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El 1 de junio, Jordania fue escenario de un gran evento que convocó a miembros de las familias reales de todo el mundo: la boda del heredero al trono, el príncipe Hussein, con la arquitecta Rajwa al Saif.
Durante la jornada, todas las miradas estuvieron puestas en los novios y en los trajes y vestimentas de quienes asistieron al evento. Sin embargo, hubo una particular secuencia que logró robarse la atención del público: el momento en el que, impaciente, el príncipe William le hizo un desagradable gesto a su esposa Kate, mientras esta se detenía a saludar a la flamante novia.
Aunque la presencia de los príncipes de Gales se mantuvo en secreto hasta un par de horas antes de la ceremonia, cuando la prensa confirmó que asistirían, no tardaron en ubicarse entre las parejas más comentadas de la ceremonia. Pero no por sus looks o por algún blooper, sino por un inesperado intercambio que fue captado en cámara.
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Una vez finalizado el rito islámico que tuvo lugar en una carpa instalada en los jardines del palacio de Zahran, los recién casados se dispusieron a recibir los saludos de todos los presentes. Cuando fue el turno del príncipe y la princesa de Gales, Middleton se detuvo un poco más de lo previsto a conversar con la novia, lo que incomodó a su marido quien, sin dudarlo, intentó que se apresurara.
Al mismo tiempo que la madre de Louis, Charlotte y George intercambiaba sonrisas y hablaba cómodamente con Rajwa Al Saif, William le hizo un no tan disimulado gesto con la mano para pedirle que “cerrara” la conversación e, incluso, se escuchó como por lo bajo le decía “chop, chop”, expresión coloquial que en Inglaterra significa "¡Andale!" o "¡Apúrate!".
Kate percibió claramente la impaciencia de William, que tal vez tuviera que ver con la larga cola de invitados que también hacían cola para saludar a los recién casados, y se apartó, aunque continuó la charla hasta el final.
En redes sociales, algunos han comparado la actitud de William con la impaciencia que suele mostrar su padre, el rey Carlos III, quien en más de una ocasión ha dado muestras de ello y es conocido también por sus excentricidades.
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Tres meses después de la boda de la princesa Iman de Jordania -hija de los reyes Abdalá y Rania- con el financiero venezolano de origen griego, Jameel Alexander Thermiotis, Amán -capital del país ubicado al sudoeste de Asia- se vistió nuevamente de fiesta cuando su hermano, el príncipe Hussein, celebró su casamiento con la arquitecta saudita, Rajwa Al Saif, hija del empresario Jalid Al Saif y de una prima del rey Salmán de Arabia Saudita.
La lista de invitados incluyó a los reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía de España; la princesa Victoria de Suecia con su marido, Daniel; los reyes Guillermo y Máxima de Holanda, junto a su hija, la princesa Amalia; la princesa Isabel de Bélgica junto a su padre, el rey Felipe; el rey de Malasia y sultán de Pahang con su esposa, la reina consorte Azizah y, finalmente, el príncipe William y Kate Middleton.
La ceremonia fue privada y, una vez terminada, fue transmitida a través de la televisión. Esto sorprendió a quienes siguen de cerca a la corona, ya que este tipo de despliegue mediático es poco común para la monarquía árabe. Uno de los motivos de tal exposición es que, además de tratarse de la boda del futuro rey, también es una unión favorable para la familia real hachemita, quienes ahora están oficialmente vinculados con la casa reinante en Arabia Saudita.
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