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Yanfry, el niño al que volvieron ‘influencer’ y su historia no contada

Se hizo famoso en un video por su forma de caminar. Además de padecer dos enfermedades, expertos advierten los riesgos a los que está expuesto al ser "influencer"

Yanfry, el niño al que volvieron ‘influencer’ y su historia no contada
Foto: Captura de video
Mundo 26/12/2021 17:52 GDA/ El Tiempo/ Colombia Actualizada 19:46
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El protagonista de esta historia cumplió cuatro años hace poco, el 21 de diciembre.

Se llama Yanfry Díaz Quiñones y si no fuera por la exposición mediática que ha recibido en las últimas semanas, sería un niño más del Chocó: un niño parido en el territorio más pobre y abandonado de Colombia.

El primero que dio a conocer a Yanfry fue su tío Bernardo Díaz a través de su cuenta de TikTok (@venao2323) en la que gracias a la fama de su sobrino ya suma más de 2.5 millones de seguidores.

Yanfry saltó a la fama hace apenas cuatro semanas, el 23 de noviembre, mucho antes de que lo convirtieran en influenciador y de que marcas como Netflix contrataran sus servicios para una campaña de Navidad.
 

En el video se ve al niño caminando por las calles de Istmina —el pueblo donde nació en un hogar con un padre que trabaja en una mina de oro en Barbacoas (Nariño) y con una mamá que se gana la vida como empleada doméstica— luciendo de manera impecable el uniforme del jardín infantil 'Sonrisas tiernas'.

Un niño negro bonito y carismático que también llama la atención por su estatura. Después se sabrá que mide apenas 77 centímetros pese a que ya tiene cuatro años, lo que evidencia un retraso en su crecimiento. El menor padece dos enfermedades que comprometen seriamente su salud.

—Hey Yanfry, ¿vos por qué venís caminando así todo bonito, hombre?, le pregunta el tío.
—Porque sí, responde con la voz bajita.
—¿Cómo qué?
—¡Como un hombre!
—¿Y los hombres cómo caminan?
—Así como yo camino—, termina el niño.
Y nada más.
 

El video se volvió viral gracias a la simpatía que despertaba. Hoy suma más de 5.8 millones de reproducciones. Una exposición desmedida que ha sido aplaudida por muchos y criticada por otros tantos más, y que fue analizada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), a la cabeza de la directora general, Lina Arbeláez.

“​​Sobreexponer a niñas, niños y adolescentes en internet vulnera sus derechos a la intimidad, privacidad e integridad. Cuando una foto o video se sube a redes sociales, ese contenido puede ser utilizado de forma malintencionada, dejándolos expuestos a ciberacoso, discursos de odio, humillaciones, violencia y a explotación sexual”, informa la entidad, que cita rigurosos estudios como el Child Online Safety Index y el Foro Económico Mundial (2020), que estableció que el 60 por ciento de niñas y niños experimentan riesgos digitales.

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“La vivencia de tales situaciones se ha asociado a una mayor probabilidad de desarrollar trastornos de ansiedad, depresión y adaptación, que en un niño de la edad de Yanfry pueden expresarse a través de dificultades en el sueño y en la alimentación, pérdida de interés, irritabilidad, miedo”, añade la entidad.

No tardaron los memes y los fotomontajes. Los stickers con la figura de Yanfry rotaban por WhatsApp. Y así, un niño de cuatro años, cayó en ese mundo casi siempre tan tóxico y superficial, acostumbrado a construir ídolos de barro que se derriten a los 15 minutos: el de las redes sociales.

Al poco tiempo de conocido el primer video, el niño ya tenía su cuenta oficial en Instagram (@yanfryeltiernooficial), que en menos de un mes ya contaba con más de 560 mil seguidores.

Sí: las cifras de las redes de Yanfry son astronómicas. Al poco tiempo lo entrevistaron en la radio nacional. Y días más tarde el tío Bernardo publicó videos del vuelo en un avión rumbo a Bogotá. Estaban él, Yanfry y Tatiana, su mamá.

