Estará en la banca. El nuevo técnico de la Selección Mexicana podrá tener una idea clara de juego, pero el éxito del proceso rumbo al Mundial 2030 dependerá de quienes lo acompañen en cada decisión, del equipo que forme a su alrededor. En el futbol de élite, los entrenadores ya no ganan solos.
Los nombres que busca incorporar, ilusionan. Andrés Guardado aportaría liderazgo, conocimiento del vestuario y la autoridad de quien vivió cinco Copas del Mundo.
El español Juan Manuel Lillo representaría experiencia táctica y una visión de juego enriquecida al lado de Pep Guardiola. El mexicano Bernardo Cueva sumaría una de las mayores fortalezas del futbol moderno: La táctica fija, un recurso que hoy define campeonatos.
A ellos, se agregan los españoles Pol Lorente y Vidal Paloma, hombres de absoluta confianza para Márquez.
Sin embargo, el verdadero reto no será reunir personajes brillantes, será construir un grupo con la personalidad suficiente para debatir las decisiones de Rafa.
Un cuerpo técnico que sólo confirme las ideas del entrenador, está condenado al fracaso. Debe cuestionar, analizar y aportar argumentos para elegir convocados por rendimiento, no por nombre, jerarquía o presión externa.
La primera señal de alerta ya apareció con la negativa de Alfredo Talavera para integrarse como entrenador de porteros.
Si la Federación no logra crear las condiciones para atraer a los perfiles que Márquez considera indispensables, el proyecto empezará a perder fuerza antes de disputar su primer partido.
El camino a 2030 no dependerá únicamente del talento de Rafa Márquez. Dependerá, sobre todo, de la calidad de quienes se sienten a su lado en la banca.
@elmagazo
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