Washington.— La Casa Blanca de Joe Biden tiene un mensaje claro y meridiano a los que quieren migrar sin documentos a su territorio: “no es el momento de venir a Estados Unidos”. No es quizá el mensaje que quieran escuchar, especialmente de una nueva administración que prometió abrirse a los migrantes, tratar a los refugiados de manera humana y facilitar el asilo y su ingreso en la Unión Americana; pero es la directriz que llevan repitiendo desde hace semanas, y no parece que vaya a cambiar por bastantes semanas.

“Necesitamos tiempo para implementar un proceso migratorio donde la gente pueda ser tratada de manera humana”, justificó la portavoz presidencial, Jen Psaki, en su conferencia de prensa diaria. Hasta que se repare “el daño y las acciones horrible de la anterior administración” será necesaria paciencia, una espera que irá en paralelo a las revisiones de las medidas y políticas que se están aplicando ahora, y que el gobierno de Biden quiere tener claras antes de tomar alguna decisión.

En ese sentido, el presidente de Estados Unidos firmó ayer tres nuevas órdenes ejecutivas, todas ellas sobre inmigración, que no prometen acción directa y sólo sirven realmente para mostrar la buena voluntad de la nueva administración para con los migrantes.

Los tres decretos instruyen a crear una equipo especial para reunificar las decenas de familias separadas y de las que no hay registro claro —se va a trabajar con las familias afectadas y países aliados para hallar a los padres—, una “mancha” para el país en palabras de Biden (el primer día de gobierno ya rescindió de manera simbólica la política de Tolerancia Cero en la frontera); otro llama a evaluar las causas de la llegada de migrantes y analizar cómo resolver el programa Quédate en México que tiene varados en la frontera a miles de solicitantes de asilo, una política suspendida pero no resuelta; el tercero pide revisar todas las regulaciones en materia migratoria, empezando por la que niega residencia legal a aquellos que se crea que pueden necesitar subsidios públicos.

Psaki dijo que la nueva administración quiere actuar de forma inmediata para resolver la crisis migratoria, pero que necesitan hacerlo de una manera correcta, con un proceso de política casi estratégica, para no crear más caos en un sistema totalmente roto y con múltiples fisuras.

Tras hacer una campaña electoral muy centrada en resolver el problema migratorio, e incluso prometer una ley mayúscula que incluya la regularización de la situación de millones de indocumentados, las propuestas de Biden se quedan cortas en la acción, con declaraciones sin compromiso claro ni directriz concreta.

Las acciones que ha tomado hasta el momento en esta materia tampoco han tenido ningún efecto. La moratoria a la mayoría de deportaciones no se está aplicando, y las repatriaciones de indocumentados se cuentan por centenares en este inicio de mandato.

La Casa Blanca reitera que todavía tienen que llegar más acciones en el ámbito migratorio, entre ellas el aumento del límite de recepción de refugiados, reducido a mínimos históricos con Trump.

Mayorkas y Buttigieg, confirmados

A todo esto, Alejandro Mayorkas, tras superar la obstrucción republicana, fue confirmado en el Senado como secretario de Seguridad Nacional, departamento encargado entre otras cosas de los asuntos migratorios, convirtiéndose en el primer latino y primer inmigrante en la cartera. También consiguió algo histórico Pete Buttigieg al ser aprobado como secretario de Transporte: es el primer miembro de un gabinete presidencial abiertamente homosexual.

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