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El paisaje de Caracas mutó: plazas, bulevares, parques y hasta fachadas de museos se han convertido en una especie de campamento para las familias que quedaron damnificadas por el doble terremoto del 24 de junio, que ha causado al menos mil 430 muertos y más de 3 mil heridos, según cifras oficiales.
La ciudadanía siente que los espacios abiertos resultan más seguros para permanecer debido a las réplicas. La mayoría espera que ocurran las evaluaciones de sus propiedades para tomar la decisión de volver. O no. Sin embargo, la tragedia ha sobrepasado las capacidades y se entiende que, por ahora, los esfuerzos están centrados en rescatar a quienes puedan seguir con vida bajo los escombros.
En la Plaza Francia de Altamira, un señor baja de su camioneta con una manta blanca. Está acompañado por su esposa y su perro. Camina directamente a un pequeño césped, ahora su refugio, luego de que el edificio donde vivía desde hace 22 años en la primera avenida de Los Palos Grandes sufriera daños estructurales.
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“Bienvenido a mi casa”, dice Javier Toncel, de 64 años de edad, con una sonrisa mientras está sentado en un pedazo de grama artificial. El terremoto fue una experiencia horrible, que espera no volver a vivir, dice, sobre todo porque vio el derrumbe del edificio Petunia I, en donde murieron al menos 35 personas, según los reportes de Gustavo Duque, alcalde de Chacao. "Logré sacar la camioneta porque en realidad el edificio se fracturó. Estamos esperando a ver qué dice el alcalde, el gobierno. ¿Qué será de nuestras vidas?".
Toncel lleva tres días durmiendo en la plaza. A las 5:00 am se levanta para devolverse al carro y resguardar lo poco que pudo sacar de su casa. Luego se dirige a Los Palos Grandes para ayudar a los vecinos. Al recordar que sus hijos están en el extranjero, llora. "Ha sido duro, ¿pero qué vamos a hacer?", dice. Siente que este episodio ha sido tan fuerte como el deslave de Vargas, en 1999. "No son fáciles estos golpes. En la tragedia de Vargas perdí muchos conocidos y esta vez igual; es fuerte", dice entre lágrimas.
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Volver a empezar
Aunque no sabe con exactitud qué sucederá con su hogar, da gracias a Dios porque su familia está bien y pueden seguir adelante. "Tenemos que acostarnos acá en la plaza, luego irnos al carro, pero no sabemos qué va a pasar. Es como volver a empezar. En ese momento (en 1999) nosotros quedamos vulgarmente desnudos, cuando veo todo lo que ha ocurrido, dije: 'Otra vez'".
Agradeció todo el respaldo que la ciudadanía les ha dado con alimentos e hidratación, pero comentó que hasta comer se le hace difícil, ya que piensa en la gente de La Guaira, que considera está desasistida. "Allá la respuesta no ha sido como aquí en Caracas. Yo me estoy comiendo un sánduche y no sé si mis amigos allá están comiendo porque no hay nada. Por eso lo pienso hasta para agarrar dos arepas. Ahora es que se están abocando".
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Fe, ayuda y espera
En la avenida Panteón, en el oeste de Caracas, la situación es diferente. Hay mucho movimiento; carros y motos movilizan a una gran cantidad de personas que intentan ayudar a quien más lo necesita. Es un ambiente complejo: niños jugando, personas esperando en carpas. Pastores cristianos predican, oran y motivan a la gente.
La casa de la señora Daisy, habitante de La Pastora, sufrió daños. Se le cayeron varias paredes producto del sismo y, por ende, pasó los primeros días en la plaza de la parroquia; pero ahora eligió un lugar frente al Mausoleo del Panteón Nacional para vivir, porque ahí siente más confianza. Su principal temor es que las cientos de réplicas que se han registrado luego de los movimientos originales causen más destrozos.
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Añadió que han recibido mucha ayuda, sobre todo comida, pero su principal preocupación es la falta de refugio adecuado. Daisy solicitó específicamente carpas u otro tipo de protección por temor a que comience a llover.
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En este mismo campamento están José y Edith Herrera, quienes viven en la avenida Panteón. Su casa tiene graves daños y por eso, desde la misma noche del terremoto, acudieron al lugar. En el día, buscan algunas cosas en su vivienda con cautela, por temor a que ceda la estructura.
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Esperan que las autoridades puedan evaluar la casa para saber si es habitable, pero eso es algo que no ha ocurrido. "No ha ido nadie", aseguró con indignación.
River Nieto, habitante de Caribe, en La Guaira, dijo que su estado quedó destruido y como pudo salió hacia Caracas. "Decidimos resguardarnos aquí porque lo consideramos un sitio seguro. Estábamos aterrorizados".
Acostado sobre una sábana, junto con su esposa, hija y perrita, explicó que lo que más le ha sorprendido es la solidaridad de la ciudadanía, que los ha respaldado no solo con agua y comida, sino también en el rescate de víctimas.
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Agradecidos con Dios
El Museo de Arquitectura protege a decenas de personas que ven hacia la avenida Bolívar cómo pasa el tiempo. Ahí está Yajaira y su esposo, quienes, sentados en las dos mecedoras que lograron sacar de su vivienda, hablan de cómo les cambió la vida. "Lo único que nos ha faltado son colchonetas, pero el pueblo se ha abocado. Nos han traído desde toallas sanitarias, jabón, crema dental, cosas que tú no esperas de la gente. Comida, de todo".
La pareja vivía en un edificio de la Misión Vivienda que tiene daños en parte de sus bases, por lo que no pueden continuar viviendo ahí. De vez en vez, acuden a retirar algunas cosas, con el acompañamiento de algún funcionario de Protección Civil.
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Reconoció que no ha habido acercamiento de las autoridades para establecer un registro, pero ellos mismos se han organizado para apoyarse e incluso para abrir un centro de acopio y ayudar a otros damnificados. "Nos hemos sentido amados por el pueblo. Lo que ha sobrado es amor", dijo sobre cómo, pese a todo el drama que han enfrentado, ha sido la gente la que los ha ayudado a sostenerse.
La mayoría de las historias coincidían en que esa solidaridad ha sido clave para vivir a la intemperie, pero también insistían en que necesitan acciones concretas por parte de las autoridades. Bien sea la inspección a los lugares en donde vivían o al menos una carpa que les permita sobrellevar de una mejor manera la situación que enfrentan.
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