Bruselas.— La Unión Europea (UE) y los países del Golfo se encuentran atrapados en una crisis no deseada y cuya salida escapa a sus capacidades de contención.
“Para Europa, como para los Estados del Golfo, esta es una guerra que no querían, por la que no fueron consultados y sobre la cual tienen desesperadamente poca influencia”, afirma Paul Taylor, investigador del European Policy Centre (EPC).
“Para la Unión Europea y para los europeos en general, así como para los Estados del Golfo, esta es una guerra de perdedores, porque está causando tanto costos a corto plazo como potencialmente severos costos a largo plazo”.

La ofensiva armada de Estados Unidos e Israel en contra de Irán tomó por sorpresa a los aliados europeos y del Pérsico. Bahréin, Irak, Kuwait, Jordania, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos se han visto afectados de diversas maneras. Algunos han sido blanco de misiles y drones lanzados por Irán buscando golpear blancos estadounidenses, otros han padecido costos humanos y relacionados con la perturbación de la vida cotidiana y económica.
Ninguno de ellos sale ileso de las consecuencias por la ausencia de garantías para cruzar de manera segura el estrecho de Ormuz, por donde circula 20% del petróleo consumido a nivel planetario y 30% del crudo transportado por mar. Los precios del aluminio, fertilizantes y alimentos han visto aumentos sustanciales.
“La carga más pesada recaerá inevitablemente sobre la propia región. La historia sirve de guía. En la guerra de 12 días del verano pasado, la economía israelí se contrajo alrededor de 1% en el segundo trimestre. Si el conflicto es de corta duración, parece plausible que se produzca una caída de la producción de magnitud similar tanto en Israel como en las economías del Golfo”, afirma en un análisis Neil Shearing, miembro del Programa sobre Economías Globales del Instituto Real de Relaciones Internacionales Chatham House.
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“Un conflicto más prolongado causaría con toda seguridad un daño económico más profundo. La producción se vería interrumpida, las inversiones se pospondrían y el turismo se reduciría”.
A los daños humanos y económicos se añade el geopolítico. Israel parece tener manos libres para actuar sin repercusiones internacionales con tan sólo invocar el lema de la seguridad nacional. La incertidumbre creada por sus acciones aumenta debido a que sus intenciones a largo plazo se desconocen. Hasta ahora, ha demostrado que su fórmula de pax para Medio Oriente es una en la que la “pax es silenciosa”, porque parece estar basada en actos regulares de guerra, señalan los analistas.
Igualmente inquieta el futuro de Irán. Nadie descarta el escenario del caos teniendo como antecedente las intervenciones occidentales en Irak, Afganistán y Libia: todas derivaron en inestabilidad e inseguridad. Irán es tres veces el tamaño de Francia y las repercusiones de tener un Estado secuestrado por el desorden serían de todas las dimensiones posibles, desde la propagación del fundamentalismo islámico hasta el tráfico de drogas, seres humanos y armas.
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“¿Qué sigue después y qué sigue cuando las actividades militares y las tensiones empiezan a desacelerarse un poco? ¿Qué tipo de Irán se enfrentará al Golfo? No puedes cambiar la geografía. Irán todavía será tu vecino. Tendrás que encontrar una manera de lidiar con ese vecino donde, por supuesto, ahora cualquier semblanza de confianza o cualquier tipo de relación se ha ido. Todas las líneas rojas se han cruzado en cuanto a Irán”, señaló en un foro convocado por el EPC Christian Koch, director Ejecutivo del Gulf Research Center Foundation Brussels.
A todo esto se añade la ofensiva israelí en Líbano y la crisis en la Franja de Gaza, problemas que están completamente en el aire y que tienen repercusiones en la región.
Igual de mal parados salen los europeos, comenzando por el tema de la seguridad energética. Los precios de la energía están subiendo, lo que se traduce en mala noticia para la economía, los hogares, el costo de vida y para todos los gobiernos en funciones, quienes terminan siendo los responsables del bienestar de los votantes.
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También hay un daño en materia de seguridad interna. Una sinagoga en Bélgica y la embajada de Estados Unidos en Oslo, Noruega, han sido blanco de ataques. Para los servicios de inteligencia es un recordatorio de que el terror es una amenaza permanente.
La guerra es un duro revés para la UE, supone todo lo contrario a sus principios de legalidad y cumplimiento del derecho internacional. “La UE está basada en la negociación, en respeto a la ley internacional. Ahora, esto está completamente en las sombras”, sostiene Taylor, quien añade al listado de preocupaciones el tema migratorio.
“Esto aún no se ha convertido en presión directamente en las fronteras de Europa, pero hay preocupación en los ministerios del Interior por flujos masivos de refugiados en Líbano e Irán”.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados reporta que, en Líbano, más de 667 mil personas se han registrado en la plataforma en línea del Estado como desplazados internos tras la nueva ofensiva militar israelí, mientras que en Irán, tan sólo en los dos primeros días de hostilidades, unas 100 mil personas abandonaron la capital. Se estima que en la región, incluyendo Paquistán y Afganistán, hay 25 millones de refugiados, la mayoría enfrenta necesidades apremiantes como acceso a agua, alimentos y techo.
El conflicto en Medio Oriente inquieta a Europa por los daños colaterales que pueda tener en el frente este. La causa ucraniana parece haber quedado relegada por los acontecimientos en Irán, tanto en el rubro mediático como en el militar. Los expertos en defensa afirman que un misil lanzado desde Qatar para interceptar un proyectil iraní es un cohete menos para proteger a Ucrania de la agresión rusa.
“El apoyo de EU a Ucrania, o lo que queda de ese apoyo, es el motivo por el que la mayoría de los países europeos no han sido más críticos”, indica Taylor. Con excepción de España, los países europeos permitieron a EU usar sus bases militares para cuestiones de logística y defensa.
“Es en nuestro interés que esta guerra termine lo más pronto posible. Ese sería el consenso europeo”, subraya Taylor.