Caracas.— Los accesos al estado La Guaira, la zona de desastre por el doble terremoto del miércoles en, de 7.2 y 7.5, estuvieron fuertemente restringidos por policías y militares, tal como lo ordenó el gobierno.

La restricción llegó después de que el viernes la ciudad colapsara entre un tumulto de vehículos particulares que se trasladaron a llevar ayuda humanitaria y el desesperado llamado de ayuda de los afectados por los terremotos para la remoción de escombros con maquinaria, mientras la cifra de muertos creció a mil 430 y la dijo que los terremotos habrían afectado a 6.8 millones de personas, a la vez que se registró otro sismo de 4.8 en la costa venezolana.

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Las tensiones crecieron, por lo que muchos venezolanos consideran una respuesta inadecuada del gobierno, cuyos soldados, bomberos, policías y cadetes militares estaban evidentemente poco preparados para responder a la magnitud de la tragedia.

La frustración aumentó ante los intentos del Estado de proyectar la imagen de una respuesta estatal sólida. “Hay una pila de cuerpos allá desde anoche. Niños recién nacidos”, según dijo Mileidy Romero, quien buscaba entre los escombros en el pueblo costero de Caraballeda.

Algunas personas trepaban los restos de edificios y gritaban nombres, con la esperanza de obtener alguna prueba de vida. En otras partes de , equipos descargaban pilas de cuerpos de camiones blancos al suelo de un estacionamiento de tierra de un hospital, donde serían identificados.

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Uno de los rescatistas relató que la noche del viernes, de acuerdo con un video difundido en redes sociales, que un equipo tardó una hora en extraer un sólo cuerpo con una pala por falta de bolsas mortuorias. “Necesitamos bolsas de cadáveres, no aparecen, las prometen y no llegan”, denunció, al tiempo que señaló que en la zona hay más personal armado de seguridad que herramientas básicas como picos y palas disponibles para los equipos de rescate. “Tenemos un show de fotografías y cero ayuda directa de las autoridades”, afirmó.

Equipos de rescate mexicanos treparon sobre edificios colapsados y metieron la cabeza en huecos entre el concreto aplastado para buscar señales de vida, escuchando ocasionalmente movimiento. “Somos rescatistas del , ¿hay alguien ahí con vida?, Haga ruido o grite. ¡Ahora!”, gritó un hombre. Yonahí Regalado ha estado gritando los nombres de su hermana, de su sobrino de un año y de su ahijado. “No importa quién sea, si sea de mi familia o sea alguien, si hay alguien con vida, que lo saquen”, comentó, mientras helicópteros sobrevolaban la zona. Agencias, con información de El Nacional. GDA

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