términos culturales y de la transición demográfica, hay todavía elementos en la sociedad mexicana que hacen que el trabajo de cuidados sea una actividad que se enseña desde que somos pequeñas, sobre todo a mujeres. Y no estamos discutiendo si está mal, el problema es que no lo valoramos como sociedad, es un trabajo que se hace de manera gratuita y que además nos quita tiempo para hacer otras actividades personales, de recreación, productivas, de estudio”, comentó Páez.

Otro instrumento del Inegi que brinda información indirecta sobre el cuidado es la Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México, publicada en noviembre de 2025, según la cual en 2024 el valor económico de las labores domésticas y de cuidados que realizó la población de 12 años y más fue de 8 billones de pesos, que en porcentajes del Producto Interno Bruto (PIB) equivale a 23.9%. Respaldando lo dicho antes, esa cuarta parte de la economía que no es remunerada la llevan a cabo mujeres en un 72.6% de los casos.

Discusión nacional

En México, en la última década se ha hablado con insistencia del cuidado, entre otras cosas porque, como en el mundo, el impacto por la pandemia de Covid-19 llevó el tema a las agendas de los gobiernos.

Adicional a la encuesta Enasic del Inegi, en fechas recientes han aparecido otros instrumentos y documentos; por ejemplo, la revista Coyuntura Demográfica hace un corte de caja sobre estadísticas y experiencias en el país; la Universidad Iberoamericana exploró un lado menos común del tema en su Encuesta sobre la carga mental del trabajo de cuidados no remunerado.

Varios gobiernos y marcos legales proponen sistemas de cuidados. En noviembre de 2021 y en enero de 2022, respectivamente, Morena y PRI presentaron iniciativas de ley para un Sistema Nacional de Cuidados, que no han prosperado. En 2024, Jalisco se convirtió en el primer estado en aprobar una ley al respecto; lo han intentado también Colima y Puebla.

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La Presidencia de México impulsa un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados, pero este se articula, por ahora, a los programas de secretarías como Salud, Educación y Bienestar.

Un primer paso ha sido la inclusión del Anexo Transversal 31 Consolidación de una sociedad de cuidados en el actual Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), que traslada programas que aparecían en otras dependencias a este anexo; por ejemplo, la Beca Rita Cetina, las pensiones para adultos mayores y servicios de atención de salud, incluso programas como construcción de caminos artesanales, a cargo de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, supuestamente concebido para “reducir el tiempo dedicado a los cuidados indirectos”. Este último ejemplo muestra cómo el concepto de cuidados termina acomodándose y diluyéndose.

“La política de cuidados enfrenta el desafío de ir más allá de las transferencias monetarias y consolidar la infraestructura y los servicios públicos que permitan reducir, redistribuir y remunerar el trabajo de cuidados en todo el país. Para ello se requiere no sólo mayor financiamiento, sino también una planeación que alinee el gasto con metas de igualdad y justicia social”, así evaluó el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) el anexo transversal.

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Lo que es problemático en esta propuesta de una sociedad de cuidados —aún en construcción— es que no permite diferenciar las acciones de cuidado de las que tendrían que desempeñar las secretarías de Estado.

La Ciudad de México ha iniciado el proceso de construcción de una legislación y un Sistema Público de Cuidados. En estas semanas se desarrolla la etapa consultiva con miras a la construcción de un marco legal para la capital; por ahora, avanza en varias alcaldías —como en la colonia Buenos Aires— un modelo de Casas de las 3R, llamadas así porque entrañan reconocer, redistribuir y reducir, a partir de una propuesta de la académica Diane Elson.

Entender el cuidado

Existen visiones distintas sobre el concepto del cuidado. ONU Mujeres y la CEPAL lo definen como “las actividades que regeneran diaria y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas. Es un trabajo esencial para el sostenimiento de la vida, la reproducción de la fuerza de trabajo y de las sociedades”.

Para el Inegi, el cuidado son las “actividades específicas que realizan las personas de 12 años y más para atender, asistir, acompañar, vigilar y brindar apoyo a los integrantes del hogar o a otras personas, con la finalidad de buscar su bienestar físico y, en el caso de los niños pequeños, la satisfacción de sus necesidades”.

Como personas que requieren cuidado, el Inegi se refiere a los mayores de 60 años, a quienes tienen discapacidad y a la población de cero a 17 años. En Jalisco se incluyen estos mismos grupos, pero la edad no es de 60, sino mayores de 65. El proyecto en la CDMX contempla cinco grupos de atención prioritaria: niñas, niños y adolescentes; personas mayores; con una discapacidad; en situación de calle y personas cuidadores.

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México ya firmó compromisos internacionales. La 16 Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se realizó el año pasado, puso el tema como centro del desarrollo, la igualdad y el bienestar regional, dado que tanto ONU Mujeres como la CEPAL encuentran que la actual organización social de cuidados en la región es “injusta y desigual”, y que es insostenible la sobrecarga en las mujeres.

De esa reunión partió el Documento de Tlatelolco, que firmaron México y 34 países más, que elevó el tema del cuidado a “derecho humano independiente” y “bien público” indispensable para sostener la vida. Y se fijó una década de acción 2025-2035 y una hoja de ruta que compromete al país a invertir en la economía de cuidados y avanzar en un sistema integral.

En México, ¿basta con trasladar partidas y etiquetar programas de secretarías a un anexo para consolidar un sistema de cuidados?, ¿está preparado el Estado para cumplir el compromiso firmado de garantizar el derecho al cuidado?

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