Luego se pudo ver a Yanfry en un importante programa de variedades en la televisión. Varios medios de comunicación registraron su visita. Lo vimos visitando una escuela de Policía y posando con famosos 'influencers' como 'El Mindo'.

Pero volvió a la vida real: a ese pueblo de calles de tierra a 75 kilómetros de Quibdó, la capital, donde gran parte de sus 25 mil habitantes lo considera una celebridad. Y donde sigue recibiendo atenciones y privilegios. 

Lo hemos visto luciendo ropa fina, lentes de sol, juguetes, cadenas de oro y mencionando —con su voz enredada de niño de cuatro años— los nombres de las marcas que pautaron para que les hiciera publicidad. 

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También lo vimos en un hotel lujoso en Cali, con su tío y su mamá. “Los esperamos”, dijo el niño, acostado en la cama pomposa. Vimos una publicación en la que celebraba sus cuatro años y con un mensaje en el que se invitaba a hacerle aportes para mejorar su calidad de vida y la de su familia.

El tío Bernardo es el representante de Yanfry. Era ayudante de construcción pero ahora se dedica a grabar los videos de su sobrino. “Es maravilloso lo que está pasando con nosotros. Tengo que estar pendiente del celular desde temprano, pues quieren hacerle entrevistas, le piden saludos”, dice Bernardo con optimismo. Y aclara que desde que Yanfry se empezó a volver famoso no ha vuelto a trabajar en construcción, pues no le da tiempo.

“Yanfry tiene una cuenta de Nequi (está resaltada en el Instagram con la palabra ‘Donaciones’). Pero esa plata, afirma, nadie la toca. “Eso es para lo que él necesite, para cuidar su salud”, aclara el hombre, quien ha venido padeciendo un ardor en el estómago —tal vez gastritis, cree— pero no ha ido al hospital porque ni siquiera tiene Sisbén.

El tío Bernardo quería ser futbolista. Lo conocen en Istmina por su talento con el balón. Pero apenas llegó al grado décimo de bachillerato tuvo que salirse del colegio para ponerse a trabajar lavando motos. Sus sueños, ahora, giran alrededor de Yanfry. Los sueños de toda su familia.

“Ojalá que la gente nunca lo deje de querer porque eso sería muy duro”, dice Bernardo y advierte que hay muchas personas que se están aprovechando de su sobrino para cometer estafas. Y tiene razón: en Instagram hay más de 50 cuentas que llevan el nombre del niño y que replican sus fotos y videos y que hasta ofrecen publicidad. 

El autor de esta historia escribió a una de esas cuentas —que tiene un fotomontaje de Yanfry como si fuera el presidente de Colombia, con la cinta con el tricolor nacional atravesándole un bléiser negro; una cuenta en la que también venden keratinas— y le respondieron que la tarifa por dos días de publicidad era de 100 mil pesos colombianos por videos ya publicados. Que si quería un video exclusivo aumentarían los costos.

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No es un cuento de hadas

Tatiana Quiñones es la mamá del niño. Tiene 28 años, nació en Cali, llegó a Istmina hace nueve años porque se enamoró de Jesús, el papá de su hijo; es técnica en ‘Atención a la primera Infancia’, pero nunca ha conseguido trabajo en ese campo y por eso debe ganarse la vida trabajando en casas de familia: un oficio que ella heredó de su madre y que desempeña desde que era una adolescente.

La mujer cuenta que una agencia de marketing digital contactó al tío Bernardo y ahí se cuadró el viaje: los llevaron en carro a Quibdó y luego en avión a Bogotá y los hospedaron en un muy buen hotel del norte de la ciudad.

“Toca trabajar muy duro porque, si no trabajamos, no comemos”, se queja la mujer, madre de otra hija, Yasbleidy, de 12 años.

Pero este no es un cuento de hadas. Yanfry sufre dos enfermedades delicadas. Una: hipotiroidismo: las hormonas no le funcionan bien y por eso tiene la estatura de un niño de año y medio. Dos: hipoglucemia.

