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Miami.— El gobierno de Estados Unidos mantiene una ofensiva contra el régimen cubano que parece ya no tener retorno para Marco Rubio, secretario estadounidense de Estado e hijo de inmigrantes cubanos. Las aspiraciones de Rubio rumbo a 2028 están ligadas con lo que pase en La Habana, indican expertos.
La ofensiva de Donald Trump contra el gobierno comunista le entrega a Rubio “una causa histórica, un enemigo definido, una comunidad movilizada, una política de fuerza y una oportunidad de victoria”, dice el analista cubano- americano Alejandro Castellano a EL UNIVERSAL.
Rubio aparece aquí como el funcionario que puede convertir el derrumbe del castrismo o su rendición política ante Washing-ton, “en la prueba central de que está listo para dirigir Estados Unidos”, considera Castellano.
El actual secretario de Estado lleva años hablando contra el régimen cubano; hasta ahora, su discurso podía leerse como la posición ideológica de un senador por Florida, pero eso cambió al sumarse al gabinete de Trump.
“Hoy Rubio tiene poder ejecutivo, acceso directo a Trump y el control sobre la explicación pública de la ofensiva hacia Cuba”, dice Castellano. Medios han destacado que la campaña de “presión máxima” contra Cuba puede derribar al gobierno comunista de 67 años en La Habana y definir el futuro de la influencia estadounidense en el hemisferio occidental.
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Esa posición coloca a Rubio donde él quiere estar, sugiere el analista: “No en el margen cubanoamericano de la política estadounidense, sino en el centro de la sucesión presidencial republicana”.
Washington dejó de tratar al castrismo histórico como una reliquia intocable y lo presenta como una estructura perseguible por crímenes contra ciudadanos estadounidenses. El fiscal general interino estadounidense Todd Blanche dejó muy clara la posición del gobierno trumpista: “Si matas estadounidenses, te perseguiremos”. Jason A. Reding Quiñones, fiscal federal para el Distrito Sur de Florida, agregó que “el paso del tiempo no borra estos asesinatos”.
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Rubio “puede usar un lenguaje duro para presentarse ante el Partido Republicano como algo más que un político ideológico; puede dar pasos agigantados como el secretario de Estado de una administración que llevó ante la justicia al último gran símbolo vivo del castrismo”, subraya Castellano.
El Departamento de Justicia (DoJ) acusó al exmandatario Raúl Castro por el derribo de dos avionetas civiles en 1996.
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El DoJ informó el 20 de mayo que Raúl Castro y otros cinco acusados fueron señalados por su presunta participación en el derribo, el 24 de febrero de 1996, de las dos aeronaves civiles no armadas operadas por la agrupación del exilio cubano Hermanos al Rescate, sobre aguas internacionales. Los cargos incluyen conspiración para matar ciudadanos estadounidenses, dos cargos por destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato. El DoJ sostuvo que cazas militares cubanos dispararon misiles aire-aire contra dos avionetas Cessna civiles y las destruyeron sin advertencia fuera del territorio cubano, causando la muerte de Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales.
Trump también firmó una orden ejecutiva que define las políticas del gobierno cubano como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. La orden permite bloquear bienes y sancionar a personas o entidades vinculadas a sectores estratégicos de Cuba, como energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad. Y autoriza castigos contra instituciones financieras extranjeras que faciliten operaciones significativas para personas sancionadas.
Aquí entra el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), que “es el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y Rubio lo ha convertido en el centro de su relato sobre cómo el sistema comunista cubano controla la riqueza de la isla”, señala Castellano.
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“En este momento ya no se trata de Estados Unidos contra Cuba; se trata, en el relato de Rubio, del pueblo cubano contra la cúpula que tanto daño ha hecho y que se ha apoderado de la isla por décadas”.
Rubio necesita un tema que lo diferencie de JD Vance, vicepresidente y heredero natural del trumpismo. Vance tiene el cargo, la cercanía con la familia Trump y una base nacional dentro del movimiento Make America Great Again (MAGA). Ahora Rubio tiene la posibilidad de asociar su nombre con una victoria histórica y trascendental a nivel mundial: derrotar al castrismo. ABC News reportó que donantes republicanos ya hablaban desde marzo de un esfuerzo informal para impulsar a Rubio en 2028 y que Trump ha preguntado en privado a aliados y donantes: “¿Marco o JD?”.
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En la medición política disponible hasta ahora, Rubio todavía no desplaza por completo a Vance, pero ya entró en zona real de competencia presidencial: los mercados de predicción mantienen a Vance como favorito, con alrededor de 35% de probabilidad de ganar la nominación republicana de 2028, frente a 23% o 25% de Rubio en Polymarket y promedios de mercados, mientras Kalshi los muestra más cerca, con Vance cerca de 32% y Rubio cerca de 30%.
