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San José.— En la nicaragüense Maribel Hurtado confluyen factores que agravan su victimización: mujer, desempleada, con familia dividida —su esposo, Francisco Jarquín, migró a Estados Unidos—, inmigrante en Costa Rica hace 15 meses con sus tres hijos, refugiada, con orden de captura y perseguida política como opositora al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.
Al celebrarse hoy el Día Internacional del Migrante, Hurtado, de 45 años, farmacéutica y exvicealcaldesa del suroriental poblado nicaragüense de Muelle de Los Bueyes, denunció a EL UNIVERSAL que, pese a la “calurosa” acogida del gobierno costarricense, los nicaragüenses sufren bullying y xenofobia en Costa Rica.
El rechazo a los nicaragüenses creció desde el siglo XX entre los costarricenses al consolidarse Costa Rica como destino clave de la migración originada en Nicaragua, legal o ilegal y permanente o por temporadas agrícolas y otras labores. El gobierno costarricense confirmó que, por el estallido el 18 de abril de 2018 de las protestas contra Ortega para exigir democracia y libertad, 77 mil nicaragüenses pidieron refugio en Costa Rica, pero desde antes unos 300 mil vivían como residentes legales y otros miles como irregulares.
EL UNIVERSAL intentó obtener, sin éxito, una reacción del subdirector de Migración de Costa Rica, Daguer Hernández, a la denuncia sobre la existencia de xenofobia y de bullying en contra de los migrantes en este país.
¿Por qué migró?
—Por problemas sociopolíticos. Con el estallido de abril, decidí, con mi hijo Josué, de 18 años y universitario, apoyar la protesta cívica, dejé el escritorio y me fui a las calles, a las trincheras. Ortega lanzó el 14 de julio de 2018 una “operación limpieza” y tuvimos que huir de un ejército con armas y nosotros solo con piedras. Escapé a la montaña con más de 50 campesinos y ahí estuve casi una semana, con el lodo hasta la rodilla.
Salí de la montaña y a finales de ese mes pasé por un punto ciego de la frontera sur de Nicaragua a Costa Rica. Salí con mi esposo, de 45, y Josué. A los otros dos, Francisco, de 12, y Franchesca, de 10, los pasé luego. Mi esposo viajó a EU porque tiene visa. Sobrevivo con mis hijos porque él me manda dinero. Estoy desempleada y vivo como presa: no he podido salir porque cuando fui a pedirle un pasaporte nuevo, la embajada nicaragüense en Costa Rica me lo retuvo porque en Nicaragua hay orden de captura en mi contra. Soy perseguida política.
¿Cómo es el trato en Costa Rica?
—Sentimos protección del gobierno costarricense, que nos dio seguridad y calor humano cuando huíamos de la persecución. Mis hijos y yo ya somos refugiados.
¿Sus hijos se acoplaron a Costa Rica?
—Viven conmigo y estamos sobreviviendo. La niña se adaptó muy bien a la educación, pero el niño de 12 no. Es cierto que recibimos protección del gobierno, pero siempre están el bullying y la xenofobia en Costa Rica. Eso lo sentimos muchas personas que vivimos en esta situación. Nos sentimos vulnerables. Al niño le ha afectado.
¿Persiste la xenofobia en Costa Rica?
—Sí. Hay mucho maltrato. Coordino a 700 migrantes nicaragüenses y sé que muchos reciben maltrato laboral, son explotados. Se dan mucho las enfermedades de transmisión sexual, porque muchas nicaragüenses no tienen como sobrevivir y se tiraron a la calle a la prostitución. La situación de Nicaragua no cambia y veo un futuro de pesimismo.
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