“Lo llevamos al médico a Cali —un viaje por tierra de más de diez horas— porque le dolían mucho las muelas, tenía los dientes dañados y le dio un bajón de azúcar y lo tuvimos que hospitalizar durante dos meses. Se le subía el azúcar y convulsionaba”.

Tatiana destaca que la EPS se puso al día con los medicamentos que debe darle a diario después de hablar de esas penurias en la televisión nacional.

Y por supuesto, da las gracias por los dinosaurios y demás juguetes que le han dado a su hijo. Por la ropa. En un video se ve al niño correr por entre los charcos de su pueblo para subirse a un despampanante carro rojo eléctrico y descapotado.

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Sebastián Forero es el director de LID, la empresa de marketing digital que ha impulsado su rol como influencer y que lo llevó a Bogotá y gestionó las entrevistas en los medios.

Claro: sabe de todos los riesgos a los que está expuesto el niño —”como todos los niños que salen en la televisión y el cine”—, pero asegura que sus intenciones y las de su equipo son buenas. Y aclara que antes de su agencia, otras más ya habían contactado al tío Bernardo.

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“Lo importante es que el niño tiene un alcance increíble, una popularidad de la noche a la mañana. Somos un puente entre las marcas y los influenciadores”, sigue Forero.

Reitera que no existe un interés meramente comercial y que lo que buscan es promover a un niño que a través de su poder mediático puede mejorar las condiciones de vida de él y de su familia y mostrar las realidades sociales de Istmina.

Y añade que su labor consiste en asesorar a la familia para que no se dejen estafar y no le hagan publicidad a cualquier cosa. Para que se organicen legalmente.

Muestra de las buenas labores de su agencia —aclara— son los juguetes y regalos que una marca de ropa infantil les regaló a muchos niños del pueblo. La misma marca que le dio a Yanfry el despampanante carro rojo.

“Puede ser un cuarto de hora y que en unos días o semanas o meses se vuelva paisaje. Tienen la oportunidad de ir más allá de la fama momentánea”, considera Daniel Vivas, presidente de Brandmen, una reputada agencia de marketing digital.

“Deben vincularse a una fundación o proyecto social y saber llevar muy bien su cuenta, porque el día que deje de recibir tanta atención, podrá colapsar”, sigue el experto al aclarar que si eso les sucede a los adultos, cómo será en un niño.
 

Un reportaje del portal www.humanium.org, de febrero de 2021, titulado ‘Niños influencers y redes sociales: la evolución de la explotación infantil en la era digital’, no solo deja claro la vulneración de derechos. Informa que esta industria genera hasta 26 millones de dólares al año a través de la publicidad.

“La nube oscura que flota sobre este nuevo fenómeno es el hecho de que los padres tienen simultáneamente el poder de beneficiarse de la participación de sus hijos en esta actividad comercial, pero también la responsabilidad de proteger sus derechos humanos”, cita el artículo.

Daniel Vivas cataloga a Yanfry como una estrella digital. “Es un niño carismático, versátil. Ese puede ser su talento. Si no fuera por él, el país no hubiera recibido la lección de tener que mirar hacia esas regiones pobres y olvidadas”, sigue el experto, quien también coincide en que al niño lo están sobreexplotando.

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La vulneración de derechos

Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red Papaz, es tajante al afirmar que este es un evidente caso de explotación infantil. Y aunque reconoce que ha sido una oportunidad para que la familia mejore su calidad de vida, advierte que primero hay que pensar en el niño.

"No es una mina de oro: es un niño. Y no tienen derecho a explotarlo por ser una familia con problemas económicos. ¿Qué está haciendo el Icbf? ¿Qué va a pasar cuando deje de ser famoso, que es una alta posibilidad con estas figuras de las redes sociales?”, cuestiona la experta.

Advierte que el niño podrá ver limitado el libre desarrollo de su personalidad y cargará de por vida con las consecuencias derivadas de la divulgación de sus contenidos.