Sin embargo, una encuesta nacional de AtlasIntel levantada del 4 al 7 de mayo colocó a Rubio arriba entre republicanos, con 45.4% frente a 29.6% de Vance.
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En el Partido Republicano actual, la bendición del presidente puede ordenar la sucesión. Si Cuba cae, cede o se ve obligada a una transición bajo presión de EU, “Marco Rubio tendrá una escena que Vance no puede fabricar: el hijo de cubanos que llegó al Departamento de Estado y estuvo en el centro del golpe más fuerte contra el castrismo desde 1959”, dice Castellano.
Trump recordó que “otros presidentes han mirado esto durante 50, 60 años”, y añadió: “Parece que yo seré quien lo haga”. Rubio completó la frase desde Miami: la preferencia de Trump es una solución negociada y pacífica, pero “la probabilidad de que eso ocurra, dado con quién estamos tratando ahora, no es alta”. Cuba, dijo, se acostumbró a “ganar tiempo”, pero advirtió que ahora “no podrán ganar tiempo ni esperar a que cedamos”.
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“Todo este escenario puede catapultar a Rubio porque no está compitiendo contra Trump; estaría heredando una victoria de Trump”, dice Castellano. Explica que si el presidente aparece como el hombre que hizo lo que otros no hicieron, Rubio puede mostrarse como el hombre que sabía por qué había que hacerlo y cómo. Para la campaña 2028, esa diferencia es enorme. “Vance puede decir que fue vicepresidente, pero Rubio puede decir que ayudó a cerrar el expediente más antiguo de la Guerra Fría en América Latina”.
Adolfo Franco, estratega republicano y exresponsable del programa estadounidense de asistencia a Cuba durante el gobierno de George W. Bush, dijo que Rubio está en “una posición de influencia que ningún otro cubanoamericano ha tenido”. Pero ha advertido que, si Cuba sobrevive esta etapa y el sistema continúa, Rubio sólo tendrá en su cartera política “un fracaso colosal” de su paso por la Secretaría de Estado. Esa es la dimensión real del tema. “Cuba puede hacerlo presidenciable de primera línea o puede dejarle una derrota histórica y bajarlo de la carrera rumbo a 2028”, advierte Castellano.
Juan Sebastián González, exdirector senior para el Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Joe Biden, aseguró que Rubio es “el creyente” de la administración y “este es su legado”. González entiende que Rubio se está jugando su lugar en la historia política de Estados Unidos y en la historia del exilio cubano.
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de EU en enero cambió el cálculo de todas las dictaduras del hemisferio. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de EU sostuvo que la operación que sacó a Maduro de Venezuela para llevarlo ante la justicia de EU desafió la idea de que Washington ya no tenía voluntad de usar presión externa en América Latina. Para Rubio, Cuba no es un caso aislado, es el segundo gran capítulo de una doctrina: Venezuela primero, Cuba después. Cárteles y adversarios extranjeros como parte de la misma agenda de seguridad.
Esta postura le sirve electoralmente porque le permite hablarle a varios públicos a la vez. A los cubanoamericanos les ofrece justicia contra el castrismo. A los venezolanos y nicaragüenses les ofrece una política dura contra dictaduras. A los republicanos de seguridad nacional les ofrece presión contra China, Rusia e Irán en el Caribe. A la base trumpista le ofrece fuerza. A los donantes les ofrece un candidato con experiencia internacional y una victoria posible.
La congresista federal estadounidense María Elvira Salazar aseguró que muy pronto “los cubanos verán libertad, democracia y una economía de libre mercado”. El senador Rick Scott, citado por Semafor, dijo que no creía que la administración tuviera que usar la fuerza militar, pero añadió: “No creo que se quite ninguna opción de la mesa”.
Los demócratas están ayudando, sin querer. Al denunciar a Rubio y a halcones de Cuba como impulsores de una posible intervención, lo colocan en el centro de la disputa. Chris Murphy, senador demócrata y miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo que existe “un grupo de halcones de Cuba” que siempre ha querido una invasión y que puede intentar aprovecharse de Trump.
William LeoGrande, profesor de American University, advirtió que el principal instrumento de coerción de Trump es económico, pero que la amenaza militar sigue “en el fondo”. Christopher Hernandez-Roy, del Center for Strategic and International Studies, dijo a CBS News que el “manejo del régimen” es la única opción realista y que Cuba es más difícil que Venezuela por ser una estructura de poder con casi 70 años de experiencia represiva.
La ruta presidencial de Rubio hacia 2028 busca una imagen simple: “A un Rubio junto a Trump, no detrás de Trump”, dice Castellano. “Vance representa la continuidad interna del trumpismo. Rubio puede representar la expansión externa del trumpismo, respecto a sus temas favoritos: frontera, Caribe, China, Rusia, Venezuela, Cuba, narcotráfico y seguridad nacional como una sola agenda”, concluye el analista.
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