“Todo eso, por decisiones que los demás tomamos sobre él: “Su tío que publicó el video, los usuarios que lo compartieron, los medios de comunicación que hicieron reportajes sobre el hecho, las empresas que lo invitaron a él y a su familia a Bogotá y les regalaron obsequios —y de paso, aprovecharon para hacerse publicidad—, así como las redes sociales que se vieron beneficiadas por el tráfico que generó este contenido”.

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El niño y su familia, por supuesto, necesitan un acompañamiento psicológico por parte del Estado, a través del Icbf. Pero el tío Bernardo reconoce que la entidad no los ha contactado.

¿Y qué pasaría si no fuera un niño negro y de una familia pobre del Chocó y se tratara de un niño de clase alta de Bogota? “Seguramente, por ser una familia con condiciones educativas y sociales distintas, serían más conscientes de los riesgos que enfrenta el niño y accederían más fácilmente a un acompañamiento psicológico”, responde Piñeros convencida de que la situación económica de la familia y el contexto social que rodean a Yanfry suelen generar más interés que el estilo de vida de un niño que vive sin ese tipo de carencias.

El psiquiatra infantil Álvaro Franco aclara que a Yanfry, por su corta edad, le cuesta mucho separar la fantasía de la realidad. “Él lo vive como un cuento de hadas y seguro lo disfrutará, aunque habrá momentos en que se estrese”, explica el especialista.

Advierte que aunque es muy pronto para conocer el impacto en la salud mental y emocional de Yanfry, sí existen muchos estudios sobre niños sometidos a exposición mediática que terminan con problemas de abuso de alcohol o sustancias psicoactivas, con depresión y ansiedad.

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Hay muchos casos. Uno de ellos, el del niño argentino Mariano Sinitu, quien cumplió el sueño heredado de su padre: conocer personalmente al fallecido Diego Armando Maradona

Ocurrió en el 2005. Tenía 9 años y ya asistía a las llamadas Iglesias Maradonianas y para él, su único Dios era el famoso futbolista. Era un niño carismático. Lo invitaron a un programa que presentaba Maradona. Lo abrazó. Lloró. Y luego se convirtió en una especie de reporterito que lo perseguía.
 

En el colegio lo amaron sus compañeros pero luego lo odiaron. Y hasta los profesores lo recriminaban por seguir a un ‘Dios falso’. Y él no entendía nada, aunque se la pasaba llorando.

“Entré en depresión. Me destruyeron la vida”, ha dicho Mariano, quien tras tanta presión confiesa haber desarrollado un trastorno afectivo bipolar.

“¿Por qué hay tanta pantalla para Yanfri y no para los niños de la escuela robótica de Quibdó? ¿Por qué el caso no ha sido utilizado para hablar de la situación problemática de la primera infancia afro en Colombia?”, reflexiona el periodista Julián Vivas, un joven afro nacido en Buenaventura y quien termina una maestría en Lenguajes y Representaciones en la Universidad Estatal de Santa Cruz (Brasil), becado por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Según la más reciente Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin, 2015), 13 de cada 100 niños menores de 5 años en Colombia se ven afectados anualmente, en promedio, por desnutrición.

En Chocó, la cifra de niños afectados llega a 29 de cada 100. El deterioro causado por una dieta inapropiada tiene efectos a largo plazo en su desarrollo físico, intelectual y emocional, además de aumentar el riesgo de enfermedades y muerte, según citó la investigación.

Ángela Anzola del Toro es la presidenta de la Fundación Plan, que desarrolla proyectos de intervención social en el Chocó desde hace varias décadas; entre ellos, varios que tienen que ver con agua potable: un servicio al que solo accede el 44 por ciento de la población según cifras oficiales.

Y al no contar con agua potable, esta región ocupa uno de los primeros lugares en cuanto a enfermedades diarréicas agudas en los niños.

“Sí, muy lindo Yanfry, pero históricamente este país les ha dado la espalda a los niños del Chocó, que son un grupo poblacional que vive en permanente tragedia”, analiza la experta.

Como ya se ha visto, la historia de Yanfry no es precisamente un cuento de hadas.
 

ardm

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